La contaminación ambiental es producida, en mayor medida, por la sobreexplotación de los recursos naturales en aras de incrementar la productividad y el capital, así como la maximización de los ingresos de las empresas y las materias primas e insumos, que se explotan sin considerar la posibilidad de su reuso, el cual, manejado en forma integral, puede compensar los perjuicios colaterales que causa en la atmósfera la economía unidireccional o del descarte.
Los ciclos de la naturaleza se han alterado, modificándose el equilibrio de los ecosistemas. Considerando al planeta como un sistema cerrado en el que sus procesos naturales son interdependientes, ha surgido la llamada economía circular, que es la antítesis de la economía convencional producto de la Revolución Industrial nacida en Inglaterra en el siglo 18. El planteamiento teórico que se hace de la misma es innovador e inspirador para un sector de la sociedad, pues coloca en el mismo nivel de exigencia a la voluntad y conducta del hombre como consumidor final o usuario “racional” y los requerimientos del proceso industrial en la fabricación de bienes y servicios.
Los ciclos biológicos sirven como modelo para aplicarlos en el ciclo circular no natural de productos y procesos, que se sustenta en dos principios: regeneración y restauración. El primero considera la reposición de los sistemas naturales, que indefectiblemente se alteran con el proceso productivo, a través de la transformación de los desechos en recursos. Un ejemplo muy doméstico es la construcción de la composta que se coloca en el jardín, para que resguarde alimentos que no se consumieron en la semana, los cuales al cabo del tiempo sufren alteraciones en su estructura bioquímica, dando origen a materia orgánica utilizable como abono o fertilizante para el desarrollo de vegetación. Se devuelve a la naturaleza lo que se extrajo de ella. Otro caso podría ser el de la milpa del labriego, que siembra junto a la planta de maíz otra especie vegetal que ahuyente a la fauna nociva o algún tipo de plaga que devaste la producción, y que al terminar su periodo de vida, como agente protector, se utiliza como abono para la siguiente cosecha.
El otro eje rector del modelo es la restauración, término que se usa desde la perspectiva ecológica para denotar tres dimensiones que pueden prolongar la vida de un producto, que eviten o al menos restrinjan el usarlo y tirarlo a la basura. 1) Reparación; 2) Reutilización, y 3) Remanufactura.
1) Reparación. Un producto que en épocas pasadas era susceptible de repararse para seguirse usando, era el calzado, pues a través de las manos del zapatero se lograba prescindir de la compra de un nuevo par. El abanico de artículos a repararse es amplio y diverso; siempre y cuando su costo no exceda el valor de un producto nuevo, económicamente se justifica su retorno al taller para su renovación.
2) Reutilización. La compra de automóviles de segunda o tercera mano es una práctica muy común en la cultura occidental, pues antes de terminar vendidos como chatarra o en el mercado de autopartes, se reutilizan por diferentes propietarios, dando por descontado que el valor del vehículo experimentará una depreciación paulatina en su precio de mercado al igual que en el desempeño de su funcionamiento. Es comprensible que no todos los bienes se pueden reutilizar, pero en la medida de lo posible la economía circular pretende ser una opción alcanzable para frenar el deterioro ambiental y el agotamiento de los recursos naturales.
3) Remanufactura. Cuando la reparación y la reutilización escapan al alargamiento de la vida útil de una mercancía, los seguidores de la economía circular proponen la remanufactura, que desde una óptica pragmática es probablemente la opción más compleja de implementar porque implica acuerdos con el sector privado para incorporar a sus líneas de producción artículos que requerirán solo algunas piezas o insumos nuevos, lo que puede poner en riesgo los históricos márgenes de beneficios obtenidos por los empresarios, así como la permanencia laboral de los operarios en su empleo al cambiar sus actividades regulares.
A manera de conclusión, para muchos la economía circular es una utopía o sueño romántico; no obstante, ante el desastre ecológico en que se vive o se sobrevive, vale la pena explorar rutas alternativas al modelo económico convencional, que impliquen una nueva cultura ecológica que no se aprende o imita en el corto plazo, sino en un lapso mayor, notoria en una o dos generaciones posteriores a la pandemia, en las cuales se pueda conseguir un acuerdo entre productores, ciudadanos y Gobierno para merecer un planeta más digno, que ofrezca una mejor calidad de vida a todos sus habitantes.
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