Arte

Publicado el viernes, 26 de febrero del 2021 a las 03:59
Saltillo, Coah-. “Hay una tendencia en la naturaleza de pensar que los niños no pueden hacer algo malo, que no pueden tener maldad”, sostiene la novelista canadiense Ashley Audrain, quien se propuso a dilucidar, un poco, el misterio del mal en El Instinto (Alfaguara, 2021) su debut literario con el que ha arrancado el aliento a sus lectores.
En esta novela, definida como un thriller sicológico, la autora presenta a Blythe y Fox, una pareja común cuya conexión instantánea los lleva a formar una familia y planes a futuro… hasta que algo llega a ellos a romper con esa historia que, poco a poco, se convierte en un descenso al infierno, el de Violet, su hija.
De esta forma, El Instinto, se convierte en una exploración de la maternidad con todas sus virtudes y defectos. ¿Cuáles son las expectativas que tiene la sociedad para con una madre y cuáles tiene esa madre con el proceso mismo de la maternidad? Y ante esa inmensa carga social, el cuerpo femenino se quiebra y la salud mental se encuentra al borde del precipicio, como le sucede a la protagonista del libro, pero que en la realidad son temas que han sido callados durante generaciones bajo la idea de que ser madre es el mayor regalo que puede existir pero ¿esto es cierto siempre?
“Quería explorar esas expectativas que se nos imponen como madres: la realidad frente a las expectativas es un tabú y parte de este es que podemos lamentar haber tenido hijos, desear nunca haberlos tenido y es muy difícil hablar de eso, y ese es el tema que quería explorar: estar atrapada en la maternidad y lamentar haber decidido tener hijos”, explicó Audrain ayer en un acercamiento virtual con los medios, en la que estuvo acompañada de la directora literaria de Alfaguara España, Pilar Álvarez.
Si bien la maternidad es la punta del iceberg, El Instinto revela un doble fondo reflexivo aún más complejo: el mal. ¿En dónde surge este?, ¿es por naturaleza como sostenía el filósofo Thomas Hobbes o, por el contrario, es la sociedad quien rompe la bondad de un niño y lo vuelve malo, como pensaba Jean Jacques Rousseou?
“Una de las preguntas que exploro en el libro es la idea de lo innato frente a lo aprendido. La idea de que, con lo que nosotros nacemos, es inescapable, y al lado está lo que aprendemos, lo que está a nuestro alrededor: la forma en que nos tratan, la conducta que vivimos. Siempre me ha parecido muy interesante todo esto y creo que de ahí procede, realmente, Violet, la niña.
“A menudo cuando veo algo terrible en las noticas, cuando alguien ha hecho algo espantoso como, por ejemplo, un asesinato, creo que tenemos la necesidad sicológica de preguntarnos quién es esa persona, de dónde procede y de quién. Pero lo que yo siempre pienso es ¿quiénes son los padres de esta persona?, ¿quién lo crío?, ¿quiénes lo educaron? Pero no para juzgarlos en absoluto, sino con curiosidad, para pensar si sus padres creían que su hijo era capaz de hacer algo así y por qué no se dieron cuenta”, detalló.
Laberinto oscuro
El que este libro recorra, en total oscuridad y suspenso, el lado oscuro de la maternidad no es de extrañar, ya que Audrain comenzó a escribirlo cuando su hijo tenía 2 semanas de nacido y tuvo que llevarlo al hospital, en donde pasó una gran temporada. Y, si bien, su historia no es la de Blythe, sí fue una marca desde dónde arrancar este thriller: el desahogo emocional ante una carga tan pesada como el miedo ante la pérdida de un hijo.
Aún así ficción y realidad nunca se juntan en este trabajo, explicó la narradora, quien señaló que, aunque sí fue un esfuerzo aprender a desapegarse como autora de la vida de su personaje, especialmente, porque ambas cruzaban la misma situación, no fue tan difícil.
“El libro no es autobiográfico y hay una separación muy clara de Blythe, sí que hay un montón de emociones en el libro, experiencias que he sacado de mi propia vida, sobre todo cuando tuve a mi bebé”, apuntó y agregó que, sin embargo, “escribir la parte más oscura de la novela no fue tan difícil separarme como narradora y madre, porque siempre escribía fuera de casa. El hecho de estar alejada de mi casa me permitía entrar en otro espacio. Mientras que en el proceso de explorar esos lugares tan oscuros, uno como escritor o escritora, tiene el control directo sobre lo que escribe y cuando tienes ese control, es menos devastador”.
El Instinto está pronto a ser lanzado en 30 países y eso tampoco puede ser coincidencia. En Latinoamérica, especialmente, ha habido de un tiempo hacia acá una explosión de literatura sobre las llamadas “maternidades disidentes”. Entre estos nombres están la chilena Lina Meruane y su Contra los Hijos; la peruana Gabriela Wiener y sus crónicas de Nueve Lunas; o las mexicanas Brenda Navarro y Guadalupe Nettel con Casas Vacías y La Hija Única, respectivamente.
Para Audrain, ahora “hay una cierta tendencia de escribir desde los aspectos más tenebrosos de la maternidad, pero creo que es porque la maternidad está ligada a un miedo terrible, que es que le pase algo al niño, y ese miedo es tan fuerte como el amor de la madre.
“Eso es precisamente lo que las mujeres que han escrito sobre la maternidad es lo que han querido explorar, porque es el miedo a que le pase algo a tu hijo o que uno no haga algo bien como madre.
“No creo que haya otros lugares en los que las mujeres puedan hablar sobre esto, la literatura se presta porque en nuestra vida normal no hay un lugar en el que podamos abordar este tema normalmente. No creo que una mujer pueda tratar esto abiertamente sin sentir que hay algo malo, algo que les falla; algo que las buenas madres tienen y ellas no. La literatura es el lugar donde se puede abordar este tema”, concluyó la autora.
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