Que tal amigas y amigos:
Que tengan un bello domingo familiar lleno de alegrías plenas.
El tema de hoy me encanta, pues es parte de una creencia que he ido adoptando con el paso de los años, de las experiencias de mi vida, de las lecturas, de las personas que han estado en mi vida, de los trabajos, estudios, todo suma, todo enriquece, sin duda, vas haciéndote de tu propia filosofía de vida, vas tratando de ser libre en todos los sentidos, de vivir esta experiencia terrenal, recordando que somos espíritu, que somos almas que habitamos en este cuerpo físico.
Ciertamente la educación y las creencias nos las inculcan nuestros padres en nuestros primeros años, y vamos imitando, lo que vemos, haciendo nuestras creencias las suyas, pero cuando vamos creciendo, vamos estudiando más y más sobre lo que nos interesa o tenemos dudas, y cuestionando lo que nos han enseñado, en los colegios, escuelas, universidades, talleres etc. Con el paso de los años vamos creciendo y desarrollándonos en todos los aspectos de la vida. Algunos somos conscientes otros no, del día a día, algunos van en automático viviendo como robots y no se han dado ni cuenta. Otros tal vez después de un encuentro con la muerte, nos hacemos más conscientes de la vida, y empezamos a disfrutar conscientemente al despertar de ese letargo.
Les comparto esta filosofía de pensamiento , algunos estarán de acuerdo, otros no, y otros empezaran a investigar porque tal vez les hizo clik:
Dicen que antes de nacer, cuando decidimos venir a la Tierra a vivir la experiencia humana realizamos pactos entre conciencias amigas, colegas en la tarea de la evolución.
Cada uno selecciona las experiencias que desea vivir en esta encarnación. Tal vez aprender a través del desapego, de la soledad, de la observación, del estudio, el liderazgo, la pobreza. Explorar las relaciones, vivir la discapacidad, nacer en países o situaciones complejos, experimentar la humildad de dejarse cuidar, o de cuidar de otros… vivir el reto de la riqueza material aplicando criterios éticos.
Cómo se eligen las materias para matricularse en la universidad, se concretan las misiones, las interrelaciones, cada cual recibe su papel … y nacen.
¡Hay que ser valientes para venir a la Tierra sabiendo que venimos con todo olvidado, sin cartas marcadas!
Algunas de estas almas se encontrarán desde su nacimiento; son los hermanos, la familia, esa gente tan próxima y que a veces nos hace daño y nos resulta tan ajena. A otros les corresponde ser compañeros de colegio, vecinos, mejores amigos, primeros amores, amigos en la universidad o en el trabajo.
Otros nos encontraremos ya adultos, ” por casualidad” aunque detrás de cada casualidad se teje un plan que no percibimos, aunque sea en las redes sociales. Con algunos apenas nos rozaremos: El médico que nos atiende en un accidente, el desconocido que nos ayuda en una situación difícil, el vecino insolente y ruidoso que nos hace ensayar la paciencia o el asertividad, que nos lleva al límite.
Nada es casual en ninguna vida. Hay libre albedrío. Nos hemos repartido los papeles, pero no hay guión.
Improvisamos. Cada uno crea sus propios diálogos y acciones, aprende las lecciones, toma iniciativas y asume responsabilidades y aprendizajes. Tal vez merezca la pena pensar ¿Por qué ese jefe o compañero exigente, crítico y perfeccionista?
¿Esas parejas sucesivas aprovechadas o abusadoras? ¿Y si lo que debes hacer es renunciar a trabajar en esa empresa y entrenar la iniciativa y el desapego?
Difícil saber lo que venimos a resolver con cada persona… pero el alma lo sabe. Y nos susurra mensajes mediante la intuición. Esa intuición que tantos ignoramos.
No recordamos. Solo a veces intuimos un acuerdo para permanecer en grupo. Cada uno interviene en su propio desarrollo y en el de los demás.
En cada encarnación, cada vez que nos metemos en este uniforme de carne que es el cuerpo humano, venimos a agregar conocimientos a nuestra conciencia. Cada experiencia es personal, no comparable a la de nadie.
Algunas nos nutren, nos acarician y serenan. Todas nos enseñan. Todo es perfecto como lo es, como lo ha sido, vivamos en conciencia, disfrutemos al máximo cada respiro de vida, cada canto de pajaritos, esa brisa cálida que es una caricia de Dios, o porque no de alguien amado que se adelantó en el camino, y vino a visitarnos.
Reconocerás a estas personas en el transcurso de tu camino, míralas directamente al alma y diles: “Te reconozco. Gracias por respetar el trato”. NOS VEMOS EN LA TIERRA.
Les dejo un abrazo lleno de luz y paz. Hasta la próxima, su amiga Verónica, Diosito por delante.
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