Han transcurrido en este 2022, 445 años de la fundación “oficial” de Saltillo, sin embargo, son pocos los edificios originales conservados, tuvo que surgir la idea de un reglamento o ley del Centro Histórico ideado por el gobernador Eliseo Mendoza Berrueto, para evitar que la picota de la ignorancia y la ambición derrumbaran los existentes.
Lo que hoy conocemos como Centro Histórico ha vivido, ha oído, ha visto más de cuatro siglos de aconteceres que amalgaman como un gran mosaico la historia y la leyenda de la ciudad.
Don Eliseo, no solo presentó el documento para preservar la obra histórica, sino que emprendió un proyecto ambicioso. Había muchas cosas que conservar, pero también muchas que restaurar o reparar. Sin duda una de sus grandes obras fue recuperar el edificio del Colegio de San Juan (1878-1914), que sirvió para dar educación a decenas de ilustres ciudadanos, luego, tras la revolución, fue abandonado por los jesuitas que lo administraban y fue mal utilizado, hasta convertirlo en inmundas y aterradoras mazmorras, donde eran castigados muchos inocentes por la llama Judicial, para que confesaran delitos no cometidos.
Por muchos años el proyecto de preservar el Centro Histórico estuvo en la mente de autoridades estatales y municipales, pero en lugar de preservar la arquitectura que nos da identidad, permitieron que se fuera destruyendo, como el edificio del Hotel y Banco de Coahuila en la confluencia de Allende y Victoria, solo por citar un ejemplo.
Unos a otros se habrán preguntado cómo embellecer nuestro Centro Histórico, conservar no solo sus edificios, sino sus costumbres, su tradiciones, sin alterar su esencia, como el paseo denominado “victorear”, con los jóvenes de épocas pretéritas, en el ir y venir de muchachas y muchachos desde Allende hasta la Alameda, para conseguir novia o novio en una armoniosa conjunción de respeto y seriedad, para lograr uniones matrimoniales duraderas.
Si se quiere se puede embellecer el Centro Histórico de Saltillo, sin atentar contra sus tradiciones, mejorar su imagen urbana sin que pierda su identidad, modificar sin alterar la cultura y la historia, sin deteriorar su memoria.
Porque la tradición no excluye la modernidad, ni el embellecimiento, ni la funcionalidad, ni la estética, ni la historia, porque conservar no significa abandonar, no significa
desechar, conservando su elegancia, su belleza, su tradición y su sobriedad.
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