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Coahuila

Por cuarenta mil dólares adicionales continuarían alquilando su alma “inmaculada”

Por Rodolfo Villarreal Ríos

Hace 4 años

Por cuarenta mil dólares adicionales continuarían alquilando su alma “inmaculada”

Varias han sido las ocasiones en que en este espacio  hemos comentado parcialmente como, durante la invasión del ejército estadounidense a México, en 1847, se suscitó un evento que mostró la calidad moral muy escasa de una cuarteta de fulanos quienes, a cambio de unas monedas, se prestaron para facilitar el paso de aquellos que vinieron a meterse en casa. En esta ocasión, habremos de presentar de manera amplia como se dio el hecho  del que conocemos las consecuencias, pero escasamente se precisa quienes lo generaron, ya sabemos que a algunos narradores les sale lo monaguillo y temen les incrementen la penitencia dominical. Recordando los consejos de nuestros profesores de historia, y para que no vaya a suceder que alguien señale que nuestro escrito es producto de nuestra mente febril, hemos de precisar que la información que presentamos esta contenida en “William R. Manning, editor.  Diplomatic Correspondence of the United States: Inter-American Affairs, 1831 – 1860: Mexico 1831 -1848 (Mid-Year) Volume VIII.” y en “The Diary of James K. Polk during his Presidency: 1845 to 1846 Volume I.” Lo invitamos a que nos acompañe en esta revisión. 

Era el lunes 21 de noviembre de 1846 cuando el entonces secretario de estado de los EUA, James Buchanan, envió una misiva a un ciudadano de nombre Moses Yale Beach. Antes de continuar, permítanos describir a estos personajes. Buchanan era un político con una trayectoria amplia. Representante y senador por Pennsylvania, embajador en Rusia y la Gran Bretaña, y  más tarde, entre 1857 y 1861, se convertiría en el décimo quinto presidente de esa nación siendo, hasta la fecha el único que ha desempeñado el cargo sin estar casado. Por su parte, Beach era un inventor, empresario, editor del “New York Sun” y después fundador de la agencia noticiosa “Associated Press,” además de ser el creador de la prensa sindicada hasta terminar sus días convertido en fliantropo. Con toda certeza, usted amable lector se ha de continuar preguntando y ¿en donde aparece México en la vida de esos dos personajes? La respuesta viene a continuación.

En la carta, Buchanan le indicaba a Beach que el presidente, James Knox Polk, se había “enterado que viajaría a México con motivo de negocios personales, y teniendo amplia confianza en su patriotismo, habilidad y discreción, ha considerado adecuado nombrarlo agente confidencial en la Republica de México.” Lo que sigue, por favor, mantenga la seriedad. En el texto, se leía: “usted está consiente de que el presidente [Polk] ha recurrido a todos los medios honorables para evitar la guerra actual, y aun cuando la ha mantenido con todo el vigor, desde el inicio se ha mostrado ansioso de que se logre la paz en términos honorables y justos.” ¿Habrá alguien quien podría creer falacia semejante? Polk fue quien dio comienzo a la reyerta sin motivo alguno al grado de que un, entonces, oscuro Representante por el estado de Illinois, cuyo nombre era  Abraham Lincoln, la calificó, en enero de 1848, de “injusta e inconstitucional.” Pero, retornemos al texto de Buchanan quien le enfatizaba a Beach se sabia como él albergaba los mismos sentimientos pacifistas (¡!) del presidente, algo que debería de hacer prevalecer en su comportamiento y conversaciones con los mexicanos. Asimismo, le recalcaba que “la encomienda que se le ha asignado es muy delicada e importante cuyo desempeño requiere se realice con toda la prudencia y precaución requeridas. Nunca debe de hacer la más mínima insinuación, directa o indirectamente, a ninguna persona acerca de que usted es agente de este gobierno… Usted transmitirá a este departamento, tan frecuentemente como las oportunidades que se presenten sean seguras, toda la información que logre obtener. Si usted tiene que darnos a conocer  información muy importante, ésta la enviará a través del cónsul en México, [ John Black], quien la trasmitirá al comandante de las fuerzas navales en Veracruz, [el comodoro David Conner] que las transmitirá sin duda a Pensacola.” Todo eso era logística, pero requería lubricante para movilizarse y este tenía que verse reflejado en metálico constante y sonante. En ese contexto, Buchanan le mencionaba: “Su compensación será de seis dólares diarios desde el momento en que usted salga de los Estados Unidos hasta el dia en que regrese; usted cubrirá los gastos de su viaje y los otros que impliquen la estadía en México, debiendo de guardar los recibos, cuando sea factible obtenerlos, sin que hacerlo implique descubrir el carácter de  su misión. Para facilitar el reembolso de sus gastos, sería conveniente que regularmente nos lo hiciera saber para realizar la cobertura correspondiente.” Lo que Buchanan no mencionó es hasta cuanto podía llegar el monto de los gastos que como se vería después fue cuantioso. Con la encomienda en la buchaca, Beach procedió en consecuencia y pronto se mostró que su misión resultaría un éxito, sobraban colaboracionistas de esos que en la incorrección política llamamos traidores.

