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¿Podemos confiar en las galletas?

Por Vanessa Rubio

Hace 6 años

Una de las grandes transformaciones del siglo XX que ha modificado estructuralmente el mundo de hoy es la digitalización. Para millones de mexicanos esta realidad aplica: dependientes ya, para el trabajo e interacciones sociales de la tecnología, el encierro lo ha exacerbado. El teléfono celular, la computadora, suscripciones a sitios noticiosos o de distintas formas de pertenencia, expresión o relaciones humanas. Hemos pasado de un mundo sustancialmente virtual, a uno plenamente virtual. Reuniones de trabajo, con familiares, con amigos, o foros de manera remota. Zoom, Webex, BlueJeans, Teams ingresaron a nuestro vocabulario cotidiano y desde luego continúan Google, YouTube, Twitter, Facebook, Instagram, Snapchat y más. Las noticias, la información y la interacción, a partir de distintos sitios en las redes sociales. En todas ellas, cuando entramos a un nuevo programa, plataforma o página, suelen aparecer anuncios que, para permitirte ingresar te preguntan “algo” a lo que si respondes “ok”, puedes seguir viendo o leyendo. Ese “disclaimer” o descarga de responsabilidad, dice palabras más o menos, que “su sitio usa “cookies” o galletas para hacer su experiencia mejor. Si utiliza o continúa navegando este sitio significa que acepta esto. Si quiere información detallada sobre el uso de galletas en este sitio puede hacer click aquí”. El concepto de “galletas” fue acuñado por el programador Lou Montully y son pedazos de nuestra información que se comparten a través de esa “autorización” que damos para que sean almacenadas en otro servidor con el fin -en principio- de mejorar nuestra experiencia. Es una autorización para que accedan a información de nuestra computadora o teléfono y puedan saber más de nosotros. ¿Qué nos gusta? ¿Qué buscamos de manera frecuente en las redes? ¿Cuántas veces hemos ingresado a un sitio determinado? ¿Qué idioma o qué navegador utilizamos? Con ellas se hacen perfiles para ofrecernos bienes y servicios para una “experiencia personalizada”. Esa es la parte que se antoja invasiva pero no dañina, salvo cuando las plataformas han tenido fugas, ventas o robo de información. Y no solo están las galletas del sitio al que estamos ingresando, si no aquellas que aparecen con anuncios, pero que son ajenas a él y que representan un riesgo mayor. Antes, las galletas existían sin límites ni regulación, y no fue hasta mayo de 2011 que una Directiva de la Unión Europea exigió que apareciera un recuadro en donde se solicitara autorización expresa del usuario para la visualización y captura de su información vía estos archivos diminutos, lo que se ha convertido en estándar internacional. ¿Mejor que nos pregunten y demos o no nuestra autorización? Sí. Pero hace falta regular lo que se puede y no se puede hacer con dicha información y la manera de garantizar candados de seguridad.

Publicado en El Heraldo de México

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