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Publicado el martes, 5 de agosto del 2025 a las 04:03
Ciudad de México.- La declaratoria del Gobierno capitalino que reconoce como Patrimonio Biocultural a las terrazas agrícolas de herencia prehispánica en cuatro alcaldías del suroriente abre la puerta para ampliar el reconocimiento que tienen ante la UNESCO la Ciudad de México y Xochimilco como bienes de la humanidad.
Así lo sugiere Fernando Chiapa, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
La distinción de la UNESCO, vigente desde 1987, reconoce como Patrimonio Mundial tanto al Centro Histórico como al paisaje chinampero de Xochimilco, conformado por redes de canales e islas artificiales que ejemplifican la labor mexica para construir un hábitat en un entorno hostil.
Pero, según Chiapa, el sistema va más allá de las chinampas. También comprende las terrazas agrícolas en laderas, que no están incluidas en la declaratoria actual.
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Se podría solicitar una extensión, porque son un sistema: si no captas agua de los cerros, no habrá agua en las chinampas. Así ha sido desde la época prehispánica. “Tiene sentido extender el polígono hacia zonas cerriles, especialmente a las terrazas agrícolas”, señala Chiapa, quien también destaca el papel de los ejidos.
Tras el reconocimiento del Gobierno de la CDMX, otorgado el 6 de junio a las terrazas de Xochimilco, Tláhuac, Milpa Alta e Iztapalapa, se propone incorporarlas al listado mundial.
La Dirección de Patrimonio Mundial del INAH, enlace con la UNESCO, ve viable la iniciativa, según Chiapa, coordinador del comité de la CDMX del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios
(Icomos).
Ampliar el polígono contribuiría a preservar el sistema frente a amenazas como los asentamientos irregulares que avanzan hacia los cerros.
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Sería un instrumento importante desde el punto de vista legal”, añade.
También impulsaría el plan de manejo exigido por la UNESCO.
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Tenemos un compromiso pendiente que no hemos cumplido como Estado”, advierte.
Existe un plan de conservación elaborado por académicos de la UAM Xochimilco, chinamperos y ejidatarios, con participación de estudiantes de posgrado de Arquitectura y Planeación Territorial, detalla el también académico de la UNAM.
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Las terrazas agrícolas son propiedad privada, pero el suelo es de conservación, al igual que las chinampas. Y el ejido es comunal. Por eso buscamos conciliar cerro, ejido y chinampa”.
Las amenazas son diversas.
A la falta de agua y cierre de canales se suman el turismo masivo y el crecimiento urbano que amenazan cerros y chinampas.
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La zona sufre el crecimiento desbordado de la Ciudad, que supera los 20 millones de habitantes. El polígono patrimonial alberga a más de 250 mil, enfrentando presión urbana constante. “Mucha gente ha ocupado el suelo de conservación ecológica dentro del polígono para vivienda. Es una complicación adicional”, señala José Gabriel Castro, académico de la UAM.
Algunos investigadores calculan alrededor de 800 asentamientos irregulares en suelo de conservación.
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Xochimilco es de las más afectadas, pero Tláhuac, Milpa Alta y Tlalpan también lo padecen”, indica.
Y añade la complejidad que implica la sobrerregulación administrativa, con múltiples programas urbanos, ambientales y delegacionales.
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Hay muchos instrumentos jurídicos, pero paradójicamente no hay entendimiento operativo por parte del Gobierno. “Muchas autoridades intervienen, y eso entorpece la gestión. Por eso proponemos, desde lo académico, un instrumento único que regule lo urbano, ambiental y patrimonial. “Es complicado conceptualmente, pero en varios países europeos ya se aplica”.
A propósito de los 700 años de Tenochtitlan, Castro considera que Xochimilco y el patrimonio del suroriente deberían ser protagonistas.
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Una canción popular dice: ‘Mi ciudad es chinampa’. Y así es: la CDMX y la cultura mexicana tienen como base la chinampa. Nos dio identidad, alimento y sustento para la ciudad prehispánica, virreinal e independiente. Es una herencia no tan reconocida, pero siempre presente”.
Incluso en la bandera nacional, el águila se posa en un islote que, dice Castro, “seguramente fue una chinampa”.
Y concluye: “Nuestra resistencia indígena sigue viva todos los días en este territorio”.
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