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Coahuila

Philippe Lefebvre

Por Joel Almaguer

Hace 4 años

Me dirijo a paso tranquilo por la Rue Rivoli. Camino por la acera del museo de Louvre mientras contemplo la noche que ya ha comenzado. Los negocios comienzan a cerrar y la gente se dispersa por el paso interior del museo y las calles aledañas.

Sigo directo hasta la iglesia Saint-Germain- l’Auxerrois entre la fría noche que me envuelve y llego al Pont Neuf entre recuerdos cortacianos que reverberan entre las piedras del puente más antiguo de la ciudad de París.

Entre calles me acero cada vez más a la iglesia de Notre-Dame donde en unos minutos más comenzará un concierto de órgano por parte de Philippe Lefebvre, uno de los tres organistas principales de la catedral parisina.

Antes de cruzar la calle y caminar por el atrio, me detengo a contemplar la catedral de piedra iluminada que se levanta ante mis ojos mientras por mi mente transcurren los compositores que han pasado por aquí desde la llamada escuela de Notre-Dame, hace tantos siglos atrás. Sin más, camino directo hasta la entrada mientras palpo, por enésima vez, el boleto que guardo en la bolsa de mi saco.

Los turistas no son tantos como en otras temporadas y la iglesia, además, ya ha cerrado sus puertas a los transeúntes para recibir únicamente a los que presenciaremos la transfiguración de uno de los organistas más notables de nuestro siglo.

La nave de la iglesia permanece en silencio, entre la penumbra y la frialdad de la piedra. La oscuridad engulle los vitrales laterales donde se cuentan historias de fe. Las famosas rosetas se esconden majestuosas en lo alto de la iglesia. Desde lo alto del coro, los tubos del órgano esperan a las manos y los pies del organista para desplegar toda su majestad: hoy seré testigo de la transfiguración de Philippe Lefebvre.

Tomo asiento casi hasta enfrente, a unos pasos del altar. La música de los compositores de hoy me tocará en lo profundo, llenándome de asombro, de belleza sonora. El sonido inmenso, los gritos desgarradores del majestuoso órgano mientras suena la música de Karg- Elert, Vierne, Dupré, Debussy me trastocan. Músicos que dejaron impresa en partitura su visión de un mundo en medio de la Gran Guerra. La catedral retumba en las cimas de la desesperación para luego caer en un recogimiento inusitado, luminoso, que emerge de las extremidades de Lefebvre.

Luego de esto, nada será lo mismo.

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