Internacional

Publicado el jueves, 26 de abril del 2012 a las 03:24
Italia.- La fiscalía de Roma dio luz verde a la transferencia y la apertura de la tumba de un criminal, enterrado en una iglesia romana, y sospechoso de haber secuestrado en 1983 a la hija de un empleado del Vaticano.
El 22 junio de 1983, Emanuela Orlandi, de 15 años, hija de un empleado de la Prefectura de la Casa Pontificia, desapareció al salir de una clase de música en Roma. Nunca fue encontrada.
Este misterio, que entremezcla crimen y sospechas de ajuste de cuentas en el Vaticano, conmocionó a Italia.
Las sospechas recayeron sobre uno de los jefes de la banda de la Magliana, que aterrorizó Italia en los años 1970 y 1980, Enrico de Pedis, muerto en 1990.
Por motivos inexplicables, la sepultura de este delincuente, sospechoso de mantener lazos con la mafia, la logia masónica P2 y sectores financieros del Vaticano, fue transferido ese mismo año a la basílica de San Apolinar, un privilegio raro.
Una mujer, Sabrina Minardi, amante del maleante en aquel entonces, afirmó que éste estaba implicado en el secuestro y el asesinato de la joven.
En septiembre de 2005, durante un programa de televisión dedicado a la búsqueda de personas desaparecidas, un hombre abogó por inspeccionar esta tumba.
La apertura e inspección de la tumba se hará “antes de final de mayo”, según los medios de comunicación italianos.
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