Alrededor del parto y su trabajo, no solo de las gestantes sino también de las parteras, existe algo sagrado, que es la vida tras una gestación completada, cuando se encarna en un@ bebé.
En el marco del día de la partera, que se celebra el 5 de mayo desde 2008, nos recuerda que las parteras son quienes acompañan el proceso obstétrico de las mujeres embarazadas, deben asistir en el parto y tener la capacidad de ejercer medidas de emergencia.
Es más común que ahora las mujeres más jóvenes tengan partera y doula, además de consulta ginecológica. Esto ahora está a la mano de muchas mujeres mexicanas, ya que existen 6 mil 600 parteras (y algunos hombres, aunque es eminentemente de mujeres), quienes a través del programa Bienestar del Insabi ofrecen este acompañamiento, aunque solo hay en 18 estados de la República Mexicana, y casi la mitad de estas acompañantes (2 mil 770) están en Chiapas. Es recomendable buscar el acompañamiento de una doula y partera, porque además de ayudar durante todo el embarazo a estar saludable y a atender la evolución del embrión, transita con la gestante a lo largo del parto y posteriormente también da consejos sobre salud reproductiva, nutrición, lactancia, vacunaciones y todo lo que ayude a la embarazada a estar más segura.
La partera es tan importante no solo por todo el aspecto integral de la salud de la gestante y su crío, sino también para su tranquilidad: estar embarazada es como ser la nave nodriza y se experimenta miedo, incertidumbre y a la vez esperanza, porque aunque sea la primera gestación o una de varias, en cada caso se viven escenarios únicos.
En el caso del oficio ancestral de partera, no solo estaban implicadas las mujeres, sino que estaban cobijadas por diosas que les guiaban y protegían en su delicada labor. Tlazoltéotl era la diosa azteca a la que las embarazadas se encomendaban para tener un buen parto, pero también era una deidad sexosa, que daba y quitaba la pulsión sexual, y que incluso si una mujer nacía en su día, iba a llevar una vida plena de sensualidad y erotismo.
Otras son las diosas de la oxcitocina, un colectivo oaxaqueño que trabaja en partos humanizados, y que apoya a las mujeres embarazadas para llevar gestaciones pacíficas y felices a término, además de informar y empoderar a las madres que van a parir, sobre sus derechos, los de sus hij@s, en un ambiente de medicina alternativa e inclusión.
En México, las parteras de los pueblos originarios continuamente exigen que se respete la medicina ancestral de sus culturas, que en realidad ha funcionado durante siglos, y a la vez asegurar el parto humanizado, que significa que la embarazada puede elegir quién la acompañe, asimismo que no se le obligue a tener cesárea, a que el bebé nazca en un sitio seguro, cálido y que le permita a la madre tener un primer contacto inmediato apenas saliendo del cuerpo materno. Y muy importante, favorecer una posición de parto natural que no sea necesariamente la horizontal, también una imposición de la ciencia médica patriarcal y hasta cierta forma, una moda y una postura poco compasiva para el parto, para quien pare y quien nace.
Es humano y maravilloso ver cómo todas las culturas desde tiempos ancestrales, han documentado y se han salvado las representaciones de las diosas y mujeres, pariendo, embarazadas, con el niñ@ a medio camino de salir del cuerpo, lo que nos recuerda lo fundamental que es explicar a los más pequeños, cómo llegamos a este mundo.
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