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Coahuila

Nos vemos en las urnas

Por Iván Jiménez

Hace 3 años

Los días que me encuentro en la ciudad trabajando desde la oficina, suelo aprovechar el horario de comida para saborear el sazón de mi jefita en casa de mis papás en lo que hasta hace pocos años seguía siendo el sur de Saltillo.          Además de platicar con los jefes y a veces saludar a mis sobrinos, aprovecho ese tiempecito para ver los noticieros locales y nacionales.

Nunca está de más ver quién compró la nota o enojarme por la sarta de mentiras que se disfrazan de opinión, pero el viernes recibí un ligero regaño de mi madre ante el combo de maldiciones que solté cuando vi en un noticiario que Ricardo Mejía anunció su candidatura por el Partido del Trabajo.

Hace pocas semanas, cuando se anunciaron los resultados de las encuestas para elegir al representante de Morena, el dato más importante no fue la popularidad de los aspirantes a candidatos, sino la intención del voto por partido.     Por fin, en Coahuila, un movimiento con una propuesta distinta al tricolor tiene la oportunidad de ganarle al tráfico de influencias que ha gobernado, dejándole herederos y “gerentitos” a nuestro estado; sin embargo, esa victoria solo es posible desde la unidad y la movilización.

Insisto que en los 38 municipios he conocido a simpatizantes del entonces subsecretario de Seguridad Mejía Berdeja, excelentes personas comprometidas con un cambio, verdaderos promotores del voto y seguramente defensores de casilla ante las tranzas de los contrincantes que ya memorizamos.

A todos les dije con temor de ser juzgado que necesitábamos esperar los resultados y que el método de encuestas no facilitaba las cosas para el que percibimos como el favorito del Presidente.

¿Acaso Ricardo no tenía acceso a información? ¿Cuántas encuestas serias realizó? ¿No conocía la distancia entre él y Guadiana? ¿Por qué no renunció desde que promovió la consulta de Revocación de Mandato? ¿Por qué eligió dividir sus prioridades en vez de venir a operar todos los días a Coahuila?

Hubiera sido un buen candidato, hubiera dado una gran batalla, pero desde un principio aceptó las reglas del juego, y esas reglas implican llamar a la unidad una vez concluido el proceso de selección.

Aún con un panorama poco menos esperanzador respecto a la elección de Gobernador, puedo afirmar que prefiero el debate y las contradicciones generadas entre los simpatizantes de Morena que los espectáculos de falsa unidad del PRI en Coahuila.

Sus “lidercitos” sonríen para la foto como si hace meses no hubieran buscado la manera de arrimarse con Mejía Berdeja.

Que bueno que mi mamá no escuchó las maldiciones que le dediqué a Esther Quintana cuando le levantó la mano a Manolo Jiménez, la panista que en 2018 promovía los contrapesos, pero cuando fue diputada federal votó a favor de todas las reformas del Pacto por México de Peña Nieto.

Les digo: siempre han sido la misma basura, pero por fin se quitaron las máscaras. Es mejor reconciliarse entre personas honestas que rodearse de mentirosos, rateros o traidores

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