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Coahuila

Poblanos y capitalinos competían por ver quién era el más abyecto ante Carlota

Por Rodolfo Villarreal Ríos

Hace 2 meses

Como se lo prometimos la semana anterior, lector amable, en esta ocasión nos ocuparemos de la reseña en donde se expusieron los pormenores de las celebraciones para festejar el cumpleaños de la mitad belga de la pareja. La crónica, como lo hemos realizado en las colaboraciones anteriores, la tomaremos tanto de la aparecida en el libro “De Miramar a México,” como del diario “La Sociedad.” En los reportajes, se mostraba que los poblanos no estaban solos en eso de sentir que, al postrarse ante la pareja austriaco-belga, se convertirían en nobles, a ellos se sumaban otros de similar catadura en la ciudad de México quienes, el 7 de junio de 1864, quisieron mostrar que su espinazo, también, era muy flexible. Nos ocuparemos sobre lo narrado acerca del comportamiento de los capitalinos celebrando a la distancia y los poblanos danzando alrededor de la parejita, dando inicio por esto último.

Un cronista a punto de llegar al paroxismo escribía la forma como lucía el lugar en donde se efectuó el bailongo para mostrarle a Carlotita cuanto la querían su desinteresados admiradores quienes pagaron para que aquello estuviera a todo lujo ya que “desde la calle hasta el pie de la escalera una alfombra de olorosas flores cubría el pavimento; en los cuatro ángulos del patio se levantaban otras tantas colosales pirámides cubiertas, de la base a la cúspide, de vasos de cristal con vivísimas luces de colores, que producían un magnífico efecto é iluminaban perfectamente la entrada del edificio: los concurrentes pasaban por entre una vistosa valla de naranjos, de armas en pabellón y de haces de banderas, colocado todo con la mayor simetría; en las paredes de la escalera se veían vistosos trofeos militares, apareciendo entre ellos las iniciales de Maximiliano y de Carlota, formadas con piezas de fusiles y con la gracia propia de los artilleros franceses; del corredor, adornado con sencillez y suficientemente iluminado, se pasaba a una antesala bien dispuesta; y se entraba en seguida al salón, cuyo adorno tan sencillo como elegante sorprendía agradablemente.” Tanto adorno no era sino la fachada para entorilar a quienes se dejaban guiar por el cencerro del que iba adelante. Pero ya adentro, pues a mostrarse sumiso en cuanto veían a la recién llegada. 

Sobre cómo se comportaban, nos lo narra ese cronista quien, al menos,  tuvo la precaución de no mostrar su nombre, así sus descendientes no tuvieran que avergonzarse de quien escribió: “Cuando penetramos en él, tenía lugar una escena tan nueva como interesante: S. M. la Emperatriz acompañada de sus damas de honor, lo recorría dirigiendo cariñosos saludos a todas y a cada una de las señoras que se encontraban allí, y que, en pie, esperaban y correspondían las expresiones de afecto con que las honraba la augusta y amable hija de los reyes.” Pues sí, nadie puede negar que Carlota era la hija de Leopoldo de Bélgica y que había sido educada para gobernar, lamentablemente se equivocó a la hora de escoger marido y vino a terminar en un sitio con el que nada tenía que ver, además de que en ese momento tenía que mostrarse más que encantada con aquellas pobres señoras a quienes seguramente sus maridos les ordenaron hacer hasta lo indecible para aparecer como la más agradable, nosotros lo llamaríamos de otra manera, ante la visitante. En medio de todo ello, se daba una “excesiva cortesanía de S. M.; la presencia de más de cien señoras, las más notables de la población, vestidas en su mayor parte con tanto lujo como elegancia, formando un cuadro erizado no de bayonetas pero sí de agudos dardos, que en el momento preciso eran lanzados por aquellos ojos fascinadores, cuadro que ni el bizarro capitán del siglo habría podido resistir; la luz de centenares de bugías; los voluptuosos acordes de una armoniosa orquesta; la cálida atmósfera impregnada de suavísimos perfumes que en aquel lugar se respiraba, formaban un conjunto tan bello, tan maravilloso y embriagador, que al contemplarlo se creía uno trasportado a las mágicas regiones del Oriente, y rodeado de las célicas huríes que el Corán hace entrever a los hijos del Profeta. Era aquello la realización del más hermoso sueño de la ardiente y poética imaginación del popular autor do las Mil y una noches.” Como se puede leer, al escribano le sobraba melcocha y estaba dispuesto a derramarla en cada una de las líneas que pergeñara, para comprobarlo veamos lo que sigue.

