Saltillo.- La artista visual Karla Rangel se define a sí misma como “una paleoartista” y para quien conoce su trabajo es fácil entender el porqué: sus materiales son rocas que guardan la información de toda una era, “un especie de memoria USB del mundo”; también huesos, ahora petrificados, que antes fueron animales que respiraron sobre lo que ahora es el desierto coahuilense o, al contrario, nadaron y sobrevivieron en el antediluviano Mar de Tetis, que hace 70 millones de años cubrió esta región.
Su proceso tiene que ver con el pasado en el ahora. Pues camina en el pedregoso suelo que, seco por el calor, pareciera no tener nada, pero que en realidad guarda todo… para quien sabe mirar, explica, y ejemplifica con las rocas y fósiles que ha dibujado para las piezas artísticas que expone en la Galería María Alicia García Navarro, en el Centro Cultural Casa La Besana, bajo el título de Lítica.
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Estas piezas vienen de las derivas mentales que surgen al caminar, el recorrer un espacio, en este caso el desierto, sin buscar algo preciso, sino simplemente hacerlo. A partir de ahí, encuentro estas piedras, estos fósiles que me recuerdan que estoy en un espacio que hace millones de años fue más que desierto, fue un mar; un terreno vasto que está lleno de vida”, apunta sobre la muestra que se inauguró el jueves y permanecerá hasta marzo.Karla Rangel explora en su trabajo la relación con el desierto.
Si bien, las piezas son obras que abordan el tema central de su creadora, ahora el discurso es diferente, pues la curaduría de Thalía Barredo, de la Agencia Liquen, pensó la muestra para la sala del antiguo caserón del Centro Histórico, de la misma forma que lo ha hecho en otras muestras.
Así, los enormes lienzos cuyas líneas en ellos dibujan “las olas del Mar de Tetis fosilizadas en las piedra” cubren las paredes de forma horizontal, mientras otros caen como cascadas de tiempo en los ojos del espectador. Así, se consigue la idea “de los estratos de la Tierra. Los tiempos”, que se ejemplifica de forma mayor en cuando al ver la obra, se observan las ondulaciones de una de ellas.
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En esta ocasión fue Thalía la que repensó las piezas desde la piedra, más que desde el mar como lo había hecho originalmente. Ahora vemos las piedras, ese pequeño trozo de tierra comprimida que, a su vez, comprime el tiempo. Son, entonces, paisajes contenidos que a mí me parecen fascinantes, y eso es lo que quería mostrar”, explicó a Zócalo en entrevista.
Antropoceno
Entre las rocas delineadas y en el tiempo congelado, que el trabajo de Rangel revela otra interpretación: la ecológica. Ya que detalla que el antropoceno –como se le conoce a la época geológica definida por la humanidad–, dejará sus huellas para los habitantes del futuro, tal como el pasado lo ha hecho para ella.
Ahí se pregunta: “¿qué queremos dejar? Porque ya sabemos hacia dónde vamos” y se adivina en sus palabras un pesimismo ecológico.
Para ella, “siempre he dicho que soy una especie de paleoartista que dibuja el pasado de la Tierra, pero me parece que esto también tiene una visión ecológica sobre todo si lo vemos desde el punto de vista de lo cíclico, lo que se repite. Estas piedras tienen millones de años y ahí van a seguir, creándose, moviéndose y destruyéndose”, es por ello que los materiales que utiliza suelen ser amigables con el medio ambiente.
Según agrega “muchas veces no nos damos cuenta del problema que es el uso de materiales tóxicos que usamos. Yo tengo mucho cuidado con ello, porque a final de cuentas estoy pisando un territorio virgen en el que andan por ahí seres vivos, sus habitantes, que se quedarán y que están aquí, en estas piezas hechas con piedras, con pigmentos y demás”, concluyó.