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Coahuila

No sirvo vs. No sirve

Por Jorge A. Meléndez

Hace 6 años

Parte de la fenomenal charla de TED de Adam Grant, Los 3 Signos de un Original, que te recomiendo veas en nuestros sitios. Sabiduría pura: un pequeñísimo cambio de actitud puede ser la diferencia entre triunfar y desarrollarse… o fracasar y atascarse.

El profesor de Wharton señala que la duda constructiva es uno de los 3 signos de las personas realmente originales (de hecho, así se titula su libro: Originals, está en Amazon en inglés).

Esos líderes que revolucionan industrias (Bezos, Gates, Jobs) o transforman la cultura (Da Vinci, Mozart). Al pensar en este tipo de genios uno se imagina que tienen una confianza a prueba de balas.

Pues no.

La gran diferencia es cómo estos “originales” dirigen y canalizan sus dudas, su falta de confianza. Bien lo dice Grant: “Cuando algo no sale bien, en lugar de decir no valgo madre, piensan: los primeros intentos nunca valen madre”.

Y luego siguen intentando, ponen manos a la obra. Ajustan y buscan una mejor opción. No se rinden. ¿Cómo lo logran? Quizá, en parte, por el marco mental que adoptan, como sugiere el trabajo de Carol Dweck.

La profesora de sicología de Stanford realizó diversos experimentos para verificar cómo los marcos mentales de las personas influyen en las consecuencias de un rechazo sentimental (algo muy doloroso).

Dweck asegura que, en general, hay dos tipos de marcos: fijos y de crecimiento.

Los del primer grupo creen que los rasgos de personalidad son inamovibles y, por lo tanto, se juzgan a sí mismos y a lo que les pasa como evidencia de lo que son y lo que pueden lograr. El segundo grupo tiene actitudes muuuy distintas.

“Ven lo que les sucede no como prueba de lo que son, sino como evidencia de lo que necesitan cambiar para mejorar y superar así retos futuros”, explica Dweck en el Harvard Business Review (HBR).

De alguna forma, las actitudes que mencionan Grant y Dweck se asocian al optimismo. Pero, ojo, a uno basado en la razón. Porque para superar un mal inicio (o un rechazo) hay que tomar acciones. Hay que analizar, jerarquizar y ejecutar. De otra forma el optimista se atora.

“Visualizar un éxito sin esfuerzo (un consejo típico de motivadores) es desastroso. Es una receta para fallar”, señala Heidi Grant en otro artículo del HBR.

La autora del libro Éxito: Cómo Llegar a Nuestras Metas, reseña los experimentos del sicólogo Albert Bandura, que probaron que el optimismo (el creer se tendrá éxito) es el mejor predictor del éxito.

“Sin embargo, hay un gran asegún: una cosa es creer que se tendrá éxito y otra muy distinta pensar que llegará fácilmente”, explica Grant.

La sicóloga identifica dos tipos de optimistas: realistas y no realistas. Llamémosles soñadores. Los realistas saben que el éxito llega sólo con esfuerzo, planeación, persistencia y estrategias correctas. Los soñadores creen que el éxito llegará sin importar lo que hagan.

Considere los experimentos de la sicóloga Gabriele Oettingen con mujeres obesas. Comprobó el valor del optimismo: las que tenían confianza en su éxito perdieron 12 kilos más que el resto. Pero las que tenían confianza y creían que perder sería fácil, de hecho, perdieron 6 kilos menos que las que aceptaron que el reto era muy duro.

Grant propone entonces cultivar un optimismo realista con una actitud positiva y un diagnóstico honesto de los retos.

¡Exacto! La introspección siempre es importante al enfrentar cualquier tarea o proyecto. La clave es que no sea destructiva. De otra forma, un “no sirvo” se convierte en una profecía que se autocumple, ¿no crees?

Grandes conceptos que espero te vengan bien ahora que inicia un año que ojalá esté lleno de optimismo y logros.

En pocas palabras…

“El optimismo no contempla hechos, sino prospectos”.

Norman Cousins, autor estadunidense.

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