“No estemos pensando en forma egoísta, en forma individualista, ¿qué voy a hacer…? Imagínense lo que hacían quienes lucharon en otros tiempos por la libertad, por la justicia, por la democracia, por la soberanía: ¿qué estaban esperando?, ¿que tuvieran sus computadoras para luchar, para transformar?”
Andrés Manuel López Obrador, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, al hablar de la reducción del número de computadoras en la Secretaría de Economía debido a la austeridad republicana.
¿Es una broma, verdad? Seguramente nunca lo dijo. Debe de ser un infundio más inventado por los conservadores, los fifís, la mafia del poder –que ahora anda en Washington, por cierto–, los liberales, los periodistas chayoteros y demás fauna furiosa por la pérdida de los privilegios que gozaban. Pero ahora sí se pasaron de la raya al poner en boca de López Obrador semejante barbaridad.
Sí, es cierto, alguna vez sufrió un patinazo mental al decir que México tenía hasta universidades hace 10 mil años, mientras los bisontes pastaban en los llanos de lo que hoy es la Quinta Avenida de Nueva York. Cualquiera comete errores. Más, alguien que habla y habla ante los micrófonos al menos dos horas diarias en las conferencias mañaneras.
No es posible que el jefe del Ejecutivo Nacional haya superado las marcas dejadas por algunos de sus antecesores, como Enrique Peña Nieto con aquello de que “Estamos como a un minuto de aterrizar… no, menos, como a cinco”. O incluso Luis Echeverría Álvarez, a quien se le atribuye la críptica frase: “Ni nos beneficia ni nos perjudica, sino todo lo contrario”.
Esas expresiones habían sido merecidamente consagradas en el libro de récords de la Presidencia de la República. Ahora los enemigos de la 4T y de su creador nos quieren hacer creer que este superó esas al parecer imbatibles plusmarcas presidenciales. No puede ser. ¿Cómo van a creer que el tabasqueño sea capaz de comparar a un burócrata de la Secretaría de Economía con José María Morelos y Pavón o Vicente Guerrero, que lucharon por la independencia privados del uso del Facebook, el WhatsApp o el Twitter?
Insisto: me niego a creerlo. Acudid en mi auxilio Epigmenio Ibarra, John M. Ackerman y Gibrán Ramírez. Ustedes, siempre tan imparciales, que jamás se prestarían a ser voceros de López Obrador, despejen esta terrible duda que me acongoja. ¿Es mentira, verdad? Nadie con dos dedos de frente, como nos decía la profesora Amador en tercer año de primaria, se atreve a establecer comparaciones entre un empleado federal del 2020 con don Melchor Ocampo o Ignacio Ramírez, quienes se veían en la necesidad de escribir a mano cartas, en lugar de comunicarse mediante una videoconferencia.
¿Acaso no me escuchan Ackerman, Ibarra y Gibrán? ¿Por qué tan callados, ustedes, siempre tan entusiastas a la hora de ondear la bandera lopezobradorista y salir en defensa de su amado líder? ¿Acaso debo dirigirme a Rafael Barajas, “El Fisgón”, para encontrar el desmentido del cual estoy urgido?
Me niego a creer que el Presidente haya sido capaz de minimizar la utilidad de las computadoras, gracias a las cuales millones de niños y jóvenes mexicanos pudieron continuar en línea sus clases durante la larguísima cuarentena impuesta por la pandemia.
Silencio, me rindo. No habiendo quién desmienta la noticia, me temo que el Presidente sí dijo lo que dicen que dijo, y ahora un servidor no sabe si reír, llorar o estornudar. Ni modo, aquí nos tocó vivir.
Más sobre esta sección Más en Coahuila