Arte

Publicado el miércoles, 17 de junio del 2026 a las 04:01
Ciudad de México.- Cuando la curadora le explicó de qué se trataba, la pintora Aliza Nisenbaum (Ciudad de México, 1977) creyó que era una broma: “Son los Obama, esto es histórico. Quieren una obra maestra”.
“
Querían una pintura para el espacio entero; pensé que no podía hacer algo así, que era demasiado”, confiesa en entrevista la artista mexicana radicada en Queens, Nueva York, al hablar de la obra que le fue comisionada para el Centro Presidencial Obama, que abrirá el viernes en el Jackson Park de Chicago. “Pero después te pones a la altura, y ya está”, responde, franca.
Tras firmar un acuerdo de confidencialidad y 2 años de trabajo, su obra ya luce en la biblioteca pública del Centro. Son alrededor de 21 metros de largo distribuidos en 12 paneles.
“Nunca la vi completa en mi estudio, porque no tenía espacio suficiente”, confiesa Nisenbaum. “Sólo la vi una vez ya instalada”.
Nisenbaum, quien con ésta ha creado su obra más grande, y más exigente, es la única artista mexicana entre 30 comisiones para el Centro, junto a creadores como Mark Bradford, Julie Mehretu, Idris Khan, Nick Cave y Marie Watt.
Fue Virginia Shore, curadora, quien la buscó.
“No sé cómo me encontraron, pero me encontraron”, expresa Nisenbaum, quien unos años antes había expuesto en el Queens Museum, y quien en 2023 retrató a algunas divas de la ópera para la Met de Nueva York.
Para la comisión del Centro Obama, pudo trabajar con total libertad. “Me dejaron hacer lo que yo quisiera”, dice.
El mural, titulado Reading Circles/Weaving Dreams/Seeding Futures, explora el aprendizaje y el conocimiento a través de tres escenas interconectadas: un jardín urbano que simboliza el crecimiento colectivo y la siembra de ideas, un círculo de lectura que representa el aprendizaje colaborativo y la transmisión de conocimiento, y la noche del conocimiento, enfocada en los sueños y el conocimiento artístico.
“Pensé en las tres ideas, en lo que de verdad significa aprender, en los principios básicos”, recalca la mexicana.
Comienza por la derecha, con la mañana: sembrar el conocimiento para las generaciones futuras. Al centro, el mediodía: el saber como espacio comunitario, los círculos de lectura. Y a la izquierda, la noche: “El soñar, que fue una parte tan importante del mensaje del presidente Barack Obama”.
En colaboración con el propio expresidente estadunidense (2009-2017), eligió retratar a seis escritores y personalidades para el mural. En blanco y negro, pintó a los ya fallecidos, y a los vivos en color. Y así, junto a Toni Morrison, Juan Felipe Herrera, Walt Whitman y James Baldwin, aparecen Robin Wall Kimmerer y Maxine Hong Kingston.
El día empieza con México. En el extremo derecho aparece un árbol de la vida en barro y, junto a él, una mujer que lee el periódico. Hay abejas y un huerto que, en palabras de la artista, remite al jardín que Michelle Obama instaló en la azotea de la biblioteca, además de flores del Medio Oeste estadunidense.
Más abajo, una madre y una hija secan flores entre las páginas de un libro como metáfora de “la semilla de la planta y la semilla de las ideas”.
Nisenbaum se inspiró en algunas bibliotecas públicas de Chicago, en la zona donde se ubica el Centro, en los antiguos ficheros de consulta hoy conservan sobres con semillas.
“Las bibliotecas ahora guardan semillas, semillas reales de la naturaleza”, comparte. “Me fascinó pensar en cómo la naturaleza se archiva en una biblioteca”.
El corazón del mural es un círculo de lectura: La Nobel Morrison, en blanco y negro, le lee a un grupo de niños. A su lado, Herrera, primer poeta laureado chicano de Estados Unidos, comparte con otros pequeños.
Entre los infantes, Nisenbaum se pintó a sí misma de niña, vestida de azul, en un guiño a Diego Rivera, quien se autorretrató como niño en el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda. E incluyó a un pequeño que podría ser Obama.
“Son dos infancias para que un niño pueda aspirar a ser artista, como yo, o ser un joven presidente, como él”, añade la artista.
Nisenbaum se representó también ya adulta, en alusión al discurso de Obama por el 50 aniversario de las Marchas de Selma a Montgomery por los derechos civiles en 2015: “Somos narradores, escritores, poetas, artistas que aborrecen la injusticia, desprecian la hipocresía, dan voz a los sin voz y dicen las verdades que deben ser dichas”.
En la primera sección, junto a Whitman, en blanco y negro, citó: “Somos grandes. En palabras de Whitman, contenemos multitudes. Somos bulliciosos, diversos y llenos de energía, perpetuamente jóvenes de espíritu”.
Nisenbaum suele incluir motivos textiles en sus pinturas para evocar el “tejido como forma de narrar historias”. Y el mural no es la excepción: unas manos tejen y destejen motivos de animales de los textiles otomíes en combinación con formas geométricas de los tejidos kanga de Kenia, país de origen del padre del Obama. “Pensaba mucho en la Odisea, en cómo Penélope teje y desteje”, explica. “Todos esos textiles tratan de cómo el tejido enlaza a las personas, la tradición y la historia, pero también el acto de contar”.
La izquierda es la de la noche del pensamiento: “aquí comienza la imaginación”.
Asoma al fondo una estatuilla prehispánica de cerámica, de Jalisco, que representa a un narrador que Nisenbaum pintó acompañada de un perro xolo, referencias tomadas del Art Institute de Chicago. Además de una figurilla de porcelana china que representa a una mujer embarazada, en alusión a la metáfora de Platón sobre estar “embarazada de conocimiento”.
Incluyó una tercera cita del discurso sobre Selma: “Somos inventores del gospel y el jazz y el blues, el bluegrass y el country y el rock and roll y nuestro propio sonido con el dulce, el dolor y el sonido imprudente de la libertad”.
Al incorporar letreros de ciertas calles de la ciudad, como Ida B. Wells, Nisenbaum buscó representar la “intersección de la geografía local, la historia de las ideas y los movimientos sociales”.
Pero también encierra un vínculo personal con la urbe: en Chicago es donde Nisenbaum se hizo pintora.
“Llegué a los 21 años y viví en el área mexicana, en todos los barrios”, recuerda. “Ahí aprendí a ser artista, ahí viví sola por primera vez. Conozco todas las zonas de Chicago y hay una población mexicana enorme. De verdad es un gran honor para mí”.
Para ella, el legado de Obama está vinculado con su biografía: “Un organizador comunitario, un maestro, un académico”.
En particular, destaca una idea del ex Presidente: valorar el saber y entenderlo como un poder al que a nadie le puede ser arrebatado.
Al final, dice, todo el mural es un acto de narrar. “Es mi historia, su historia, la historia de los textiles y de las cosas que vienen”. Y concede: “Sí, soy una contadora de historias”.
El mural se revelara con la apertura del Centro Obama; hasta ese momento podrá contemplarse íntegro.
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