“Después que SS. MM. ocuparon el trono, que se elevaba en la cabecera principal de la nave del medio, se anunció la cuadrilla de honor, [si ya sabemos que esto es un asunto musical-danzante, pero al leerlo, no pudimos sustráenos evocar  aromas taurinos en donde se aparecen mozos de brega] que en seguida bailaron los soberanos y las personas que a continuación mencionamos, [en lo que lució como una versión “swinger light,” pero conservando una distancia prudente] en el orden siguiente: frente al trono S. M. el Emperador con la Sra. Guadalupe Osio de Pardo, y el Sr. general Brincourt con la Sra. Navarrete de Marrón; al lado opuesto S. M. la Emperatriz con el Sr. Prefecto político D. Fernando Pardo, y el Sr. general De Maussion con la Exma. Sra. Dolores Quesada de Almonte; a la derecha del Emperador el Sr. general Woll con la Sra. Emilia Cota de Tapia, y el Sr. Prefecto municipal D. Juan E. de -Uriarte con la Sra. D. Guadalupe Pardo de Pardo; y finalmente al lado izquierdo el Exmo. Sr. ministro honorario de Estado D. J. M. de Arroyo con la Srita. D. Guadalupe Almonte, y el Sr. coronel Jenningros con la Sra. Carmen Marrón de González.” Al terminar la pieza sin que se asomara ninguna cosa que alterara el Manual de Carreño, el reporte indica que concluida que fue esta cuadrilla, [nuevamente no pudimos desasociarlo del símil taurófilo] el Emperador con la mayor amabilidad invitó a los concurrentes á que bailaran otras piezas, y él mismo se dignó tomar parte en algunas de ellas.” Pero esta no era la fiesta de Max, sino de su consorte y el escribano volvió a cargar la suerte.

En ese contexto, describió como “S. M. la Emperatriz se presentó con un sencillo y elegantísimo traje blanco de seda. En la cabeza llevaba una hermosa corona de diamantes esmeraldas, y dos rosas, blanca la una y encarnada la otra; y a fe que no podía haber escogido mejor tocado, pues en él veíamos simbolizada la dignidad real a que dan mayor realce la virtud y la hermosura. Un soberbio collar de diamantes y unas riquísimas pulseras, también de piedras preciosas, completaban su lujoso adorno, haciendo resaltar la magnífica belleza y la natural modestia de su simpática fisonomía.” Cualquier cosa que usted estime, lector amable, seguramente pasó por la mente de quien escribió este párrafo. Tal vez por ello, se mostró cauteloso a la hora de referirse a las damas locales, no fuera a ser que en una de esas se excediera y le apareciera un marido celoso, así que se concretó a indicar que “no describimos los trajes de las señoras que concurrieron al baile, porque emprender esa tarea sería no acabar nunca; bástenos decir que algunas iban vestidas con verdadero lujo y casi todas con excelente gusto. Quizá en otra vez podamos ocuparnos con algún detenimiento de los trajes que más llamaron nuestra atención y de algunos otros pormenores; por hoy nos limitaremos a decir, que aun las personas más exigentes quedaron satisfechas, que nuestras amables paisanas ostentaron esa noche los encantos de que el cielo las ha dotado con mano pródiga, y que no habrá quien no recuerde con placer las horas que pasó en aquel espléndido baile, que por fortuna fue del agrado de los augustos personajes en cuyo honor tuvo lugar.” No podía faltar la consabida tirada al piso ante los visitantes quienes “a las doce y media [lo bueno fue que el carruaje no se les convirtió en calabaza y los caballos en ratoncitos] se retiraron SS. MM. manifestándose altamente complacidos y dando repetidas veces las gracias con exquisita urbanidad. Desde el salón hasta su coche fueron acompañados por la mayor parte de los concurrentes en medio de las más vivas y entusiastas aclamaciones; pues todos á porfía se esmeraban en demostrarles el amor y la lealtad, el respeto y la admiración de que son y serán siempre el objeto más digno.”  No es difícil imaginarse los comentarios que despertaron entre la pareja austriaca-belga el comportamiento de aquellos payos disfrazados de lo que no eran, pero a quienes les habían hecho creer que ya alcanzaban el grado de “nobles. Para comprobarlo, revisemos lo que a continuación se describió.

