@luiscarlosplata
Mañana termina un periodo más en la Rectoría de la Universidad Autónoma de Coahuila con el informe del actual Rector, e inmediatamente después será emitida la convocatoria para buscar al sucesor de los próximos tres años. Enjuague y repita.
Centrémonos por ahora, no en las dinámicas de poder que llevan a un ‘candidato de unidad’ a ocupar la silla principal del edificio ubicado en la calle Salvador González Lobo, ni en la administración financiera de la institución. Acaso los dos asuntos que más acaparan la atención pública cuando se habla del caso (entre los –de por sí– pocos interesados e iniciados en el tema).
Por el contrario, es necesario plantear una pregunta fundamental que, pese a lo obvio, suele pasar desapercibida: ¿para qué quieren la Rectoría?
Es un proceso mecanizado. Existe un Consejo Universitario. Términos caprichosos para convocar a campañas y elecciones. Un estatuto. Como cada trienio hay aspirantes que levantan la mano. Con méritos o sin ellos. Las formalidades en este momento son lo de menos.
El punto es que da la impresión que puede ser uno, u otro, o incluso no haber alguno siquiera, y la situación actual seguiría exactamente igual. El status quo no se perturba. La Universidad asemeja un Municipio con un presupuesto considerable que mantienen en pie sus sindicalizados: procuran que los camiones de basura hagan sus recorridos en los días y horas habituales; encienden el alumbrado público, salen a barrer las avenidas principales. Y funciona.
No eficacia o eficiencia, simplemente funcionamiento. Organización medianamente funcional en términos de calendario: días laborales, periodos de exámenes, vacaciones.
Es autómata, más que autónoma. Inician ciclos escolares, acaban. Reprograman fechas para las admisiones. Hay auditorías y observaciones a los ejercicios fiscales. Problemas con el pago de aguinaldos. Rescates de fin de año. Un ciclo que se repite. La costumbre.
Más allá de la disputa natural por el cargo, el poder por el poder, no hay en el horizonte una idea de transformación. Simplemente buscan ser Rector. Muchos. ¿Exactamente para qué?
La grilla se centra entonces en apoyar a uno en detrimento de otro. Como una competencia. De filias y fobias. Simpatías y animadversiones.
¿No le resulta esto una tragedia, considerando que hablamos de la Máxima Casa de Estudios del Estado?
No existen expectativas de algún tipo ni entre la comunidad universitaria ni entre la académica. Tampoco hay un plan. Ni siquiera la intención de hacer cambios o cirugía mayor.
Nadie habla de mejorar la calidad de vida de los universitarios. Ni de ofrecerles una perspectiva del mundo que hasta entonces desconocen. O involucrarles en actividades productivas. Mucho menos sentar las bases para su desarrollo personal. Ni se diga del pensamiento crítico, o la conciencia de la sociedad.
Como si se tratase de otra universidad estatal donde a los matriculados les enseñan un oficio y capacidades para encontrar trabajo técnico especializado. Y nada más.
Entre su contraparte reina la displicencia. Conformidad. Aceptación. La dispersión física de planteles educativos entre regiones, y estos a su vez entre campus, mantiene a los estudiantes y profesores atomizados, dispersos, sin posibilidad material de integrarse como colectivo. Ni para lo positivo ni para lo negativo. Aislados unos de otros.
El mundo virtual, en la era digital, no ha podido romper esa barrera. Salvo alguna página de Facebook para compartir memes o situaciones cómicas vinculadas con la Universidad, no hay audiencia ni interés más allá del entretenimiento. Es un fenómeno de estudio. Específicamente en la era del TikTok, donde ni los discursos ni las agendas se monopolizan.
En la gestión actual nació y murió “Moesco”, una iniciativa que pretendió ser un movimiento, hoy reducido a su mínima expresión luego de que sus integrantes desertaran o egresaran de la UAdeC.
El plantón estudiantil en el Instituto Tecnológico de Saltillo de septiembre pasado, por su parte, no tuvo efectos expansivos. La onda se detuvo en el bulevar Venustiano Carranza y no logró atravesar de acera. Los aspirantes a ingenieros, independientemente de sus motivaciones, mostraron más conciencia como colectivo pese a que su ámbito de competencia no son las humanidades.
Cortita y al pie
La Rectoría implica regir, guiar, conducir el destino -por pretencioso que parezca- de más de 30 mil alumnos en ciernes. ¿Pero en realidad dirige? ¿Gobierna? ¿Manda?
La última y nos vamos
Por lo demás, es alucinante que a escasos días de asumir el cargo, ni siquiera nos cuestionemos para qué quieren la Rectoría más allá de la respuesta obvia
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