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Coahuila

Oposición posible

Por David Brondo

Hace 4 años

Por sí solos, los partidos de oposición de Coahuila no podrán ganar los procesos del 2023 frente a la arrolladora maquinaria del presidente López Obrador. Las circunstancias son claras: o van de la mano en un frente común o Morena sumará una gubernatura más. Esa es la realidad. No hay otra.

La construcción de un bloque opositor toma relevancia hoy por una razón estricta: las elecciones en Coahuila y el Estado de México son la última posibilidad de lanzar, antes de las elecciones presidenciales del 2024, un frente capaz de competir en los planos locales contra las fuerzas de la cuarta transformación.

Es decir, los comicios estatales son la última oportunidad de conocer los bemoles y los alcances reales de una alianza encaminada a dar la batalla al presidencialismo trasnochado de Palacio Nacional.

Se trata de un extraño experimento de resistencia para los coahuilenses: ¿PRI y PAN, enemigos acérrimos, juntos en una coalición? ¿Juntos con el PRD y otras fuerzas estatales? Sí, el creciente poder unipersonal, militarista, de López Obrador demanda nuevas formas del ejercicio de la política. El horno no está para bollos.

A diferencia de lo que ocurre en la escena nacional, PRI y PAN tienen figuras competitivas para dar la batalla en Coahuila. El priista Manolo Jiménez encabeza las encuestas de intención y el panista Guillermo Anaya aparece bien posicionado.

Ambos tienen experiencia electoral, política y administrativa. Jiménez ha sido Alcalde de Saltillo y actualmente funge como secretario de Inclusión y Desarrollo Social del Estado.

Anaya, a su vez, ha sido Alcalde de Torreón, diputado local, diputado federal y senador.
Los dos tienen cartel, el respaldo de sus partidos y buscan relevar a Miguel Riquelme en la gubernatura. No obstante, sus nombres y apellidos no les alcanzan para ganar la elección del 2023. Ni siquiera el apoyo de sus partidos es suficiente. Si quieren ganar, requieren de una alianza de las principales fuerzas de oposición: PRI, PAN, PRD y Movimiento Ciudadano.

Quizá requerirían el apoyo de otros partidos como la UDC. Aún así, nada garantizará el triunfo de la oposición. Esa es la realidad: la única manera de darle la batalla a Morena es a través de una unión opositora.

El objetivo a vencer

Manolo o Anaya no van a competir contra Morena ni contra Armando Guadiana, Ricardo Mejía o Luis Fernando Salazar. Van a competir contra López Obrador y su popularidad. La figura del Presidente —su verborrea, su estructura presupuestal y su enorme capacidad de operación— es el objetivo a vencer en Coahuila.

No se trata de triunfar sobre el candidato morenista a la gubernatura, sino de derrotar lo que simboliza el Presidente: el acoso a las instituciones, la militarización, las embestidas contra críticos y opositores, el autoritarismo, la intolerancia y el rechazo a las reglas democráticas. Se trata de imponer límites al poder unipersonal encarnado en López Obrador.

Construir un bloque opositor conlleva desafíos mayúsculos: romper paradigmas, sepultar orgullos, definir interlocutores válidos, establecer condiciones para el diálogo, construir acuerdos, puntualizar las reglas de la alianza y diseñar planes de gobierno.

¿Tendrán el PRI, el PAN y el PRD la capacidad para sentarse a una mesa de negociación para ver hacia el futuro? ¿Tendrán Manolo y Anaya la madurez para perder rasgos identitarios y asumir una agenda de compromisos comunes? ¿Habría manera de que otras fuerzas, como MC, participen en el bloque?

Integrar una alianza es más fácil decirlo que hacerlo. ¿Serán capaces los precandidatos de ceder proyectos e intereses personales, por más legítimos que sean, en aras de inaugurar nuevas formas de hacer política y de dar una batalla por las instituciones y el sistema democrático? Está por verse.

Unid@s en la oposición

En medio de la ruptura a nivel nacional de la coalición Va por México (PRI, PAN y PRD), seis organizaciones de la sociedad civil han lanzado el proyecto Unid@s para hacer un frente común de oposición rumbo a las elecciones del 2023 y 2024.

Se trata, quizá, de un llamado desesperado para tratar de frenar la erosión democrática y el acoso al orden institucional. Sin embargo, es una propuesta audaz que debe valorarse.
Una vez que las candidaturas independientes no terminan de cuajar, Coahuila podría ser el laboratorio del experimento opositor rumbo al 2024.

Un proyecto de este talante debería tener como punto de partida un examen autocrítico de la actuación del PRI, el PAN y el PRD en el pasado y, especialmente, de sus agravios a la sociedad. Las ofensas no son menores. También debería pasar por un cribado de líderes y personajes funestos. ¿Cómo pueden Alejandro Moreno y Rubén Moreira mantenerse al frente de la dirigencia nacional del PRI?

Para la oposición es hora de hacer un mea culpa, limpiarse la cara, buscar nuevas rutas, y hacerse de mejores cartas. Sumar a la ciudadanía y a líderes sociales acreditados será fundamental para dar la batalla.

Comer sapos

Depurar, conciliar intereses y avanzar en conjunto es difícil, pero no imposible. Queda claro que alianzas y coaliciones no se dan entre amigos ni compadres y muchas veces ni entre ideologías similares.

Los politólogos y académicos de Harvard Steven Levitsky y Daniel Ziblatt señalan que en regímenes autocráticos las coaliciones de ideologías afines son importantes, pero no bastan para defender la democracia.

“Las coaliciones más eficaces son aquellas que congregan a grupos con concepciones distintas, (incluso discordantes)”, escriben ambos autores. “No se construyen entre amigos, sino entre adversarios”.

Eso lo deben entender hoy partidos y candidatos en la oposición. En cualquier alianza es necesario dejar atrás diferendos y tratar de avanzar en acuerdos comunes. Cuando la democracia y la estabilidad están en juego, se requiere innovar, ceder y buscar nuevas formas de resistencia.

Levitsky y Ziblatt lo exponen así: “Debemos ampliar nuestros horizontes temporales, tragar saliva y hacer espinosas concesiones. Ello no implica en ningún caso abandonar las causas que defendemos, sino pasar por alto temporalmente discrepancias con el fin de hallar un terreno moral común”.

A pesar de sus enormes diferencias y disentimientos, políticos, candidatos y partidos de oposición seguramente tienen en Coahuila —y el Estado de México— puntos de coincidencia para avanzar en el 2023.

Veremos si están dispuestos a sacrificar proyectos personales por un fin superior: fortalecer la democracia. La autocracia presidencial, la pérdida de la normalidad política y el acoso a los institutos y organismos autónomos así lo ameritan. Vivimos días difíciles. Es la hora de tragar saliva, tragar sapos.

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