“No queremos concluir sin decir antes, que con la más positiva satisfacción hemos oído en esa memorable noche los apasionados brindis por el Emperador y la Emperatriz, que, con entusiasmo, quizá con delirio pronunciaron algunos individuos que todavía ayer eran tachados de desafectos al Imperio. Este hecho revela que al fin ha llegado la época, que tanto deseábamos, en que, olvidándose hasta las antiguas denominaciones de los partidos, comience a formarse el único que debe existir, el de los hombres que sinceramente anhelan la felicidad y el engrandecimiento de su patria.” No existía duda, aquellos poblanos estaban en-can-ta-dos, Maximiliano y Carlota les habían hecho creer que lograban el doctorado como jefes de la cuadrilla cuando en realidad no eran más que simples peones de brega, eso sí algunos con la vena poética para escribir floritura y media sobre los europeos. Pero no se vaya a creer que eso de celebrar el natalicio de Carlota era exclusivo de los poblanos, a 28 leguas (+/- 132 km.) al noroeste, en la ciudad de México, algunos decidieron salir a probar la flexibilidad del espinazo pues próximamente habrían de mostrar que tal andaban en ese aspecto. Por lo pronto, festinaban a la distancia, ya tendrían tiempo de mostrar su lacayismo. 

Acorde con la reseña publicada en “De Miramar a México,” el aniversario fue celebrado con demostraciones de indecible júbilo en todas partes, siendo muy notable el entusiasmo con que se hizo en la capital del Imperio. En ella se había dispuesto que un victor numerosísimo de señoras recorriera las calles en la noche del 7, pero un fuerte aguacero impidió que se realizara este intento. El victor pues se compuso” de hombres, de las principales familias de la capital. He aquí una relación escrita por una de las personas que a él concurrieron.” No pues sí, no era cosa de exponer inútilmente a las señoras a un resfriado, a la hora de la verdad iban a ser muy útiles para acercarse a Carlotita. Para enfrentarse a cualquier inclemencia climatológica estaban los bragados quienes no podían quedarse sin practicar. 

