En Coahuila es temporada electoral como casi todos los años, desde 2009. Así que cualquier tema se magnifica, distorsiona, tergiversa. Y es natural: la lucha por el poder engendra desavenencias; hay desencuentros, roces, malos entendidos, grilla. Todo esto debe ser considerado para poner las cosas en su justa dimensión.
Pero hay un asunto que llama la atención en medio del ruido artificial propio de los tiempos que se viven: el desfondamiento político hasta casi la inexistencia del PAN en Saltillo.
No se trata de cualquier partido, sino uno que ha gobernado la capital tres ocasiones en momentos distintos durante los últimos 30 años (1991-1993, 1997-1999, 2014-2017) y, hasta la irrupción de Morena en el escenario electoral, ocupaba un sólido segundo lugar y articulaba ciudadanos en torno a un objetivo más o menos común: ser eso que llaman oposición.
Hoy está desaparecido. Muerto.
La encuesta de Berúmen y Asociados, publicada por Zócalo el pasado 25 de abril, le da 5% de preferencia efectiva en la ciudad a 42 días de la jornada electoral. La cifra más baja para los blanquiazules desde que los ciudadanos cuentan los votos en las elecciones y tenemos un nivel de democracia imperfecta.
Al día siguiente de su publicación, como reacción a la misma, la candidata del PAN a la Alcaldía de Saltillo, Tere Romo, descalificó el ejercicio (mismo que, como antecedente más próximo, proyectó que ganaría el PRI los 16 distritos electorales en 2020): “como dijo un señor no tan sabio: yo tengo otros datos; pero se respeta la opinión de cada persona. No podemos frenarnos o sentirnos derrotados por lo que indique una encuesta de 400 personas”.
Ese número que sustenta la demoscopia, no obstante, tiene rigor científico. Inclusive si vinculamos el porcentaje obtenido con otra pregunta: “independientemente de por cuál partido haya votado antes, ¿con cuál simpatiza hoy?”, el resultado es el mismo: 5% de los encuestados en Saltillo respondió PAN.
Es decir, existe una correlación importante, prácticamente directa: al PAN en la capital le queda solamente la militancia efectiva; no hay en este momento un solo votante cautivo que opte por ellos. Se quedaron solos luego de demostrar en 2017, su momento histórico en la entidad, que no ganan ni ganando. Que se sienten más cómodos al lado del poder, que con el poder mismo.
Posteriormente, el pasado 3 de mayo, el Tribunal Electoral de Coahuila resolvió un Juicio para la Protección de los Derechos Político-Electorales de la Ciudadanía identificado con el folio TECZ-JDC-56/2021 y acumulado, iniciado por María Teresa de Jesús Romo Castillón (Tere Romo, candidata a Alcaldesa de Saltillo) contra presidente y secretario del PAN en Coahuila, derivado de sendas demandas en contra de Jesús de León y Luis Fernando Aguirre, presentadas el 6 de marzo y el 17 de abril, respectivamente.
El meollo fundamental expuesto por la candidata consiste, a grandes rasgos, en que el PAN a través de sus barones la excluyó de la lista de representación proporcional como candidata a regidora, al postularla como aspirante a la sindicatura sin su consentimiento. El Tribunal, sin embargo, no le dio la razón en la semana que hoy concluye.
Cortita y al pie
Asimismo, Romo se dolió de violencia política en razón de género en su contra, con una lista de agravios que representan al PAN de Coahuila en la actualidad: discriminación de género al cuestionarle si su decisión de contender a un cargo político tenía la aprobación de su excónyuge (el exalcalde de Saltillo, Manuel López Villarreal), coacción para renunciar a la candidatura y falta de apoyo político-electoral, al referirle que otras personas tenían mejor perfil, cuestionarle si contaba con dinero para financiar su campaña electoral, señalarle que si quería ser regidora se hubiera registrado con tal calidad y no como candidata a la Presidencia Municipal, y omitir acompañarla a actos partidistas.
“Al darme información falsa e incompleta de parte del partido que me postula, no me fue posible valorar todos los caminos que en mis posibilidades estaban, pues pude valorar registrarme o no como candidata en caso de incumplir como lo hicieron”, cita textualmente la sentencia, en alusión a los motivos expuestos por la candidata.
Para entender lo anterior, cabe señalar que la sindicatura de primera minoría en el Cabildo corresponde por ley al segundo lugar de la elección. Y si eso mantiene inconforme a la candidata, a su vez regidora con licencia del Ayuntamiento de Saltillo, significa que sabe no quedará en segundo lugar, ya no digamos ganar, y a lo máximo que aspira es a la tercera posición. Por consecuencia no alcanzaría lugar como edil plurinominal en el órgano colegiado que acompaña al Presidente Municipal.
La última y nos vamos
Alguien podría señalar que, en el proceso electoral sui generis que actualmente se desarrolla, existen males mayores como aspirantes que hacen campaña sin ser candidatos, otros que participan pero no viven en la demarcación geográfica que buscan representar, y unos más que son en sí una botarga.
Comparada con ellos, por tanto, la candidatura de Tere Romo sería el menor de los problemas. Sin ideas ni algo que ofrecer como propuesta, encabeza una campaña insulsa e intrascendente repitiendo lugares comunes y frases hueras (“trabajemos juntos por el progreso de todos”; “incentivemos la economía para que vivas mejor”, etcétera).
¿Qué hace entonces en la contienda si ya no tiene nada porque pelear jurídica ni electoralmente con todavía 24 días de proselitismo por delante?
Usted qué haría en su lugar: ¿declinar a favor de otro y ya no invertir en algo que no tiene futuro?, o ¿seguir hasta el final por congruencia y dignidad?
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