Dentro de seis meses, específicamente a mediados de diciembre, terminaré de estudiar la maestría ejecutiva en Coaching Integral y Organizacional. Uno de los líderes y máximos exponentes de toda la filosofía y literatura de la vertiente educativa del coaching es el chileno Rafael Echeverría; él tiene varios libros escritos de diferentes temas, pero su discurso habitualmente gira alrededor del lenguaje; su libro más importante y difundido es Ontología del Lenguaje. Sabemos lógicamente que el lenguaje es la capacidad del ser humano para expresar pensamientos y sentimientos por medio de las palabras, pero, ¿Qué es la ontología? Esta palabra es muy poco utilizada ya que solo se habla de ella al relacionarla con temas complejos y profundos, sobre todo en el ámbito filosófico de la búsqueda del “ser”. Sin embargo la ontología, –aunque no se utilice conociendo su nombre especifico–, es primordial para comprendernos a nosotros mismos y a todo lo que nos rodea. Para entrar en contexto de lo que pretendo comunicar en esta columna, añadiré a este texto una definición conjugada y resumida del concepto que pretendo exponer: La ontología es una parte o rama de la filosofía que estudia la naturaleza del ser, la existencia y la realidad. La ontología estudia lo que hay, (y/o lo que es) así como las relaciones entre los entes o la relación entre un acto y sus participantes.
Consumada esta explicación, ahora puedo plantear las preguntas centrales de mi inquietud patriota. ¿Cuál es la ontología de Andrés Manuel López Obrador? ¿Cuál es la ontología de la llamada cuarta transformación? ¿Cuál es la ontología de Morena?
A estas alturas del sexenio, y analizando aunque sea superficialmente lo que ha pasado y sigue pasando, se necesitaría estar “ciego, sordo, o ser extremadamente ingenuo” para no darse cuenta cuál es el verdadero motivo y objetivo de estos tres entes mencionados líneas arriba.
El diccionario nos dice que un ciego es quien lamentablemente “no ve por estar privado del sentido de la vista”. Pero además añade que se le denomina ciego a quien “no es capaz de percibir, comprender o darse cuenta de una cosa que es patente y manifiesta”.
¿Qué es ser sordo? Es la pérdida de la audición que ocurre cuando el sonido entra de manera normal al oído, pero debido a la presencia de daños en el oído interno o el nervio auditivo, el sonido no se procesa de manera que el cerebro lo pueda interpretar.
Ontológicamente hablando, ¿Cómo sucede que tal vez sí hemos oído las palabras, frases, oraciones, arengas, ofensas, amenazas y discursos que estos años se han proferido desde Palacio Nacional, –y que sistemáticamente son repetidos por sus incondicionales y secuaces por todo el país–, pero no comprendemos ontológicamente su significado y alcance real y objetivo? Afortunadamente la mayoría no tenemos daños en el oído interno o en el nervio auditivo, pero entonces, ¿qué daño tenemos que nos impide comprender lo que significa en esencia y formas el discurso oficial? Estoy seguro que no es un daño cerebral, pero entonces, ¿dónde está el daño? ¿Es un daño en el ánimo, en la voluntad, en la capacidad natural de reaccionar ante la amenaza y el peligro? ¿Es un deseo de evadir la realidad, de conformarme con pensar que no es mi asunto, no es mi responsabilidad, no me corresponde? Si somos mexicanos, por supuesto que nos corresponde involucrarnos profunda e intensamente en todo lo que sucede en nuestro país, sobre todo políticamente, ya que de ahí parte todo lo demás.
Tal vez no somos ciegos ni sordos, pero, ¿somos ingenuos? El ingenuo no se cuestiona nada, se lo cree todo, se lo traga todo, actúa sin conciencia real de las situaciones y no se suele enterar de la dimensión de las consecuencias de lo que pasa a su alrededor, actúa sin tener en cuenta la posible maldad de una persona o de una situación. El filósofo ingles Herbert Read define la ingenuidad como “el ojo inocente”, un ojo no influido por el pensamiento racional, un ojo que acepta la correlación de incompatibles. ¿Qué es incompatible? Aquello que no puede existir, ocurrir o hacerse al mismo tiempo que otra cosa y de forma armónica con ella, o combinarse con ella sin estorbarla. Incompatible es tener como lema y supuesta convicción el “no mentir, no robar y no traicionar” y hacer exactamente lo contrario de manera cínica y masiva. Eres ingenuo si observas que alguien dice una cosa y hace otra.
Regresando al coach ontológico Rafael Echeverría, el sostiene que es el lenguaje lo que hace de los humanos el tipo particular de seres que somos: “Los seres humanos somos seres lingüísticos, seres que vivimos en el lenguaje”. El lenguaje es la clave para comprender las personalidades humanas. ¿Qué podemos inferir de alguien que exige a sus colaboradores lealtad ciega? ¿Alguien que dice que no le vengan con el cuento de que la ley es la ley? y tantas otras frases y conceptos que denotan el deseo de obtener el poder total, el deseo de convertir a México en una aqutocracia, que es el régimen político en el que una sola persona gobierna sin someterse a ningún tipo de limitación y con la facultad de promulgar y modificar leyes a su voluntad. Para allá vamos directo y casi sin obstáculos. Esa es la ontología de Andrés Manuel López Obrador, de la cuarta transformación y de Morena, La dictadura.
El siguiente escalón en su escalera de poder es Coahuila.
¿Somos ciegos, sordos, ingenuos, o cobardes para permitirlo?
¿O vamos a despertar y tomar acción para impedirlo?
“La unión es la única solución y hace la única fuerza”.
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