Decididos a mostrar de que estaban hechos, “desde las ocho de la noche comenzaron a afluir al portal de Santo Domingo abogados distinguidos, honrados comerciantes, laboriosos y acreditados artesanos, jóvenes estudiantes de las primeras familias de la corte, hombres de todas edades, los más de ellos conocidos por honrosos antecedentes en diversas carreras y profesiones.”  Todos ellos aspirantes a convertirse en la crema y pus del “maximilianato.”  Entre todos formaban “una numerosa reunión de más de doscientas personas, precedida de una excelente música, seguida de coches tirados por hermosos troncos de frisones que conducían muchas familias acomodadas, y alumbrada por infinidad de enormes hachas de cera, comenzó a victorear a nuestra Emperatriz, con un entusiasmo que rayaba en el delirio.” Con toda certeza ya habían aceitado el gaznate con algo mas que agua de Jamaica.  En plena animación, el desfile “se puso luego en marcha por las calles de Santo Domingo; y era de ver la manera graciosa y apasionada con que las señoras de esas dos calles correspondían a los gritos de “Viva nuestra amada Emperatriz,” agitando rápidamente sus pañuelos, palmoteando con entusiasmo, y no pocas gritando vivas con el mismo ardor con que lo hacia la multitud paseante.”  Por supuesto que las señoras lanzaban sus porras bien guarecidas y desde la altura de los balcones de sus casas, los vestidos de gala ya habían sido guardados para cuando se presentara la ocasión de hincar la rodilla y agachar la testa ante Carlotita. Pero, volvamos a la marcha [que] continuó por el Empedradillo y las Cadenas, por el frente de Palacio, donde se detuvo la concurrencia; y, después de tocada una hermosa pieza de música se victoreó con el mayor entusiasmo a nuestra augusta Soberana repetidas veces, y en seguida á los señores conde y condesa de Zichy, al señor marqués de Corio y a las demás personas de la comitiva imperial que se hallan alojadas en aquel edificio. Lo mismo pasó por el costado de Palacio que da frente al Volador; y después por el Puente del Correo Mayor y calle de la Moneda, llegó la concurrencia al frente del Arzobispado, donde se detuvo victoreando sin cesar á S. M. la Emperatriz Carlota y á S. M. nuestro Emperador Maximiliano I.” Estos de la orfandad no la podían negar, ni cuando gritaban, ni al momento de escribir, le tiraban a todo lo que se moviera en busca de ver quien los adoptaba. Habían llegado al sitio en donde estaba el jefe de jefes de la traición, el arzobispo de México, Pelagio Antonio De Labastida y Davalos, si ese que había ido a Roma a gestionar el apoyo de Pio IX; el mismo que años después extorsionaría al presidente Díaz Mori a la hora en que Delfina, su esposa moribunda, pedía confesión; y después, a cambio de otras canonjías, casaría a Díaz con doña Carmelita, pero eso sería después, en aquel junio de 1864 estaba enfrascado en ver como recuperaría la riqueza, mal habida, que le había sido retirada por culpa de esas leyes que expidieron LOS HOMBRES DE LA REFORMA. Por si alguien aun tiene dudas sobre el tipo de traidor que era el arzobispo De Labastida, les dejamos el siguiente párrafo tal cual aparece en el texto:

 “Sosegado un poco el entusiasmo, se presentó en su balcón el Ulmo. Sr arzobispo [Labastida], y fue saludado con repetidas y entusiastas aclamaciones s hasta que hizo alguna indicación de que quería hablar. Un profundo silencio reinó en aquellos momentos, y S. S. Illma. con voz clara y sonora, pero alterada por la emoción propia de las circunstancias, dijo poco más ó menos lo siguiente: “Señores, no olvidemos que al a magnánima y generosa Francia, que nos ha cubierto con su glorioso pabellón, debemos el haber alcanzado la dicha de constituir un gobierno nacional conforme a la voluntad de la mayoría y apropiado a las circunstancias de nuestra patria. No olvidemos que al genio inmortal del ilustre Emperador de los franceses debemos esta situación de verdadera libertad, de bienestar y de aptitud para conseguir el engrandecimiento de nuestra patria, mediante el gobierno de nuestro amado Soberano Maximiliano I, con la cooperación de su Augusta esposa la Emperatriz Carlota, cuyo feliz natalicio celebramos hoy con tanto júbilo. Viva, pues, ¡el Emperador Napoleón III! ¡Viva la Emperatriz Eugenia! ¡Viva el Príncipe imperial de Francia! ¡Viva nuestro augusto Soberano! ¡Viv a nuestra amada Emperatriz Carlota! Por mil y mil años, viva, ¡viva!” Lector amable, le ofrecemos una disculpa por las nauseas que pudiera haberle causado la lectura de esta bazofia, pero en esto de la historia no hay como presentar las cosas tal cual para que después no quieran vendernos engañifas edulcoradas. Eso era solamente el principio de como aquella noche el tal Pelagio estaba dispuesto mostrarse en toda su abyección y lacayuna actitud. Y nada de que somos herejes, actos como este nada tienen que ver con El Gran Arquitecto. Claro que todos los concurrentes a aquel evento se persignaban en cuanto veían una cruz, pero esa noche andaban tras de la ternera de oro y actuaban en consecuencia.

