Arte
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La Jornada
Publicado el miércoles, 25 de febrero del 2026 a las 16:59
Ciudad e México.— En una noche donde el rigor académico se fundió con el afecto gremial, el Teatro El Milagro se convirtió en el epicentro de un homenaje histórico al maestro Luis de Tavira. Entre aplausos que parecían no tener fin, el creador escénico, figura central del teatro mexicano contemporáneo, fue recibido por colegas, familiares y discípulos en un reconocimiento a su vasta trayectoria y su incansable labor pedagógica.
Con la humildad que caracteriza al Premio Nacional de Ciencias y Artes 2006, De Tavira agradeció el gesto con una inclinación de cabeza y las manos al pecho, rodeado de figuras emblemáticas de la escena nacional como Ofelia Medina, Julieta Egurrola y Luisa Huertas.
Acompañado por su hijo Julián, el dramaturgo develó una placa conmemorativa y ofreció un discurso breve pero cargado de significado.
” “No creo encontrar nada que valga más que decir la palabra gracias. No creo que pueda haber un reconocimiento más alto que el de tus colegas”, expresó conmovido ante un recinto a su máxima capacidad.
Uno de los momentos más inesperados y potentes de la velada fue la presencia simbólica de los pueblos zapatistas. A través de misivas enviadas por el Subcomandante Moisés y el Capitán Marcos, el EZLN reconoció en De Tavira a un “convocante involuntario” entre el arte y las luchas sociales.
En voz de la actriz Marina de Tavira, el mensaje del Capitán Marcos reflexionó sobre la naturaleza del teatro frente a otras artes, destacando su capacidad de crear geografía y calendario en el acto mismo del encuentro. Por su parte, el mensaje de Moisés, leído por Lenin Andrés Fonseca, subrayó que en las ciencias y las artes los seres humanos se hacen iguales, especialmente en una era donde “la lucha es por la vida”.
La noche se nutrió de las voces de quienes han compartido el proceso creativo con el homenajeado:
– Gabriel Pascal: Destacó que la vida de De Tavira ha logrado que el teatro sea más que representación; transformándolo en “espacio de pensamiento, pedagogía y comunidad”.
– David Olguín: Resaltó la vastedad del pensamiento escrito de De Tavira, comparando su ambición artística con la de Rodolfo Usigli.
– Philippe Amand: El escenógrafo recordó tres décadas de colaboración, señalando la “búsqueda constante de ir más allá de lo evidente” que define al director.
– Marina de Tavira: En un matiz íntimo, la actriz evocó la imagen de su tío tanto en el rigor del ensayo como en la paz de la lectura cotidiana de El Quijote.
La jornada concluyó con la proyección de un video testimonial y una larga fila de asistentes que buscaban saludar personalmente al fundador de instituciones teatrales clave en el país. El momento culminante de la fraternidad artística se dio cuando Ofelia Medina se acercó al maestro para sellar el encuentro con una reverencia y un abrazo, simbolizando el respeto de toda una generación.
El homenaje en El Milagro no fue solo un recuento de éxitos pasados, sino una reafirmación del teatro como un tejido humano vivo y necesario para la reflexión de la realidad mexicana.
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