“Para ellos, las personas son pasivas a recibir el mundo. Sólo cabe a la educación a apaciguarlas más aún y adaptarlas al mundo. Para la concepción ‘bancaria’, cuanto más adaptadas estén las personas tanto más educadas serán”. P. Freire.
El cambio de modelos tecnológicos y de comunicaciones se modifica diario, pero la escuela está igual que en el siglo 19; todos, sentados derechos, mirando en silencio, incómodo hacia el frente al docente, los mesa bancos son prácticamente los mismos y el espacio rectangular lo mismo. Podrán decir que la escuela sí evoluciona que mientras nuestros abuelos llevaban un pequeño pizarrón y gises, nosotros ya llevamos cuadernos, y hoy los niños llevan tabletas electrónicas. La escuela no cambia porque las relaciones educativas son reflejo de las relaciones sociales y el propósito de la escuela como parte de la superestructura.
Althusser, en su obra Ideología y aparatos ideológicos del Estado describe a la educación como aparato ideológico del Estado, que no sólo produce las relaciones de producción capitalistas, sino que también las legítima. Para él, la escuela educa a los alumnos a aceptar la jerarquía que van a ocupar en la sociedad, a respetar como autoridades a sus opresores sin cuestionarlos. La escuela no evoluciona, porque a propósito condiciona la próxima generación de obreros obedientes.
En el capítulo 5 del tomo uno de El Capital, Marx expone la estructura básica del proceso del trabajo donde a través del concepto de praxis se explica el proceso de producción capitalista, con la crítica de la cultura y el modo de vida social moderno y cuestiona la subordinación de la praxis educativa.
Gramsci dice que la escuela transmite ideología y ejerce una función política, pero también ofrece la posibilidad de ampliar la perspectiva hacia los dispositivos de transformación social, a través de la posibilidad de la generación de nuevas y mejores condiciones de desarrollo humano, de igualdad y de respeto de los derechos a través de su ejercicio, de la humanidad que representan y del profundo sentido ético que lleva este descubrimiento.
Continuando con esta misma línea de pensamiento Freire nos dice que la realidad social objetiva es producto de la acción humana, y entonces las y los alumnos a través del ejercicio de los derechos pueden transformar la realidad como tarea. Y es que la opresión se vence con dosis diarias de dignidad humana tan a la mano como sombra imposible de apagar.
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