Por ello, la reacción ante el discurso de Pelagio Antonio “no conoció límites, y obra de romanos sería el describirlo. Renunciamos a ello. Siguió inmediatamente una diana que no contribuyó poco á enloquecer de gozo a los concurrentes. Mientras se tocaba, una buena parte de la concurrencia invadió el Palacio Arzobispal, se presentó respetuosa pero alegremente ante el Illmo. Sr. arzobispo, y después de darle mil muestras de su respeto y simpatías, le suplicó fuese su intérprete para con S. M. la Emperatriz, felicitándola inmediatamente por su feliz cumpleaños.” Aquella era la noche para que De Labastida y Davalos mostrase ante los mexicanos los niveles que podría alcanzar en términos de mostrarse como un apátrida, nada de que nada mas en el extranjero podía comportarse de esa manera. Ya lo había demostrado en la arenga que les dirigió desde el balcón, ahora era cosa de dejar constancia escrita. 

Como respuesta a la solicitud, “S. S. Illma. [De Labastida y Davalos] accedió gustoso… y redactó en el acto una bien sentida, aunque corta felicitación que firmó, leyó desde el balcón a la multitud, y envió en seguida al despacho del telégrafo. Los vivas se repitieron con nuevo entusiasmo hasta que una voz fuerte los hizo cesar, dando un nuevo giro á las ideas del momento: “Señores, dijo en presencia del venerable jefe de la Iglesia mexicana, y ante el magnánimo y tierno corazón de la Emperatriz Carlota, nuestra madre, [¿alguna duda de la orfandad de estos fulanos?] protestamos firmemente deponer todos los odios y ser siempre hermanos de nuestros compatriotas los disidentes: protestamos verlos siempre como hermanos, aun cuando ellos, por mi lamentable error, nos consideren sus enemigos. Señores, viva la unión, viva la fraternidad, viva la paz. Viva, viva, fue el grito unánime que se repitió por mucho rato, como si aquella multitud tan entusiasta como ilustrada, comprendiese que necesitaba insistir mucho en ese “viva” incesante, para protestar sus sentimientos de amor y fraternidad hacia los que todavía engañados quieren mirar como enemigos suyos a los que son amigos de la Patria, de la Religión o la Independencia, de la verdadera Libertad, del Orden y del Verdadero Progreso.” De poco les valía la supuesta ilustración, actuaban como rebaño guiado por la oveja que se colocó por delante, ¿Quién actuaba de perro ovejero?

 Al parecer lo fue un fulano anónimo ya que, “acallado un tanto el entusiasmo, otra voz no menos fuerte se levantó para pedir la bendición episcopal: todo el mundo enmudeció y se descubrió; y el venerable prelado dio la bendición a aquella numerosa y católica concurrencia con la gravedad tan propia de la augusta majestad de nuestra adorable religión.” Como siempre, buscando encubrir sus fechorías con el manto de la religión, buen número de chicotazos se hubieran llevado en otros tiempos esos fulanos por su calidad de mercenarios.

Tras de aquella bendición, la multitud se retiro y salió corriendo por las calles de la ciudad de México mientras gritaba vivas a Carlota, ante lo cual algunas damas desveladas se asomaban a los balcones para repetir las aclamaciones o bien lanzarles flores, en eso de la abyección eran plenamente incluyentes. Volvamos a Puebla al dia siguiente.

