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Coahuila

Otra vez la misma historia

Por José Guadalupe Robledo Guerrero

Hace 1 mes

Andrés Manuel López Obrador tiene una obsesión que no lo deja vivir en paz y le impide gobernar. Está empeñado en pasar a la historia, pero no como Presidente, sino como un transformador social, al nivel –según él– de Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas, aun cuando en nada se parezca a alguno de ellos.

Por eso, desde que arribó a la presidencia, AMLO insiste en provocar a cuanto ciudadano o sector social se le ocurre, para que al recibir respuesta a sus agresiones, pueda sentirse tan vapuleado como lo fueron en su momento los héroes invocados del lopezobradorismo. Por eso presumió que era el más criticado de la historia, pero el 15 de septiembre dijo que fue Miguel Hidalgo, y hasta leyó todos los insultos que le hicieron al “Padre de la Patria”.

Sin embargo, López Obrador no es original, está repitiendo lo que hizo su verdadero héroe: el expresidente Luis Echeverría Álvarez, con las adecuaciones que le han hecho a las pretensiones dictatoriales los regímenes de Cuba, Venezuela y Nicaragua, en su ambición de perpetuarse en el poder. Dividir a los pueblos, es su principal táctica y estrategia, más allá de eso no hay nada.

López Obrador comenzó a la mitad de su sexenio a hacer realidad su sueño de convertirse en líder de los países más pobres de América Latina cuando desaparezca la OEA, según son los deseos de AMLO y sus socios. Luis Echeverría también quiso ser el líder de los países del Tercer Mundo, invirtió mucho dinero del erario mexicano para serlo, y finalmente no lo logró.

Contrario a sus deseos, Luis Echeverría terminó siendo un Presidente odiado, con la imagen de genocida por la matanza del 2 de octubre de 1968 y el “halconazo” del jueves de Corpus de 1971; además su sexenio le dejó al país una inflación del 126.06% y la economía hecha un desastre. Después de estos fracasos, vendría la guerra sucia que tantas vidas cobró.

La sexta Cumbre de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) está programada por AMLO como el inicio de su batalla para convertirse en el líder que sueña ser. La Celac está constituida por 32 países, con excepción de Brasil que el 16 de enero de 2020, decidió suspender su participación en la Celac, por considerar que no tiene condiciones para actuar en el actual contexto de crisis regional, y porque “daba protagonismo a regímenes totalitarios”.

Pero las cosas no salieron como se esperaba, pues el primer día de la Cumbre el Presidente de Uruguay, Luis Lacalle, advirtió en su discurso: “participar en este foro no significa ser complaciente señor presidente (AMLO)… cuando no se respetan los derechos humanos, cuando se encarcelan opositores… vemos gravemente lo que ocurre en Cuba, Nicaragua y Venezuela”.

Otro Presidente latinoamericano que no estuvo de acuerdo fue el de Paraguay, Mario Abdo Benítez, quien dijo: “Mi presencia en esta Cumbre, en ningún sentido ni circunstancia, representa un reconocimiento al Gobierno de Nicolás Maduro. No hay ningún cambio de postura en mi Gobierno”. Ambos presidentes –de Uruguay y Paraguay– reclamaron a López Obrador la presencia de Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel.

Pero estos “incidentes” seguramente no le preocupan a AMLO, pues él y sus socios le están apostando a que Estados Unidos está dividido gracias a otro de sus iguales, Donald Trump, pero se olvida que el resultado de la globalización es la regionalización del mundo, en donde México está considerado en el T-MEC junto a Canadá y Estados Unidos.

Lo que pretenden los gobiernos populistas de Latinoamérica es que Estados Unidos invierta en sus países, abra sus fronteras para que le den cabida a la migración de los expulsados por los gobiernos fallidos de estos regímenes, y los inviten a dialogar como iguales sobre sus problemas endémicos: la pobreza y la falta de resultados productivos y laborales.

Nadie sabe hasta dónde llegarán las provocaciones de López Obrador hacia Estados Unidos, país del que dependemos en lo comercial, económico, financiero, tecnológico, laboral, alimenticio, etcétera. Algo más, los migrantes que viven en EU y que envían las remesas que tanto presume AMLO, para que sus familias tengan para vivir, son los mismos que no quieren más migrantes en su país adoptivo, porque compiten con ellos por los empleos y salarios.

De todos modos, hoy vivimos la misma historia de los 70, y los resultados no podrán ser distintos. Mientras tanto no hay que olvidar una máxima que se ha hecho realidad: Los carniceros de hoy, serán las reses de mañana. Así ha sido siempre en nuestro sistema político, y muy extraño que López Obrador no lo tome en cuenta, porque la entrada en la historia es una buena zanahoria para perseguir el sueño. ¡Pobre México!

Por cierto, nadie se acordó que la lucha por la Independencia de México, además de producir más pobreza, fue el escenario para el nacimiento del Primer Imperio Mexicano de Agustín de Iturbide, que fue el primer Gobierno independiente de México.

 

Política aldeana

El nuevo Obispo de la Diócesis de Saltillo, Hilario González García, advirtió que la interrupción del embarazo, el aborto, es causante de excomunión. Luego de asustar con el petate del muerto, debemos preguntarle al Obispo saltillense, ¿por qué no amenaza con excomulgar a narcotraficantes, pedófilos y pederastas, a feminicidas, a secuestradores y asesinos. Pero como es mucho pedir, mejor debería dedicarse a su labor, a enseñar el evangelio y salvaguardar los valores cristianos, que nadie parece practicar para la sana convivencia social. Por eso es menester, que don Hilario se deje de amenazas medievales. Tienen 2 mil años como guías religiosos y todavía no aprenden cuándo callarse.

 

Pregunta huérfana

¿Será cierto que a María de los Ángeles Errisúriz Alarcón, actual secretaria de Educación Pública de Nuevo León, la están acusando de ladrona, misma acusación que se le hizo en Coahuila cuando estuvo al frente de la SEP en el Gobierno de Enrique Martínez?

Ya se sabe que sus dos cómplices son saltillenses que colaboraron con ella en el saqueo de la SEP coahuilense. ¿Y su marido, el vividor Javier de la Mora de la Peña también está en el negocio? Seguramente sí.

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