El movimiento tras el cambio político de mayor calado en el país no se gestó en cuatro años, tiempo que Morena tardó en hacerse con el poder (al PAN le llevó más de seis décadas). El proceso inició hace al menos medio siglo.
Sus fuentes derivan del autoritarismo, la injusticia, los fraudes electorales, la simulación y la impunidad. También del silencio, el cinismo, las complicidades y una corrupción cuyo clímax se alcanzó en el sexenio pasado.
Por primera vez un expresidente podría ser sentado en el banquillo: Peña Nieto, a quien el rechazo social lo sigue a todos lados. Andrés Manuel López Obrador, catalizó el enfado acumulado después de tres intentos de ganar la
Presidencia.
AMLO está muy lejos de pasar a la historia como el mejor Presidente -ha incurrido en errores garrafales– pero sí como el más popular y confiable. Es el único que ha intentado cambiar el modelo económico impuesto por Salinas de Gortari y los organismos
internacionales.
Con el mismo vigor denuncia y afronta a la mafia del poder. “Si abrimos expedientes dejaríamos de limitarnos a buscar chivos expiatorios, como se ha hecho siempre, y tendríamos que empezar con los de mero arriba, tanto del sector público como del sector privado. No habría cárceles suficientes (…)”, dijo en su toma de
posesión.
Entre los detractores del Presidente priva el desaliento y la impotencia por el escaso o nulo efecto de tres años de críticas. “Paradójicamente, la mayoría reprueba los resultados de su gestión cuando se evalúa cada tema por separado, pero positivamente en agregado. La popularidad de AMLO es incuestionable.
“A pesar de que sus cifras de aprobación a mitad de sexenio son comparables con las de presidentes previos, con excepción de Peña, claramente no le han pasado factura por su larga sucesión de errores, mentiras, escándalos y promesas
incumplidas.
“La Presidencia de Joe Biden presenta el caso inverso, menor popularidad a pesar de una recuperación vigorosa que ya remontó la caída por la pandemia, creó 5 millones de empleos este año, casi 200 millones de norteamericanos vacunados (muchos con terceras dosis), y otros logros” (Jorge Suárez-Vélez, Demos la Batalla. Reforma, 11.11.21).
¿Qué explica el fenómeno? Entre otros factores, el agotamiento del bipartidismo PRI-PAN, la nulidad de las alternancias entre ambas fuerzas, la atonía del Estado ante el fortalecimiento de los grupos de poder y la ausencia de una política social apalancada en la Constitución y en el presupuesto.
Otro elemento es de carácter histórico: la falta de democracia marcó a generaciones de mexicanos. Si contra su voluntad pagaron por políticas equivocadas de presidentes a los cuales eligieron, con AMLO, por su legitimidad, todavía son indulgentes. La comunicación y el trato personal del Presidente con sus bases, en las cuales no permea el mensaje de sus opositores, cierran el círculo.
La tercera alternancia en el poder le dio a la coalición del Presidente el control de las cámaras de Diputados y de Senadores para impulsar sus reformas. Con Morena y los demás partidos no llegaron los mejores perfiles, pero la sola exclusión de Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa, Carlos Romero Deschamps y otros caciques liberó al país de la influencia nefasta de expresidente como Salinas de Gortari y Peña Nieto.
El refrendo de la mayoría legislativa en las elecciones intermedias le permitirá a López Obrador avanzar su agenda en la segunda mitad de sexenio como se vio con el presupuesto de 2022. Las embestidas después de la concentración en el Zócalo reflejan impotencia.
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