China ha sido protagonista de singulares acontecimientos de carácter político, social y sanitario que fueron decisivos para su desarrollo o involución económica, y en ocasiones estos también han influido en las estructuras socioeconómicas mundiales. Por ejemplo, su Revolución Cultural, su economía estatizada, pero con la incorporación de inversión privada regulada; y en el área de la salud, hay que recordar que los primeros casos del coronavirus surgieron en el país oriental, y de allí se expandieron en forma vertiginosa al resto del mundo.
Otro de los sucesos poco conocidos, al menos fuera de la historia de la economía oriental, fue revelado hace algunos meses, gracias a las acuciosas y completas investigaciones, compendiadas en un texto por un historiador holandés, quien sorprendentemente documentaba que el gorrión, ave cantora silvestre, por mandato gubernamental del Presidente en turno, era aniquilado del ecosistema por la población rural china. Esta aberrante política pública contribuyó, junto con otros elementos de la naturaleza, entre ellos la prolongada sequía, así como la rudimentaria tecnología del campesino, que derivaba en baja productividad agrícola, a desencadenar una severa hambruna que costó muchas vidas a mediados del siglo 20. Según el investigador, el desequilibrio ecológico se debió a que ese tipo de aves mantenían regulada la población de langostas, las cuales son depredadoras naturales de los sembradíos agrícolas, las que al verse sin la amenaza del pajarraco, se multiplicaron de manera acelerada.
Los gobernantes chinos tampoco han pasado desapercibidos ante la opinión internacional por la formulación tan sui generis de su política demográfica. Si bien es cierto que China es la nación más poblada del planeta con más de mil 350 millones de habitantes, no por ello es partidaria del aborto intencional, ni del apoyo público a los hijos concebidos fuera del matrimonio, y mucho menos procreados por mujeres solteras, como podría pensarse de una sociedad apartada de los principios y moral de carácter cristiano. Lo que también llama la atención son los apoyos económicos e incentivos fiscales que reciben las familias por procrear más de un hijo en el seno del hogar, siempre que no excedan de tres.
No obstante, únicamente los hijos de mujeres casadas, y ellas mismas, tienen el derecho de aprovechar las prerrogativas que ofrece el Estado: seguro médico, licencias por maternidad, atención en estancias y guarderías, permisos laborales y reducción del horario de trabajo por cuidados postnatales, son algunos de los beneficios que reciben, mientras se llegue a otro paradigma de hogar en el mediano plazo. Se trata de preservar a toda costa el modelo familiar convencional, que dependía económicamente del jefe de familia, en que la esposa estaba encargada del desarrollo de los hijos. Anteponen como intereses superiores del Estado el buen cuidado de la familia, sobre la probabilidad de un segundo ingreso generado fuera del hogar por la mujer profesionista al incorporarse al mercado productivo.
Como lo ha dicho en reiterados foros internacionales y presentaciones públicas ante sus socios comerciales, de manera explícita o velada, el Presidente de China, Xi Jinping: “Tengo la intención de convertirlo en una economía competitiva, que apoye con inversión productiva a naciones económicamente desfavorecidas sin importar su geolocalización”. El Mandatario ha pasado de la retórica del discurso político a hechos consumados, pues de ser una economía casi en autarquía con millones de pobres afincados en el campo, ha pasado a posicionarse como la segunda mayor economía del mundo, solo por debajo de la estadunidense. Uno de los cambios más ambiciosos del político, es tratar de retirar o amainar la superstición del ideario del poblador, quien a pesar de que se educó bajo el modelo ideológico materialista, aún atribuye poderes sobrenaturales a objetos y acontecimientos.
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