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Coahuila

Otra oportunidad de vida

Por Verónica Marroquín

Hace 4 años

Hola amigos y amigas: hoy agradezco infinitamente el privilegio de estar viva, de tener otra oportunidad para ser mejor persona, para seguir disfrutando de las personas que amo, de seguir en mi misión de vida, de disfrutar y bendecir a la familia, a los amigos que se vuelven hermanos de alma. Hoy me encuentro muy reflexiva, y sensible a la vez, les cuento por qué.

El miércoles 1 de diciembre fui a comer al asador 9, con un buen amigo que tenía tiempo que no veía. Saltábamos de un tema a otro, tratando de contarnos en tan poco tiempo lo ocurrido en nuestras vidas, como si no hubiera otro mañana, hasta nos reímos de que teníamos tanto de no vernos que, no sabíamos por dónde empezar. La comida estuvo excelente, pedimos ensalada de betabel, que me encanta, tostadas de atún que le gustan a mi amigo, después un pulpo a la griega, y como pedí mezcal ( me recuerdan a mis queridos tíos Riquillo y Beto q.e.p.d.) pues cuando hacia frío decían: échese un pajuelazo y vera que ni las piernas va a sentir. El mezcal lo acompañé con rodajas de naranja y chapulines de Oaxaca, todo deli. Muy recomendable, por cierto. Luego nos despedimos y llego a mi casa con la sorpresa de que tenía visita de uno de mis grandes amigos que tenía un par de años también de no ver. Un día antes, también cené con otra querida amistad, que por la pandemia había sido imposible vernos. Debo decir que todo el mes de diciembre me empiezan a festejar mi cumpleaños y a decir verdad, por poco y me quedo en los 51, pues esa misma noche del miércoles, me despierta abruptamente un dolor terrible de esófago, traía mucho reflujo, porque me comí unas cucharadas de tamarindo, de esos que uno ya no debería comer, pero la tentación fue mucha, y ándale que me fue como en feria toda la noche. Al día siguiente hice todas mis actividades normales, pero con un dolor terrible en el esófago, que con nada se me quitaba, me tomé varias medicinas para mitigar el dolor y nada funcionó. Después tuve una posada, y como los chinitos, nomas me la pase milando, ya no podía con el dolor , imposible tomar algún bocado. Al día siguiente viernes, al despertar quise dar un trago de agua y cual fue mi sorpresa que no puede pasar el trago de agua y me asusté mucho, el dolor seguía intenso, así me fui a trabajar y a la 1:00 pm le llamo al gastroenterólogo de mi confianza, que amablemente me atendió de inmediato, me revisa y me comenta que hay que hacer una endoscopia, que podría estar ulcerado o peor aun a punto de una hemorragia, que sería mejor adelantarnos a eso, y actuar rápido para que no hubiera mayor complicación, ya que con una hemorragia es complicado visualizar las posibles ulceras, o incluso una hernia hiatal. De inmediato le llamo a mi hija Verito y le digo que necesito que venga para acompañarme al estudio que me realizarían, llegó de rayo. No sé cómo le hizo (gracias hijita te amo) llegó a donde me harían el estudio, y la enfermera me empieza a preparar, me pone la canalización para que me pongan la anestesia porque si hubiera hemorragia tendría en ese momento que cauterizar el doctor. Llega el anestesiólogo y el doctor; la enfermera que me había puesto el oxígeno, me piden abra la boca para ponerme un spray para dormir la garganta, y que no tenga molestias al introducir la camarita. Me indican me ponga de lado y ya no recuerdo más… despierto y veo a mi hija Andreita que me abraza y me llenaba de besos, me dice, mamita, ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes? Te amo mamita chula ¿Estás bien? (Pabolita te amo) Y pues yo aun medio adormilada aún por la anestesia, veo que entra también Verito, y ahí me comunica el doctor que durante el procedimiento me bajó la frecuencia cardiaca a 27 por unos segundos, que se actuó de inmediato poniéndome un medicamento para subir de inmediato la frecuencia. Afortunadamente mi organismo reaccionó favorablemente, y pudieron terminar con éxito la endoscopia. Donde los resultados fue que mi esófago estaba ulcerado, severamente, no hubo necesidad de cauterizar, gracias a Dios, eso era lo que el doctor quería prevenir. Nos enseña el video y me asusta lo que vi, de como se ve todo quemado y ulcerado mi esófago, por eso el dolor tan terrible que tenía, y que nada me lo aminoraba. Me autoriza salir, pero con la recomendación de que vea a un cardiólogo por lo que había sucedido. Llego a mi casa con mis hijas, y mis papas llegan casi de inmediato para ver cómo estaba. Mi madre santa ya venía preparada con algo de verduras, y Andreita me hizo papillas de vegetales, pues estaré seis días comiendo todo licuado para que sanen lo más pronto posible las ulceras, por ahora estoy tomando otros medicamentos, el dolor va aminorando gracias a Dios, vamos muy bien.

No puedo evitar pensar que mi organismo pudo no haber reaccionado favorablemente y ya no despertar. Me he sentido muy sensible, reflexiva, de como llegue a esto, y mi respuesta es: tuve una preocupación muy grande en los días pasados, que no podía “tragar” literal, y cuando uno no puede aceptar o asimilar algo, el cuerpo saca ese dolor de formas diversas como una enfermedad, en esta ocasión fue que no podía aceptar lo ocurrido, y se me manifestó de esta manera, claro que influyó la alimentación, y el picante definitivamente, mal pasadas, todo suma al final. Mi intención con contarles este acontecimiento en mi vida, es que asumimos que sí habrá otro mañana para nosotros y los nuestros, eso se llama fe y esperanza. Sin embargo, en cualquier momento nuestro corazón puede dejar de latir. Ley de vida, lo sé, sin embargo, me di cuenta que no quiero irme aún, que deseo una vida larga, ver a mis nietos si Dios permite esa bendición, que tengo aún mucho que dar, sobre todo amor, y que debo dejar arreglado mis cosas legales, para no dejarles problemas a mis hijas. Comprar donde quiero que mis cenizas sean depositadas para facilitarles las cosas a mis hijas, asumiendo que yo quiero irme primero que ellas. Debo decirles que curiosamente a los tres amigos que vi tuvieron un episodio también entre la vida y la muerte. Dios nos regaló el volvernos a ver. Pero también pienso que tal vez pudo ser la última vez que nos viéramos. Y que con este suceso que pase, me pudieron estar cafeteando. En vida hermano en vida, no demores en ver a tus amigos, en hacerles una llamada, o visitarlos, abrázalos, diles cuanto los quieres, agrádeseles su amistad, así como a nuestros hijos e hijas, padres, hermanos, insisto, que no nos sorprenda la muerte, que estemos preparados. Mi madre me dice: yo no me quiero morir porque no quiero que ustedes sufran, veo que aún les hago falta, y sí, muy cierta mamá, y ahora después de este acontecimiento pienso lo mismo que mi madre. Me despido con la fe y esperanza que despertare mañana y disfrutare de la vida, pero de no ser así, deseo con el alma ser recordada como alguien que se dio a los demás y que vivo feliz haciendo lo que mas amaba. Gracias por leerme, mis queridos lectores. DIOSITO POR DELANTE.

 

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