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Coahuila

Otilio ‘El Zurdo’ Galván

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 1 año

El mejor boxeador de la historia deportiva de Saltillo

Por estas fechas en un invierno de 1974 murió hace 50 años el atleta, originario del ejido Santa Fe de los Linderos del municipio de Saltillo, cuya familia se asentó en el barrio cuna de la ciudad el Ojo de Agua, Otilio “El Zurdo” Galván, quien no sólo representó a la capital coahuilense, sino a todo México al coronarse campeón gallo de Norteamérica, equivalente a cualquier cinturón de campeones mundiales de los muchos que ahora circulan en el boxeo profesional.

Desde niño, como única aspiración fue ser boxeador, inspirado en aquellos combates que simulaba entre el público infantil aquel famoso payaso enano “El Chorizo”, en las raídas carpas del circo Unión, que se instalaba año con año en la pequeña explanada donde ahora es el estacionamiento del Museo de las Aves, casi lindando con el barrio del Ojo de Agua, en cuya calle Hidalgo hacia el sur tenía su domicilio la familia Galván Rosales.

Por esa época, estamos hablando de los años 40 del siglo pasado, no había una persona adiestrada en el llamado arte de faustiana, el boxeo. Por azares del destino encontró en el abarrotero del barrio, Ramón de la Peña, a su improvisado mánager (manejador, entrenador y representante). La dupla hubo de tener encuentros en diferentes escenarios de México y Estados Unidos.

El primer combate lo tuvo el “Zurdo” Galván a los 13 años, contra mi tío Isidro Gaytán Villanueva, aspirante a boxeador de apodo “Kid Chilo”. Ganó el zurdito.

Fueron cuando menos tres décadas a las que Otilio Galván Rosales se dedicó al difícil  boxeo, hasta que en 1960 “cuelga los guantes”, pero el gusanillo de ese deporte no lo dejó nunca, recuerdo que en esta última década subió ahora sí por última vez a un ring en el gimnasio de la demolida Sociedad Mutualista y Recreativa Manuel Acuña, para enfrentarse a un joven y poderoso noqueador potosino de nombre Rodolfo Caballero, que era el verdugo de los boxeadores saltillenses y tamaulipecos que contrataba el empresario Ricardo Dávila de la Peña. Un zurdo Galván, con todo respeto en decadencia fuera de forma, con unos kilos de más, con poco entrenamiento, sucumbió ante el impetuoso potosino apenas en 4 rounds, no porque lo hubiera noqueado, sino porque Galván muy inteligente se dejó caer para evitar ser dañado por la potente pegada de Caballero.

Fueron 202 peleas contra mexicanos, filipinos, norteamericanos, cubanos y no sé de qué otra raza. Un récord impresionante jamás superado en la era moderna por un boxeador profesional, aunque en los anales del deporte en Estados Unidos sólo le reconocen 197 peleas. No tenemos el recuento de cuántas perdidas y cuántas ganadas, pero por la finura de su boxeo, su rostro quedó limpio de cualquier huella de los duros combates que sostuvo.

Ostentó el campeonato de los pesos Mosca de la República Mexicana y Gallo de Norteamérica.

¿Memorables?, fueron muchos, pero vamos a recordar dos, uno cuando le disputó el campeonato nacional gallo Raúl “El Ratón Macías”, ídolo de la afición mexicana, aquel primero de septiembre de 1953, en la Arena México de la capital del país, “llena hasta el tope”. En Saltillo se celebraba la fiesta pagana del Santo Cristo del Ojo de Agua. Niños y adultos estábamos al pendiente por la radio del famoso combate. La Decisión unánime se la dieron al “Ratón” Macías.

Algunos años después, invitado por el alcalde Óscar Pimentel González, vino a Saltillo Raúl Macías y tuve la opción de entrevistarlo y al soltarle la pregunta sobre su combate contra Otilio Galván, me dijo: “Una dura pelea, Galván era chaparrito, pero muy fuerte. Yo creo que sí me ganó, pero ya vemos cómo son las cosas”.

La otra fue contra el duro barretero del Estado de México, José “El Toluca” López, al cual noqueó y la gente se volvió loca, lo sacó en hombros como a los toreros desde el escenario del combate en la Plaza de Toros Fermín Espinoza, hasta la plaza Manuel Acuña.

Y podría hablar de muchas otras peleas que presencié, pero sería largo enumerar. En otra ocasión podría seguir escribiendo de este personaje de mi barrio, de quien fui “su ayudante”, sí, le cargaba la maleta con los arreos para la práctica del deporte y le acarreaba el agua para que se bañara luego de los entrenamientos en el patio del Centro Deportivo Ojo de Agua.

El zurdo Galván murió el 24 de enero de 1974, a las puertas de una cantina en el llamado triángulo de las bermudas de Saltillo, por la cantidad de bares donde literalmente se perdían muchos borrachitos. Una pulmonía fulminante acabó con su vida. Pero esa es otra historia.

 

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