Nacional

Publicado el miércoles, 9 de septiembre del 2020 a las 16:37
Tijuana.— La Yucca Schidigera, una planta nativa del estado, es el nuevo blanco del crimen organizado. Grupos armados ingresan a los ejidos en Valle de la Trinidad para saquear el “palo de oro”, como le conocen los habitantes de las comunidades víctimas del saqueo.
Los tallos de esta planta, comprados por empresas locales, son exportados por miles de dólares a Estados Unidos, Arabia o incluso China, para su uso industrial en productos de herbolárea y alimento para mascotas.
La palmilla o yuca es un tipo de suculenta o arbusto que emerge en el valle como un pilar frondoso del que estalla una corona con hojas afiladas que se mezclan con flores blancas.
Se esconde entre los límites del desierto y los matorrales costeros del Océano Pacífico y el Golfo de California, entre las tierras de los indígenas kiliwas y pai pai.
“Estamos tristes”, comentó Elías Espinoza, jefe de la comunidad kiliwa, mientras clava su mirada en las hojas de yuca desperdigadas sobre la tierra salvaje del Ejido Tribu Kiliwas Arroyo de León, en Baja California.
“Nos van a exterminar”, aseguró. Y sí, habla en plural porque el robo no sólo significa la desaparición de la especie, sino de la principal actividad económica de las familias que tramitan su permiso federal para la explotación sustentable de la palmilla.
Los acuerdos con la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) establecen que se puede aprovechar 50% de los tallos que nacen desde la raíz.
Pero ese pacto, que busca la permanencia de la planta, no les importa a los grupos armados que no dejan nada más que hojas secas… y una que otra bala.
Aunque el robo de la planta es un problema histórico, explicó Elías, desde hace dos años el saqueo creció y dejó sin nada a por lo menos tres de siete ejidos enclavados en el Valle de la Trinidad, en Ensenada.
Operan como el crimen organizado
El delegado del gobierno federal en Baja California, Jesús Alejandro Ruiz Uribe, advirtió que el modus operandi de los saqueadores es como el del crimen organizado: hombres que entran a robar, empresas que compran la planta y luego la venden al exterior, con la colusión de autoridades que, por complicidad u omisión, no vigilan permisos ni investigan delitos ambientales.
“Es lo mismo que nos pasa con la totoaba, porque también es un elemento que genera riqueza. Tenemos que desarmar esa red de bandidos que, efectivamente, ya está actuando como mafia. Así operan.
“Limpian la mercancía [robada] con facturas de las empresas. Transportan con facturas para tratar de cubrir el latrocinio”. El funcionario reconoció que Valle de la Trinidad, que conecta al océano Pacífico con el golfo de California a través de una carretera semidesértica, tiene un problema histórico con el crimen organizado y los cárteles, que utilizan esa zona para el trasiego de drogas o plantíos de amapola o marihuana.
Notas Relacionadas
Más sobre esta sección Más en Nacional
Hace 2 horas
Hace 2 horas
Hace 2 horas
Hace 3 horas
Hace 3 horas
Hace 3 horas
Hace 4 horas
Hace 4 horas
Hace 4 horas
Hace 5 horas
Hace 5 horas
Hace 6 horas