Fue el mayor desastre natural en la historia contemporánea de la capital
Se cumplen 40 años de aquel devastador terremoto de la Ciudad de México que dejó muertes y heridos, así como una gran parte de la metrópoli convertida en escombros, la telefonía interrumpida, así como la televisión y otros servicios, sólo algunas estaciones de radio funcionaron.
La mañana del 19 de diciembre de 1985 todo parecía en calma para la gente que habitaba la antigua capital azteca. A las 7:19 de esa mañana fue sacudida por un sismo de 8.1 en la escala de Richter, con duración de minuto y medio, tiempo suficiente para derribar o afectar más de 50 edificios, casas y escuelas en la Ciudad de México; fue el mayor desastre natural en la historia contemporánea de la capital.
Una joven familia, cuya madre era originaria de Saltillo, sufrió la amargura de este fenómeno meteorológico. Mariquina Mendoza Guerrero y su esposo, el doctor capitalino Adolfo Badillo, vivían junto a sus dos hijos pequeños: Adolfo, de 3 años, Ramón, un bebé de 1 año, fueron sorprendidos por el movimiento telúrico mientras dormían en uno de los departamentos del Edificio Nuevo León, de la Unidad Tlatelolco, que se derrumbó. El doctor Adolfo, Mariquina y el bebé de apenas un año, murieron en el acto y Adolfito fue dado como desaparecido.
Ella es parte de la familia formada por el pelotero saltillense Ramón Mendoza Dávila y doña Estelita Guerrero, quienes procrearon a varios hijos, entre ellos Ramón, quien, junto a uno de sus hermanos y su tío Felipe Mendoza Dávila, viajaron con la premura del tiempo a la Ciudad de México para colaborar en la búsqueda de Adolfito.
Pasaron 80 horas y el pequeño fue localizado ¡vivo y sin un rasguño!, en un pequeño socavón que Dios le construyó. Para Ramón Mendoza Guerrero este fue un real milagro, no hay otra explicación lógica; el niño pasó esas 80 horas bajo los escombros, aguantando hambre y frío cerca de una tubería rota del drenaje y como única cobija el pijama que Mariquina le había puesto antes de llevarlo a dormir, la noche anterior a la catástrofe.
Así, Adolfo logró sobrevivir. Actualmente de 43 años, vive en Saltillo y tiene su propia familia, prolongando los apellidos Badillo Mendoza de sus padres. Fue atendido desde su tierna infancia por su abuelita doña Estela Guerrero de Mendoza. Mariquina era una mujer muy estimada en Saltillo; trabajó para varias administraciones municipales, hasta que conoció al doctor Adolfo Badillo y se trasladaron a la Ciudad de México.
Más sobre esta sección Más en Coahuila