Cuando los mortales se hacen famosos, por diferentes causas, a muchos les brinca la tentación de trascender, hay quienes quieren ser mencionados o recordados por su riqueza, hay quienes, por su pericia o excelencia en los deportes, hay quienes, por su dominio con el sexo opuesto, pero muchos de ellos, acaban por ambicionar hacerlo por la sabiduría.
El zorrillo de moda, Noroña, cada vez que tiene oportunidad, presume de libros comprados en otras ciudades del mundo, de sus viajes, pagados por viáticos, y ladinamente, acude al argumento capitalista de tener el derecho a “gastar su dinero” “en lo que le plazca”, con la pertinente corrección, los viajes y lujos, mayormente los ha pagado con dinero del erario, (no solo él, la mayoría de los legisladores portan tarjetas de crédito que paga el Congreso, y no tienen limite, por ejemplo la mofletuda pelirroja Layda Sansores, hace tiempo fue exhibida, por gastar cientos de miles de pesos en chingaderitas en tiendas de lujo en CDMX).
Antes de traer mucho dinero ajeno, Noroña pudiera haber sido comparado con Diógenes, filosofo griego, fanático de la miseria, la austeridad extrema, tenía unas cuantas cosas, vivía en un barril, defecaba, orinaba y se masturbaba en la vía publica, “cínico” (que, en el griego de esa época, significaba perro) fue le calificativo que le otorgaban, y el de inmediato adoptó como seudónimo.
Una vez que Alejandro Magno, impresionado con su filosofía, le ofreció “lo que desees”, el filosofo contestó: mi deseo es que te quites de ahí, porque me tapas la luz”.
Claro, nadie en su sano juicio, hubiera esperado que Noroña, un patán, expandillero, revoltoso, fuera congruente con la filosofía de la austeridad, quien prefirió exhibirse como acomodado cortesano.
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