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No somos iguales

Por Guadalupe Loaeza

Hace 4 años

¿Qué querrá decir, exactamente, Andrés Manuel López Obrador, cuando repite una y otra vez, su recurrente frase: “no somos iguales”? Hace ya tiempo que la utiliza, bajo cualquier pretexto, especialmente en las mañaneras. A veces el tono que utiliza al decirla parece amenazante. El 27 de septiembre del 2019, les dijo a los integrantes del INE: “Voy a enviarles un escrito hoy para contestar sus dudas y ejercer mi derecho a la defensa. Lo único que es voy a decir es vámonos respetando, no somos iguales, que no me confundan porque eso sí calienta”. Aquí la frase suena como una amenaza de cantina expresada por un machín ya con copas. En cada uno de sus spots para el Cuarto Informe de su Gobierno insistió con su argumento: “No somos iguales”.

Su repetitivo y desafiante dicho puede tener varias connotaciones, algunas de ellas no tan favorables para quien lo dice: “tú y yo no somos iguales”, por lo tanto, AMLO se asume como superior: “yo soy puro, no soy corrupto, no me aprovecho de los demás, soy incapaz de mentir, no me interesan los bienes materiales, en otras palabras, soy incorruptible e irrepetible”. Antes, cuando se decía: “no somos iguales” era una expresión peyorativa, que quería decir no solo que quien la dice es superior, sino que a quien se le dice es inferior. En un país en donde existe tanto racismo y clasismo, resulta un insulto. “No somos iguales, porque soy güerita, porque vivo en mejor código postal y porque sé cómo gastar mi dinero”. “No somos iguales, porque yo sí he viajado, porque fui a una escuela privada y porque hablo idiomas”. Eso era el significado de la frase en cuestión. López Obrador, sin embargo, la utiliza como una especie de argumento a su favor, es decir, que los que no piensan como él, son traidores a la patria.

En las películas mexicanas de los años 40 y 50, en las cuales se maneja, subliminalmente, la lucha de clases, esta frase es muy utilizada, por ejemplo, en Ustedes los ricos, dirigida por Ismael Rodríguez, la segunda parte de la trilogía: Nosotros los pobres y Pepe El Toro, Mimi Derba, “la millonaria”, le dice a Chachita, la niña pobre “ustedes y nosotros no somos iguales”, como diciendo, no se confundan nosotros los ricos pertenecemos a otra clase, a otra educación y a otro mundo. El mismo argumento de ricos contra los pobres, de buenos y humildes, pero con sentimientos, se repite en el México de entonces. Por lo visto, López Obrador fue muy marcado por este tipo de películas, pero invirtiendo los papeles, él es el bueno, solidario con el pueblo y los otros, todos los demás, no están a su altura moral.

No hay duda que el propósito de López Obrador es dividir aún más a la sociedad y aumentar el resentimiento de clase. Nosotros los pobres contra ustedes los ricos. Nosotros los buenos y justos y ustedes, los vende patrias. Y yo el líder supremo que acabará con esa injusticia.

López Obrador no se da cuenta que su dichosa oración, poco a poco, se le ha revertido; ahora los tuiteros le responden: “No, no son iguales, son peores2. No hay duda que sus frases comienzan a desgastarse, a sonar cada vez más huecas y más ridículas, como por ejemplo: “Yo tengo un escudo, ya ven que dije ya pasamos de la austeridad republicana a la fase superior, que es ‘la pobreza franciscana’ y ahora ese es el tema. Bueno, ahora voy a decir otra cosa: mi escudo protector es mi autoridad moral, es mi honestidad, y mi ángel de la guarda es el pueblo, ante críticas”. Como todas las noches, dice AMLO dormir con la conciencia tranquila, él no se siente igual a nadie, él es el perfecto ejemplo de humildad, cuya trayectoria política es intachable y pura como una azucena blanca. “Yo traigo un ángel de la guarda, o sea, los que se juntan con el diablo, les va mal”, aseguró el Mandatario.

Es verdad, los de la 4T son todos iguales; iguales por su soberbia y por su falta de autocrítica, pero sobre todo, por su ceguera. Todos están como narcotizados. Imposible dialogar con cualquiera de ellos, imposible hacerles algún comentario desfavorable sobre López Obrador. E imposible hablar del evidente deterioro de su partido.

En efecto, afortunadamente, no somos iguales.

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