En la era romántica de la ciudad, esa que me tocó vivir vehementemente, había una modesta orquesta que por sencilla que fuera no dejaba de ser sobria, que llevaba el nombre de un famoso brandy elaborado con vid, producida aquí, y mano de obra saltillense.
Alternaba con las orquestas de moda en Saltillo, Lorenzo Hernández, Julio Arce, Tapia R., Yeverino y compañía, así como los grupos tan profesionales que venían de las ciudades de Monterrey, Torreón y la capital mexicana.
En la década de los años 60, en Saltillo era popular esa orquesta denominada Club 45, como el brandy con uvas de Viñedos el Álamo, y elaborado por la Compañía Vitivinícola de Saltillo, S.A., propiedad del exgobernador de Coahuila, Nazario Silvestre Ortiz Garza.
No sé si la empresa patrocinaba al conjunto musical, pero había equipos de beisbol en la liga central y en la otoñal, con el nombre de Club 45 que sí recibían el patrocinio de la vitivinícola.
En cuanto al equipo de beisbol Club 45, al retroceder la película del tiempo, recuerdo que era “un gran trabuco”, por los jugadores cubanos, reforzado con saltillenses y mexicanos que en él militaban. (El trabuco fue un arma de defensa y de asedio diseñada por los chinos hacia el siglo 6 de la era cristiana.
Su capacidad de destruir muros de castillos antes de la invención de las armas de fuego lo convirtieron en un arma temible).
Pero primero fue el equipo Saltillo en la Liga Central Mexicana, con cubanos como el mánager Agustín “El Pijini” Bejerano, Pedro “Charrascas” Ramírez, Silvio Meza, Conrado “Babalú” Pérez y Luis Saint Claire, por citar sólo a algunos. Por el lado mexicano y norteamericano Mauro “La bailarina” Ramírez, Andrés Morales, Julius Grant y los saltillenses Ramón Mendoza, Javier Olayo García, Héctor “Teto” Villalobos, “La Rata” Arauz, Carretas Pérez, y otros más.
En el equipo Club 45 de la Liga Otoñal Mexicana, habrían de figurar también los Mendoza: Ramón y Felipe y el resto de los saltillenses que militaron con Saltillo en la Liga Central Mexicana, como los hermanos Garay: Julio y Mario. Ahí también hizo sus pininos el gran Marcelo Juárez.
El escenario, el legendario y ya desaparecido estadio Saltillo, ¡de mis amores!, un campo de juego de terracería, que horas antes de cada partido irrigaba Albertano Monsiváis con el carro bomba de los bomberos de la Internacional Harvester.
En cuanto a la orquesta Club 45 en mi etapa de anunciador de bailes, la llegué a presentar ene de veces y bailé bajo su ritmo.
Recuerdo a Carlos Algaba su director y organista, a Carlos Guzmán que tocaba la batería, a Fernando Dávila en el acordeón y a González que tocaba el piano.
Era un grupo muy armónico y bajo su ritmo se bailaba muy bien. ¡Ah, qué tiempos aquel señor don Simón!
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