Ricardo Mejía no asistió al informe de Miguel Riquelme por razones obvias, pero su nombre flotó en el ambiente, pues todo el mundo daba por sentado que sería el candidato de Morena a la Gubernatura.
Riquelme Solís lanzó en su mensaje dardos que pudieron convertirse en bumerán. Frente a una audiencia en la misma sintonía, el Ejecutivo estatal levantó una barrera para impedir el avance de Morena, cuya dominancia en el país es irrefutable.
En 2018 no tenía ningún estado y ahora gobierna 22. El PRI busca a toda costa retener Coahuila y Estado de México, que el año próximo irán a las urnas.
Los argumentos del Gobernador para que Coahuila permanezca con el PRI, son: la paz y la seguridad, consolidadas en su Gobierno; el crecimiento económico, la inversión productiva y la generación de empleos, posibles solo en un clima de armonía y estabilidad política; la vigencia del estado de derecho, la aplicación de la ley y el carácter para combatir al crimen.
Citar al Presidente y a la 4T era ocioso. Riquelme Solís presentó datos para contrastar la situación de Coahuila con la del país y los estados gobernados por Morena, algunos de los cuales –como Zacatecas– están literalmente en llamas.
También obvió la pregunta retórica de si Coahuila deseaba revivir la pesadilla de los años 2007-2012, cuando las balaceras, masacres, desapariciones forzadas, la zozobra y el desplome de la inversión –consecuencia de la guerra contra los cárteles de la droga– hundió al estado en una de sus épocas más oscuras.
El fenómeno lo agravaron la venalidad y colusión de las autoridades con la delincuencia organizada. Conceder el mérito de la pacificación “a todos los coahuilenses” fue para comprometerlos a reflexionar su voto y decidir en las urnas el futuro del estado.
La advertencia de que al Gobernador no le temblará el pulso para impedir actos o intromisiones contra la unidad e integridad de Coahuila tiene destinatarios concretos.
La Administración ha podido neutralizar, por ahora, las incursiones de los cárteles en la frontera, donde antes controlaban territorios, rutas e incluso a las autoridades. ¿También podrá contener a la ola guinda?
Excepto por Durango, Coahuila está rodeado de estados gobernados por otros partidos. En San Luis Potosí, Tamaulipas y Zacatecas ondea la bandera de Morena.
Antes del anuncio de que Armando Guadiana sería el candidato de la 4T, la sucesión del Gobernador se encaminaba hacia el choque. El escenario convenía más a Mejía Berdeja, pues a menos de cuatro meses del inicio de las campañas, las intenciones del voto se dividían entre el PRI y Morena, algo inédito.
Operador político por antonomasia, Riquelme Solís sabía que en esa ruta su partido podía perder las elecciones del 4 de junio aun en alianza con el PAN y el PRD. El exhorto a la unidad y al ejercicio del voto razonado respondía a esa realidad. La madurez y la responsabilidad –advirtió– deben estar por encima de la polarización; y sobre las descalificaciones, las propuestas.
Cuatro días después del informe de Miguel Riquelme, el subsecretario de Seguridad Pública encabezó en Saltillo la Marcha por la Transformación de Coahuila y el Fin del Moreirato. El objetivo era “demostrar la fuerza del movimiento de la cuarta transformación y el apoyo al presidente Andrés Manuel López Obrador”. La caminata desembocó en Palacio de Gobierno.
La lucha por la Gubernatura iba a ser ruda y sin cuartel. El panorama electoral dio un vuelco 12 días después del informe, con la postulación de Guadiana Tijerina; con Mejía anulado, pasó el peligro.
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