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Agencias
Publicado el sábado, 30 de abril del 2016 a las 23:08
El Debate | Guasave, Sinaloa.- Se dice que el trabajo para los niños está prohibido, sin embargo en el campo hay realidades que no pueden ocultarse, tan es así que de acuerdo con estadísticas, a propósito del Día del Niño, al 2013, según el Inegi, en Sinaloa la tasa de ocupación de la población de 5 a 17 años fue de 9.5 por ciento, que corresponde a 70 mil niños, niñas y adolescentes que realizan alguna actividad económica.
De acuerdo con el documento que emite el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática y datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, durante 2014 unos 429 mil menores de 18 años estaba en situación de pobreza multidimensional; es decir, no se alcanza para tener los satisfactores necesarios para su desarrollo.
La mayoría de esa cifra, el 87.2 por ciento reside en hogares donde se presenta una pobreza moderada, y unos 55 mil están en pobreza extrema.
Esas son las cifras del Inegi, pero en el terreno de la realidad se escriben muchas historias que bien pueden desgarrar los sentimientos a cualquier persona.
Los hay -niños- de Sinaloa o de estados como Chihuahua, Oaxaca o Guerrero, desde donde se desplazan a los campos hortícolas de Sinaloa a buscar trabajo. Ellos son parte de esa movilidad humana que busca sobrevivir en los galerones o rentando en cuarterías de comunidades urbanas del norte de Sinaloa.
En los campos se tejen muchas historias empañadas por la marginación, pobreza, ignorancia, explotación infantil y abandono, como es el caso de Juana Urías, una mujer que creció entre los campos, privada de la educación y que hoy está a punto de perder a su hija de un año de edad por presentar desnutrición.
Juana, quien es originaria del estado de Chihuahua, llegó a tierras sinaloenses a trabajar en la recolección de papa.
Durante su estancia de casi cinco meses, el DIF Guasave le ha quitado a la menor en dos ocasiones por abandono, al no tener con quién dejar a su pequeña mientras realiza la jornada de ocho horas en el campo.
“La niña tenía hambre y la tenía que dejar sola para irme a trabajar, pero yo me voy a regresar y quiero llevármela conmigo, yo no tenía con quién dejarla.” expresó entre dientes y sollozando Juana.
La pequeña Loúrdes, como es llamada entre las trabajadoras de la Casa-Hogar del Rosario, donde permanece desde el 5 de abril, ha cobrado peso, su piel ha cambiado, recibe atención y cuidados que en el galerón 27, donde vivía junto a su mamá en Juan José Ríos, no tenía, y de no haber sido rescatada existía la posibilidad de que hubiera perdido la vida por desnutrición, según lo dicho por el procurador.
Juana, quien se dice madre soltera, desconoce su fecha de nacimiento y por consecuente la edad que tiene, no sabe leer ni escribir e ignora otros datos personales de ella y su hija, pero pese a su ignorancia su instinto maternal la hace permanecer por horas afuera de las instalaciones del DIF en busca de un apoyo para que la ayuden a recuperar a su pequeña de un año, la que aparenta ser de sólo meses.
Junto a la pequeña Loúrdes se rescató a Francisco, de entre cinco y ocho meses, quien presentaba uno de los oídos reventados, por lo que recibió atención médica y ahora se ve con mucha energía, pues su estado de salud es favorable.
Los dos buscan ser recuperados, por lo que desde el lunes se presentaron ante el Ministerio Público a dar su declaración y será en los próximos días cuando se determine si los integrarán de nuevo con sus familiares.
En los campos hortícolas del norte de Sinaloa se realizan operativos para que no se tengan a menores trabajando, sobre todo porque pudiera ser uno de los motivos para el dumping del tomate, asegura José Luis Sánchez, director de Vialidad en Guasave.
Acepta que en la actual temporada que está por concluir pudo haber menores trabajando en algunos campos, pero los transportistas saben a lo que se arriesgan en caso de que los trasladen.
“Yo no traslado niños al campo”, dicen en las unidades que prestan el servicio de jornaleros, pero esa limitación provoca otro fenómeno, pues en las cuarterías de comunidades suburbanas crecen los menores sin ninguna protección, ejemplo de ello es el caso de Juana, narrada en párrafos anteriores.
Las zonas en donde hay realidades más crudas es en el área de Ruiz Cortines, donde hay cuarterías que son rentadas a familias que vienen del sur del país y que no son alojadas en los campos hortícolas.
Los datos estadísticos muestran realidades, sin embargo, como lo destaca el documento del Inegi, en el proceso de desarrollo para poder llegar a la edad adulta los menores antes estarán expuestos a la po-breza en la que viven, a la marginación, discapacidad, violencia intrafamiliar o el trabajo infantil, que, pese a los esfuerzos por erradicarlo, se sigue registrando.
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