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Coahuila

Plazas públicas en Saltillo: espacios descuidados

Por Federico Muller

Hace 4 años

Las teorías del urbanismo y las sociológicas, solo por citar algunas disciplinas que inciden en los asentamientos humanos y que fueron recientemente “probadas” en otras latitudes del mundo, resultaron exitosas ante el escudriño nacional para explicar la compleja realidad urbana; sin embargo, en México, han sido inoperantes, o por lo menos sus predicciones no han resultado tan acertadas como para considerarlas referentes en la toma de decisiones para definir trazos de vialidades o espacios públicos como parques y plazas.

Una de las causas de la derrota teórica ha sido el comportamiento impredecible de la sociedad, que no ha reaccionado como se esperaba ante determinadas situaciones muy propias de la conducta humana, como el interés por lugares públicos para practicar el ejercicio y la socialización. La despreocupación y apatía que nos caracteriza como sociedad civil, considero, se deriva de la idiosincrasia que tenemos como pueblo, a tal grado que con nuestra conducta se han roto robustos paradigmas urbanos.

Sin embargo, se esperaba que la clase gobernante respondiera de manera diferente al resto de la ciudadanía, y dispusiera de una agenda de planificación que ordene, priorice y atienda con diligencia las necesidades de la ciudad, en el mediano y largo plazo, o siendo aún más benévolos, quedarse con el beneficio de la duda en la probable respuesta segura y confiada a las demandas urbanas.

Esta agenda se compone de planes y programas, en cuya ejecución deben privar el sentido común y la impostergable responsabilidad de acrecentar el bien público, que es la razón de ser de la política entre los funcionarios, sobre todo de los gobiernos municipales, con los cuales la ciudadanía mantiene un vínculo más estrecho de colaboración y dependencia.

Un ejemplo en donde lamentablemente se han conjugado la dejadez de los ciudadanos y el desdén e ineficiencia de las autoridades municipales, ha sido el mantenimiento de las plazas públicas en Saltillo en las últimas cuatro o cinco décadas, espacios que han presentado una perversa constante: la falta de planificación en su diseño y mejora. El patrón que ha prevalecido, sin pretender abarcarlo todo, se puede descomponer en cuatro machaconas invariables, por supuesto además del abandono:

1.) Siembra de árboles en forma desordenada, caracterizada por especies no nativas, cuyas raíces han levantado banquetas y corredores de circulación peatonal.

2.) Plantación de césped en espacios bajo la sombra de árboles, paraguas natural que irremediablemente lo ha marchitado, dejando como resultado polvorientos páramos.

3.) Recubrimientos (pisos) de concreto, superficies de tierra negra, y bancas o asientos de metal o cemento, todos ellos utilizados en los espacios destinados a la circulación, vegetación y descanso para el peatón, descartando cualquier otra alternativa de materiales regionales más amigables con los ecosistemas semidesérticos de Saltillo, y cuya utilización, sin duda, puede disminuir los costos unitarios en relación con los que generan los usados habitualmente.

4.) Imágenes de espacios anárquicos y olvidados, ante la mirada del vecindario y visitantes, y por ende carentes de un paisaje que invite a la convivencia familiar y armonice con su entorno inmediato.

Desde luego siempre existen excepciones a la regla, y las plazas no escapan a esa máxima popular. En el afán de ser más puntual, se puede citar el siguiente caso: plaza Morelos, localizada en la parte oriente de la colonia República.

Con más de 50 años de existencia, mantiene sus corredores sin aparentes fracturas, gracias al modelo que se siguió de construir arriates para los árboles de argamasa y piedra bola alejados de las banquetas aledañas a las calles de asfalto. Tal parece que su diseño se encomendó a un arquitecto paisajista, quien también consideró bancas adosadas a muros de concreto y piedra, que han resistido, con un mantenimiento mínimo y sencillo, el paso de los años; estos espacios los conjugó con suaves desniveles en las banquetas que conectan en forma radial con un pedestal que soporta el busto de J. M. Morelos. Infortunadamente ese modelo no se replicó en otros emplazamientos urbanos.

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