Maximiliano y Carlota hicieron saber que el primero donaba mil pesos para los hospitales y pobres de la ciudad y la segunda, un dia antes, había dado siete mil pesos para “la reposición del hospicio.” Pero no todo era repartir fiducia, era necesario alimentar egos y fue anunciado que Maximiliano había otorgado nombramientos. “Gran Cruz de la Orden de Guadalupe, general D. Mariano Salas: Grandes Oficiales, generales Brincourt y De Maussion: Comendadores, Sres. D. Fernando Pardo, Prefecto político; D. Antonio Suarez Peredo, Conde del Valle; Ulmo. Sr. Colina, Obispo de Puebla. Oficiales, Sres. D. Juan E. de Uñarte, Prefecto municipal dé Puebla, y D. Manuel Marchena, secretario de la Prefectura política: Caballeros, Sres. D. Mariano Rivadeneyra, profesor de medicina, y Lic. D. José Antonio Marín.” En el sector femenino, Carlota “nombró Damas de Palacio a las Sras. D. Guadalupe Osio de Pardo y D. Josefa Almendaro de Velasco.” Al menos, en Puebla, aseguraba lacayos. 

El 8 de junio se fueron a visitar Cholula y el 9 emprendieron el viaje hacia la ciudad de México en donde, enterados de lo acontecido en Puebla, estaban dispuestos a superar la abyección, sobre ello comentaremos la semana próxima. [email protected]

Añadido (22.30.80) El 27 de abril de 2013, encontramos la reproducción de nuestro artículo “La educación y la libertad “publicado en la página electrónica www.eldiariodetaxco.com. Dado que desconocíamos como había llegado ahí, inmediatamente buscamos quien era el editor y nos dirigimos a él.  Por respuesta, recibimos un escrito franco y directo, lo cual lejos de incomodarnos nos agradó y desde ese momento, semana a semana hasta diciembre de 2016, le remitíamos para publicación nuestros escritos. Posteriormente, a partir de 2017, lo seguimos haciendo en www.guerrerohabla.com hasta el 14 de mayo de este año cuando apareció “Preguntas sobre el general Ángeles Ramírez para las cuales no encontramos respuesta.” De pronto, nos encontramos con que la página permanecía sin movimiento, ni recibíamos respuesta a nuestros correos.  Queríamos suponer que eran asuntos técnicos y nada que tuviera que ver con la salud del editor de la página. Tras de “googlearlo” durante varios días sin encontrar ninguna información respecto a él, el 4 de junio, nos topamos con la noticia poco grata de que un día antes había partido a su cita con el Gran Arquitecto. No tuvimos oportunidad de conocerlo personalmente. Sin embargo, durante el tiempo en que mantuvimos comunicación electrónica, siempre prevaleció entre nosotros la franqueza. Cuando surgían divergencias en algunos puntos de vista, nos decíamos las cosas tal cual, y nadie se sentía ofendido, algo que en estos tiempos es ya muy difícil de encontrar. Nos quedamos con un recuerdo grato y el agradecimiento hacia quien nos permitió que en las páginas por él dirigidas aparecieran nuestros escritos.  Vaya un abrazo solidario para la familia del periodista honesto, leal y franco que fue don José Arroyo Reyes. 

Añadido (22.30.81) Para estar acorde con los tiempos, el PRI no podía quedarse sin tener su propia 4-T. Por supuesto que cumple con el requisito de la inclusión al estar integrada por una renegada y tres cuatreros quienes, sin rubor, portan en sus dorsales la T que nada tiene de transformación…

Añadido (22.30.82) ¿Por qué en lugar de andar queriendo mostrar a los médicos especialistas como unos egoístas sin sentido social, no nos dicen cuáles son las condiciones de seguridad y con qué tipo de infraestructura se cuenta en cada uno de los sitios a los que se les propone vayan a trabajar? Eso de pensar que es suficiente contar con la buena voluntad de un médico “armado” de un maletín en donde vayan un estetoscopio, una botella de alcohol, un bisturí, un paquete de algodón, unas gasas, una jeringa, un abatelenguas y un pomo con píldoras es propio de quienes confunden el orden de los numerales, estamos en el Siglo XXI, no en el XIX.

Añadido (22.30.83) ¿Por qué razón, los medios de comunicación no han reportado que durante esta semana las oficinas centrales de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural fueron cerradas por los trabajadores quienes demandan un aumento salarial?

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