Briana Molina escribe un letrero a mano y lo cuelga afuera de la unidad móvil de pruebas Covid donde trabaja, en el norte de Manhattan. Cuatro días o más, dice. Abajo, pega otro papel y traza: viajar no es prioritario. Y luego, pone uno más: ya no tenemos pruebas rápidas.
Hace 38 minutos, la unidad comenzó a recolectar las muestras nasales para las pruebas de hoy. Cuando abrieron, unas 40 personas ya esperaban para que les tomasen muestras. Solo ahora pudo Molina actualizar los carteles de cuánto tardarán en llegar los resultados.
Cuatro días, o más.
Son las 11 de la mañana del día más corto del año. Hay una sensación térmica de -2 grados, faltan cuatro días para Navidad y han pasado dos años desde que se detectaron los primeros casos de Covid-19.
“Estoy agotada”, me dice Molina. Ha trabajado aquí durante meses, en una de las decenas de unidades móviles en Nueva York que hace pruebas PCR sin costo. En promedio, atendían aquí a unas 120 personas por turno, en los meses cuando la variante Delta colocó a Estados Unidos como el país con más muertes por Covid registradas del mundo. En la última semana, han atendido a unas 700 personas cada jornada.
En estos meses, casi nunca había fila afuera de la unidad y los empleados se entretenían mirando videos en sus celulares. En promedio, una de cada 100 pruebas resultaba positiva en el estado de Nueva York. Esta semana, 10 de cada 100 fueron positivas.
“Estamos haciendo una prueba cada un minuto y medio. Esto no es una ola, es una locura”, dice Molina.
Al terminar la jornada del 21 de diciembre, 22 mil 800 casos se confirmaron en el estado y casi 6 mil solo en la ciudad, la cifra más alta de toda la pandemia.
El 1 de diciembre, Estados Unidos anunció que habían detectado los primeros casos de Ómicron, una nueva variante de Covid, la más contagiosa hasta ahora, que antes apareció en Sudáfrica, Botsuana y Reino Unido. Los neoyorquinos vieron subir los casos en África, en Europa, antes de que Ómicron llegara hasta aquí. En estas semanas, muchos siguieron haciendo fiestas, apretándose en las barras de los clubes, comiendo estrudels de manzana en cafés con mesitas minúsculas, unas junto a otras, y ovacionando a músicos en clubes bajo tierra, donde el calor de la gente permite bailar en camiseta, aunque afuera esté nevando. No se prepararon para una cuarentena, no compraron enseres, ni tuvieron cuidados extras.
También en estas semanas, en otros sitios del mundo siguieron haciendo eventos multitudinarios, pisando tapetes con cloro, tomando la temperatura en el brazo, lavando los productos del supermercado y quitándose los cubrebocas en sitios cerrados, entre otros ejemplos de lo que no debemos hacer, porque no sirve o nos pone en peligro. Es como si no hubiéramos aprendido nada en dos años.
Los primeros estudios sobre Ómicron muestran síntomas que relacionamos con Covid y otros un poco distintos. Algunos contagiados han tenido dolor de garganta, de cabeza, tos, cansancio, flemas, diarrea. Muchos no han perdido el olfato ni el gusto, un síntoma común en estos años de pandemia. Más de uno piensa que solo tiene catarro y no vale la pena cancelar esa cena familiar, con amigos, esas vacaciones.
Es muy pronto para determinar un cuadro clínico, me dijeron varios expertos. Lo único claro hasta ahora es que Ómicron es más contagiosa y que las vacunas ayudan. En solo dos semanas Ómicron se convirtió en la variante con la que se contagiaron 7 de cada 10 personas en Estados Unidos. Los nuevos contagiados en Nueva York están en su mayoría vacunados, como casi todos en la ciudad, muchos con tercera dosis de Pfizer o Moderna. El hecho de que no se hayan agravado hasta ahora se debe, me dijeron los expertos, precisamente a las vacunas.
Mauricio González trabaja como especialista en medicina interna en la sala de urgencias del Metropolitan Hospital Center de Nueva York. Allí las hospitalizaciones no se han disparado. Cree que en otros sitios donde se han administrado otras vacunas y menos personas tienen esquemas completos y refuerzos, la historia puede ser distinta. “Debemos mantenernos tranquilos, pero estar muy alertas. Ante cualquier síntoma, lo mejor es pensar que es Covid y aislarse. Esta variante es muy muy contagiosa”
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