Prohibido aburrirse porque es la condición más cercana a la muerte, es la consigna de la poeta canadiense Anne Carson. Prohibido cruzarse de brazos ante la adversidad de la vida y prohibido quejarse frente a los padecimientos más terribles, como puede ser el mal de Parkinson que le diagnosticaron hace unos años: “un síntoma especialmente mortificante para mí que fue mi caligrafía se desintegró”. Anne Carson ya no puede escribir su poesía a mano porque ahora “los trazos rectos se doblan o se rompen o van en todas las direcciones”.
Las vocales que antes le salían muy bien, muy legibles, ahora parecen como manchas, han perdido su ángulo suave inteligente y termina por borrar, aunque no quiera, párrafos enteros, “por vergüenza”. Me temo que también le dio vergüenza cuando le llamaron por teléfono de Estocolmo a Anne Carson de 76 años, para anunciarle el 8 de octubre que había ganado el Nobel de Literatura por su “obra audaz e inventiva, que en un diálogo lúdico con la tradición clásica ha creado nuevas formas para la literatura contemporánea”. Esa mañana Anne estaba muy quitada de la pena “escuchando el viento”.
Distraída como se encontraba en su habitación en un viaje a Islandia, país del que es ciudadana, abrió su diario: “Me despierto muy temprano, veo la noticia (del Nobel), y no pegué el grito para no despertar a mis vecinos pero sí levante los brazos en alto. Me dio un enorme gusto” (Reforma). Hay que decir que Anne tiene los brazos muy musculosos porque los neurólogos le han recomendado que practique el box, para generar nuevas neuronas y sustituir a las perdidas.
“Voy a una clase de boxeo tres veces por semana. Todos los alumnos de la clase tienen mal de Parkinson en diversos grados de deterioro”. Anne, que siempre está alerta de las instrucciones de su instructor, de pronto lo escucha gritar: “¡que por mucho que me esfuerce, no gano!”. No ganará como dice la poeta, pero el boxeo le ayuda a poner más atención al caminar, escribir y lavarse solita los dientes. Eso sí, ya no puede escribir en los pequeños cuadernos como acostumbraba a hacer, día tras día y año con año.
Para Anne nada ha sido fácil. Tuvo una infancia nómada. Su padre era banquero y la familia se mudaba de un pueblo a otro de Ontario. De allí que con muchas dificultades seguía sus cursos en la Universidad de Toronto, terminó su tesis doctoral, la cual fue la semilla de “Eros the Bittersweet”. Para entonces ya había leído a “Safo”. Cuando tenía 15 años un día entró a la librería de Ontario y frente a ella una edición bilingüe –inglés y griego– de sus poemas, fue amor a primera vista.
En 1981, Anne escribió su tesis doctoral, “Safo. Odio y amo, luego existo”, del que habla constantemente. Ahora la académica se gana la vida enseñando el griego antiguo. En el 2001 se divorció, separación en la que escribió: “La belleza del marido. Un ensayo narrativo en 29 tangos”. Que le valió ser la primera mujer en recibir el prestigioso T.S. Eliot Prize. Desafortunadamente a su padre le vino demencia senil y ahora está en un asilo.
Una pérdida de la cual aún no se ha recuperado es la muerte de su único hermano. Michael huyó de Canadá a fines de los 70 para evitar cargos por drogas. Vivió 22 años en Europa con nombre falso y prácticamente no tenía contacto con su hermana Anne. Michael murió en Copenhague en el 2000 y Anne se enteró mucho tiempo después, gracias a su viuda. De ese duelo nació “Nox”, un libro en forma de caja plegado en acordeón con cartas y fotos y una traducción de Catulo.
Anne no está sola, tiene a su pareja y colaborador, el artista Robert Currie, con quien crea performances y obras a cuatro manos. Tiene además un ejército de lectores que la siguen desde hace años. Asiste a conferencias, entrevistas y presentaciones de sus libros. Lo que me llama mucho la atención de Anne es su forma de vestirse, siempre con sacos muy masculinos y su corbata de nudo ancho y un poco démodé.
Desde que Anne Carson era adolescente le gustaba disfrazarse, tipo como se vestía Oscar Wilde, con abrigos largos y chalecos de terciopelo. En una entrevista en The Paris Review de 2004, habló de cómo su identidad de género ha fluctuado a lo largo de su vida y del que nunca se ha sentido del todo mujer. En su ensayo “The Gender of Sound”, analiza cómo la cultura patriarcal “le pone una puerta a la boca femenina”. Para entender mejor la personalidad de Anne, hay que leer “Autobiografía en rojo”.
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