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Perdona, ¿estás ligando conmigo?

  Por Agencias

Publicado el jueves, 5 de marzo del 2015 a las 22:34


Chica conoce a chico. Chico se fija en chica. Chica es simpática con chico.

España.- Chica conoce a chico. Chico se fija en chica. Chica es simpática con chico. Chico cree que ella está ligando con él. Chica termina por darle calabazas. Al chico le extraña. Seguramente, esta secuencia de acontecimientos le ha pasado a todo hijo de vecino. En un bar nocturno, en el trabajo o con un amigo de toda la vida. Y que nadie se ofusque: también ocurre al revés. Fuente: El Mundo

Los rechazos son duros, pero cuando ha habido un malentendido previo, el chasco resulta aún mayor. “Pero si parecía que le gustaba…”. Pues no. La raíz del problema no se encuentra en la actitud de los hombres ni en la mente de las mujeres. Ambos sexos comparten responsabilidad: a la hora de ligar, no siempre se entienden.

“Somos muy malos detectando si otros están ligando con nosotros”, asegura Jeffrey Hall, un investigador en comunicación de la Universidad de Kansas. Hall se dedica desde hace años a estudiar los comportamientos que adoptan las personas a la hora de ligar y cómo son interpretados por el objeto de su deseo. Según sus trabajos, cada uno desarrolla su propia táctica para acercarse al otro y enviarle señales, en función de su personalidad e intenciones.

Cinco estilos a la hora de ligar

A pesar de la variedad, Hall ha diferenciado cinco estilos generales que engloban todos los demás: el físico (se basa únicamente en el lenguaje corporal), el educado (con gestos correctos y nulo contenido sexual en la conversación), el jugueteo (nada de romance, solo se hace por diversión), el sincero (establece una profunda conexión emocional) y el tradicional (el hombre da el primer paso). Si tienes curiosidad por saber cuál es el tuyo, puedes rellenar este cuestionario.

En su estudio más reciente, Hall ha ido un paso más allá, relacionando la comunicación verbal y la no verbal con cada una de las tácticas. Para su análisis, ha realizado un experimento muy parecido a otro que lleva tiempo rondando por la Red. Circula la teoría de que si dos desconocidos hablan lo suficiente y de los temas adecuados, pueden enamorarse en un solo encuentro. Según los resultados que ha obtenido Hall, no parece tan fácil.

Observó el comportamiento de 51 parejas de personas heterosexuales que no se conocían previamente, pidiéndoles que rellenasen antes un test parecido al que te hemos propuesto más arriba. Tenían que charlar durante unos 10 minutos mientras les grababan. Además, disponían de tarjetas con preguntas que les ayudarían a conocer mejor al otro y mantener una conversación fluida.

Después de disfrutar (o sufrir) de este tiempo en compañía, tenían que determinar el grado de atracción que habían sentido por su pareja de experimento. Hall y su equipo revisaron los test iniciales, los vídeos y las valoraciones finales. Consideraron 36 estrategias de expresión verbal – hacer cumplidos, preguntar o revelar información – y no verbal – cruce de piernas, contacto con las manos o jugar con objetos.

Como es evidente, los que tenían un estilo sincero reían más exageradamente y mostraban interés de forma más abierta. Los tradicionales actuaban con recato. Los educados eran los más discretos, tanto que “este tipo de flirteo no es obvio para la persona por la que sienten atraídos”, dice Hall. Así difícilmente iban a comerse un colín. Por su parte, los que dejaban relucir su supuesto amor solo con su lenguaje corporal se volvían sumamente tímidos en las distancias cortas porque “no se sienten cómodos”. Son más de exhibirse, como un cuadro.

Cada persona, un estilo

Fuera cual fuera la estrategia, los investigadores llegaron a la conclusión de que, a la hora de ligar, la mayoría de las personas son bastantes sutiles y cada uno actúa de una manera. Por eso, porque existe tanta variedad, el entendimiento resulta difícil: a veces ni nos percatamos de que nos están tirando los tejos y otras nos equivocamos al asumirlo. Es como si todos y cada uno de los habitantes del planeta hablara un lenguaje distinto y trataran de comunicarse entre ellos.

Existen además otras teorías que explican esta aparentemente eterna incomprensión. Una, denominada de la ‘gestión errónea’, echa la culpa a la naturaleza. La evolución ha llevado a los hombres a sobreestimar cada oportunidad de transferir sus genes para no perder ninguna: mejor subirse a todos los trenes que pasar por alto el bueno. Para su desgracia, las mujeres han desarrollado la estrategia contraria: son despistadas (o se lo hacen), y así no se lanzan a los brazos del primero que pase arriesgando el bienestar de sus futuros hijos.

La segunda hipótesis señala a las normas sociales como responsables: en aquellos sitios donde existe menos igualdad de género, las malinterpretaciones son mayores entre los hombres; mientras que, en lugares con una cultura igualitaria, ambos sexos suelen equivocarse por igual. No obstante, un reciente trabajo de investigadores de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Noruega demuestra que esta asunción no se cumple.

Han simulado un estudio realizado en Estados Unidos, pero esta vez en el país escandinavo, donde los ciudadanos son más liberales en sus relaciones entre sexos. Han preguntado a 308 estudiantes si en alguna ocasión habían malinterpretado sus intenciones. El 88% de las féminas afirmaba que les había pasado al menos una vez, frente al 70,6% de los hombres, unas cifras muy parecidas a las del experimento estadounidense (90 y 70, respectivamente). Según los resultados, la cultura no influye en los malentendidos.

La mala noticia es que que estamos condenados a no entender los gestos del otro en lo que a ligar se refiere; la buena es que “somos buenísimos entendiendo que la otra persona no muestra el menor interés”, afirma Hall. Las medias tintas y las sutilezas nos confunden.

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