Desde que el cine llegó para quedarse, permea a la vida cotidiana; una prueba de ello, son las frases que dejan la pantalla grande para ser incorporadas a nuestro día a día; una de estas frases icónicas es la que Dorothy le dice a su perrito Toto en una de las escenas del mago de Oz, “me parece que ya no estamos en Kansas”, si bien, la dijo tras sobrevivir a un tornado al llegar a un lugar desconocido, es común utilizarla actualmente para hablar de algo que sorprende; así me pasó a mi cuando visité el museo Pape, ahí me topé con algo que jamás imaginé, algo que me dejó con la boca abierta.
Sobre Kansas sé, que una banda de rock lleva ese nombre y que ahí nació Amelia Earhart la aviadora más célebre de todos los tiempos, si hablamos de mujeres famosas Amelia cumple con todos los parámetros exigidos para hablar de una mujer excepcional.
A las nuevas generaciones les parecerá más familiar recordarla porque es uno de los personajes que cobran vida en la película Una Noche en el Museo 2, aquí la aviadora estadounidense es interpretada por la actriz Amy Adams, quien se apega aun con la adaptación del personaje a transmitir el alma aguerrida de Amelia.
Earhart, por su parte fue la decimosexta mujer en obtener de la Federación Aeronáutica Internacional la licencia como piloto, una hazaña envidiable para cualquier mujer inclusive en este tiempo; además es celebre por batir marcas de vuelo, así como ser la primera en intentar el viaje aéreo alrededor del mundo siguiendo la línea ecuatorial.
En sus inicios poseía un aeroplano que llamó El Canario, en él sufriría varios accidentes, cosa que no la desalentó pues era comprensible en ese tiempo que sucedieran debido a la poca fiabilidad de los motores y la lentitud de las naves al volar; su primer récord lo batió volando a más de 4,267 metros de altura, después fue la primera mujer en cruzar volando el Océano Atlántico.
Impulsora incansable de la aviación para mujeres, formó una organización llamada las 99 que agremiaba a mujeres piloto, siendo ella la primer presidenta, su carrera en la aviación siguió en ascenso, fue la primera mujer que realizó un vuelo sobre el Atlántico en solitario, además de ser la primera persona en hacerlo 2 veces, alcanzó el récord de la distancia más larga volada por una mujer sin parar y en el menor tiempo; fue reconocida como una de las mejores pilotos de Estados Unidos, votada la mujer más destacada del año, y condecorada con La Cruz de Voladora Distinguida.
No sólo piloteó naves, en los inicios de su carrera durante un tiempo en el que dejó la aviación, se compró un automóvil al que en esta ocasión bautizó como, El Peligro Amarillo, sin duda un nombre épico como todo lo que se propuso; en éste vehículo acompañada de su madre recorrió los Estados Unidos con dirección a Boston, Massachusetts, despertando el interés de propios y extraños debido a que en esos tiempos era una novedad ver autos por los paisajes campiranos.
Realizó un tour por Europa, también voló de Los Ángeles a la Ciudad de México, sus proezas fueron sin duda impresionantes poniendo de manifiesto su ímpetu tenaz, su amor por la aventura, y de vivir la vida sin miedo, prueba de ello es lo que le escribió a su marido en una de sus últimas cartas, en la que se leía, “Por favor, debes saber que soy consciente de los peligros, quiero hacerlo porque lo deseo. Las mujeres deben intentar hacer cosas como lo han hecho los hombres. Cuando ellos fallaron sus intentos deben ser un reto para otro”.
Me parece que ya no estoy en Kansas, pensé, cuando hice un viaje a la ciudad de Monclova, Coahuila, ahí en el primer piso del museo me encontré de frente con Suzanne Lou Pape, inicialmente creí que era una reseña de Amelia, pero mi sorpresa fue la magnífica trayectoria de una mujer grandiosa en todo sentido, se trataba de una dama que aunque nacida extranjera vivió y dejó su alma en la ciudad del Acero.
Al leer los artículos sobre su vida que se encuentran dispuestos en el interior del museo, encontré muchísimas similitudes con la propia Amelia, Lou como cariñosamente se le dice en Monclova, también obtuvo su licencia de piloto en la década de los veinte, realizando un viaje de ensueño para su época volando de París a Marruecos.
No sólo era piloto, era una artista en toda la extensión de la palabra, en el museo se tiene registro de sus logros artísticos, así como una muestra de su buen gusto; cuando se estableció definitivamente en Monclova, no escatimó en esfuerzos para construir las bases que la hicieran una ciudad de primer mundo, en sus propias palabras señaló que todos sus logros eran para inspirar a los monclovenses, a que hicieran de ella una ciudad piloto, un modelo para el futuro.
Es difícil encontrar esta determinación de vivir la vida sin miedos e ir tras las metas que te propongas, sin embargo, no es imposible, una muestra de ello lo fueron Lou Pape y Amelia Earhart, mujeres valientes, tenaces, pioneras adelantadas a su época.
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