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Agencias
Publicado el lunes, 15 de enero del 2018 a las 09:00
Ciudad de México.- Los depredadores cibernéticos utilizan diversas plataformas para encontrar a niños y adolescentes que navegan por Internet sin vigilancia de un adulto y los convierten en blanco de sus ataques.
Un teléfono celular, una tablet o una computadora se convirtieron en elementos que sirven como distractores de los niños y adolescentes mexicanos, cuyos padres tienen que salir a trabajar y no pueden dedicarles el 100 por ciento de su tiempo para estar al pendiente.
Antes era la tele, ahora es el Internet. La gran diferencia es que los niños que crecieron siendo “cuidados” por la televisión no podían interactuar con las personas que estaban detrás de la pantalla, pero con el Internet la realidad es distinta.
La libertad que existe en la red también trae consigo riesgos, ya que al ser como un mar de personas interconectadas, siempre existe la posibilidad de que alguien quiera salir a ‘pescar’ algunas víctimas vulnerables para abusar de ellas.
Aunque parezca un mito urbano, los depredadores cibernéticos existen; muchas de las veces carecen de rostro, de nombre y se mantienen tras la pantalla de una computadora o teléfono Desde hablar de sexo de forma explícita con ellos, hasta concretar encuentros reales pueden terminar en casos de abuso, esas son las consecuencias de las malas prácticas que se expanden en la red, por parte de personas que aprovechan la falta de supervisión de los padres.
De acuerdo con un informe de la ONG mexicana Alianza por Seguridad en Internet (ASI), el 23% de los niños de entre 11 y 15 años ha tenido alguna cita con alguien a quien conoció vía Internet, mientras que el 10% admite que habla ocasional o frecuentemente sobre cuestiones sexuales con personas desconocidas de la red.
DEPREDADOR EN 7 ETAPAS
El programa Cenetic Escolar, de ASI, realizó una encuesta a 5 mil alumnos de las edades antes mencionadas y, gracias a los resultados obtenidos, lograron establecer siete etapas utilizadas por los depredadores cibernéticos para concretar el contacto físico con sus víctimas.
La primera etapa se denomina “cortejo”, es cuando existe un primer contacto entre víctima y victimario. Desde este momento, el depredador ya vio fotografías, sabe quiénes son sus contactos, escolaridad y otra información personal que, por descuido, se dejan expuestas en redes sociales.
La segunda etapa es cuando el depredador comienza a interactuar con la víctima. Después de saber ciertas cosas, puede comenzar a conversar sobre temas que resultan de interés para el menor.
Generar una relación de “amistad” es la tercera etapa; el depredador se pinta como un personaje que puede convertirse en alguien en quien confiar a quien la víctima le puede contar sus problemas.
La cuarta etapa consiste en recopilar información personal que el menor le cuenta a su “nuevo amigo”, para que, en la quinta etapa, todos los datos revelados sean utilizados por el depredador para intentar concretar una cita.
Si no lo logra, viene una sexta etapa; en esta, el depredador recurre al chantaje emocional para convencer al menor de reunirse. “Me siento muy triste”, “somos mejores amigos y no nos conocemos”, “sales a todos lados, menos conmigo”, etcétera.
Finalmente, la séptima etapa es la culminante. Puede que el depredador tenga una reunión aparentemente sin riesgos para conseguir más confianza del menor y actuar en un segundo encuentro, pero lo más probable es que desde la primera reunión esa supuesta amistad termine con la comisión de un delito, como abuso sexual, secuestro, trata de personas o, incluso, asesinato.
Por estas razones, es recomendable que los menores de edad que tienen actividad en Internet y en redes sociales, sean acompañados por sus padres o adultos responsables de ellos.
Que les adviertan de los riesgos y estén al pendiente de qué tipo de información comparten y con qué personas interactúan.
‘PAÍS DEPRAVADO’
La República Mexicana genera alrededor de 34 mil millones de pesos –cada año– en material pornográfico infantíl.
Es vergonzoso, lamentable y alarmante. México es el primer lugar a nivel mundial en materia de abuso sexual, violencia física y homicidio de menores de 14 años, según datos de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE).
Alrededor de 4.5 millones de niños son víctimas de este tipo de delitos de abuso sexual y lo peor del caso es que solamente se da a conocer el 2 por ciento.
La violencia sexual en el país es un delito que incluso va en aumento. El año pasado, se denunciaron casi 30 mil casos nuevos de posibles delitos sexuales. En 2015 se reportaron 27 mil denuncias.
De acuerdo al Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), México tiene de los presupuestos más bajos para combatir este grave problema social y tan sólo el 1% de los recursos para la infancia está destinado a la protección de los pequeños mexicanos contra la violencia, el abuso y la explotación.
La diputada federal Mariana Arámbula declaró que “el 7% de nuestros niños son los únicos que se animan a hablar a sus papás de lo que está sucediendo; de cada cinco niños uno está teniendo contacto con estas personas en las redes sociales y que México tiene la web de mil páginas de pornografía y explotación infantil. La ONU por lo tanto estima que hay más de un millón de pedófilos que están atrapando a nuestros niños a través de este nuevo de delito”.
Y es que en México hay otro factor que influye para el aumento de delitos de este tipo y eso es que la pornografía infantil está a la orden del día.
En 2015, la Procuraduría General de la República (PGR) señaló que más de 30 mil menores son víctimas de trata con fines de explotación sexual, de los cuales el 80% tiene entre 10 y 14 años.
En 2016, había una tasa de 24.31 casos denunciados por cada 100 mil habitantes, lo que significa que 16 entidades de la República Mexicana están por encima del promedio. En Baja California, la tasa es de 60 casos por cada 100 mil habitantes, en Chihuahua es de 57 y en Baja California Sur de 55 denuncias.
Más del 50% de los jóvenes mexicanos ha aceptado haber sufrido acoso cibernético, en algún punto.
GRAVE PROBLEMA
México no sólo tiene una gran cantidad de “depravados” sexuales, también abunda en productores de pornografía infantil “de primera”.
En 2014, un informe del Senado de México estableció que el país genera 34 mil millones de pesos anuales en material pornográfico infantil.
Así, el país es el primer lugar de difusión de este tipo de contenido, según el Departamento de Seguridad de Estados Unidos.
Nelly Montealegre, fiscal de la PGR especializada en los Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas, señaló en 2014 que “el incremento en el número de cuentas personales radicadas en México desde las que se difunde pornografía infantil es, desafortunadamente, exponencial”.
Después del narcotráfico, la pornografía infantil es de los negocios más lucrativos tanto en México como en el mundo.
móvil.
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