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No mentir

Por Juan Latapí

Hace 4 años

Hablar con la verdad se ha vuelto una práctica cada vez menos común y por el contrario nos hemos acostumbrado a ver la mentira como algo normal.

Y aunque uno de los mandamientos del actual gobierno es el de “No mentir”, tal parece que se olvida que la mentira política siempre ha existido en todos los sistemas y en todos los países.

A final de cuentas el político miente como todos podemos mentir, sin embargo, la mentira política suele tener efectos más devastadores porque se miente a toda una sociedad ocasionando desconfianza, distanciamiento y encono. Un mentiroso en política ocasiona un daño grave y al negar la evidencia deja de tener credibilidad y a final de cuentas pierde votos, aunque sea paulatinamente y a largo plazo.

La mentira política no se improvisa, se calcula, se cultiva, se destila y se sopesa.

La mentira tiene sus reglas, es un arte sabio, útil y bello. La política y la mentira suelen ser buenas compañeras, sin embargo los políticos de ahora mienten cada vez con mayor torpeza. Hace falta que alguien los ponga a leer las recomendaciones que aparecen en el libro “El arte de la mentira política”, publicado hace más de 300 años, por Jonathan Swift –el mismo autor de Los viajes de Gulliver- en el que claramente dice que el mentir bien a los ciudadanos no es cosa que se improvise, es un arte con todas sus reglas.

La mentira y la política acostumbran caminar juntas, son compañeras de viaje y no se estorban. Hay que saber mentir bien y conseguir que haya siempre un punto de verdad que esconda la mentira.

Se miente y se habla sin mesura a pesar de las evidencias. La política es como cierto tipo de medios de comunicación en el que lo que se dice hoy se puede corregir en la edición de mañana, y si la mentira y la calumnia no se pueden disimular, entonces se publica una fe de erratas, aquí no ha pasado nada y asunto olvidado.

Poner un límite a la mentira política es impostergable y una forma de lograrlo es contrastarla con la realidad, diferenciando entre el decir y el quehacer, sin fanatismos, privilegiando la razón sobre la pasión. No es fácil pero tampoco es imposible.

Cabe recordar que una de las personas que con mayor eficacia se dedicó a combatir la mentira política fue Abraham Lincoln quien no se refirió a los límites morales sino de lo que puede ser desmentido por la realidad.

Su célebre frase sobre la mentira política aún resuena en los gobiernos de todo el mundo: “Es posible engañar a unos pocos todo el tiempo; es posible engañar a todos un tiempo, pero no es posible engañar a todos todo el tiempo”.

Nuestra época con toda su tecnología se ha ido convirtiendo en el siglo de oro de la mentira política pero también del desenmascaramiento y del debate de la misma. Al final de su obra Swift sentencia que la verdad, aunque veces tarde, termina prevaleciendo, a pesar de que “la falsedad vuela mientras la verdad se arrastra tras ella”.

Por lo pronto a diario vemos el raudal de mentiras, en todos los niveles de gobierno, en las campañas a favor o en contra del gobierno, en las actividades electorales anticipadas, pero principalmente en las redes sociales, donde no molesta lo duro ni lo tupido, sino lo burdo de las mentiras.

A veces parece que vamos navegando a ciegas en un enfurecido océano de falsedades, con viles mentiras carentes de ingenio que van desde la descalificación hasta la calumnia para desembocar en el insulto.

Y todo por conservar o alcanzar el poder a toda costa sin importar lo que le pase al país, al cabo no pasa nada. Tal parece que eso de “No mentir” es letra muerta en el mundo de la política.

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