Para el 6 de marzo, el cónsul Black informaba a Buchanan que el 27 de febrero había estallado una rebelión en contra del gobierno, encabezado por Valentín Gómez Farias, misma que era encabezada por el general Matías De La Peña y Barragán, esta reyerta es la que conocemos como la rebelión de los polkos. No sabemos si por ignorancia real o por tratar de aparecer como paloma inocente, Black mencionaba que “no podía entender como esta gente, [los mexicanos], no podían refrenarse de involucrarse en guerras civiles y destruirse unos a otros…” A que “Juanito” tan inocente. Tal vez por eso, el 25 de abril, le comunicaba a su superior que el gobierno mexicano lo había expulsado vía Tampico. Así, quedaba cancelado el canal de comunicación que le había sido asignado a Beach quien si bien no reportaba al momento no se detenía en implantar las operaciones que le fueron encomendadas.

El reporte sobre lo que Beach realizó en México fue enviado por este, el 4 de junio de 1847, a Buchanan quien lo recibió el 12 de julio. Para abrir boca, Beach mencionaba: “…es un acto de justicia reconocer lo importante que ha sido para ganarse la confianza del clero de ese país los consejos y las cartas de recomendación que me han dado los jerarcas de la iglesia católica en los Estados Unidos y Cuba…” Este colaboracionismo no era fortuito, detrás tenía el trabajo de otros.  Tomando en cuenta la gran influencia de la Iglesia Católica sobre la población mexicana, el presidente Polk se reunió, el 19 y 20 de mayo de 1846, con los obispos de New York, John Hughes, y de Missouri, Peter Richard Kenrick, para pedirles su ayuda.  Polk les aseguró que el gobierno estadounidense no tenía planes de restringir o atacar el catolicismo en México. El presidente estadounidense también expresó sus intenciones de contratar a algunos sacerdotes católicos como capellanes del ejército estadounidense. El obispo Hughes respondió positivamente a la idea de Polk y agregó que conocía personalmente al arzobispo de México y que estaba dispuesto a visitar México si el gobierno de los Estados Unidos lo consideraba útil. [Aquí cabe mencionar que tal vez Hughes aun no se enteraba de que 19 días antes, el 30 de abril, el arzobispo Manuel Posada y Garduño había fallecido.] Después de visitar al secretario de guerra, [William Learned Marcy], el obispo Kenrick fue a informarle a Polk que él mismo determinaría el número de sacerdotes que acompañarían al ejército. Polk estuvo de acuerdo y expresó la esperanza de que la decisión de Kenricks dé confianza a los sacerdotes mexicanos para obtener su ayuda. Una vez precisado el origen del apoyo, continuemos con el reporte de Beach.

Mencionaba que arribó al país en Veracruz de donde se dirigió, vía Jalapa y Puebla, a la Ciudad de México, no sin antes haber estado detenido durante tres días bajo los cargos de ser un espía. Sin embargo, fue capaz de convencer a las autoridades de que el objeto de su visita era entablar negociaciones para que se construyera un canal interoceánico a través del istmo de Tehuantepec. Una vez ya en la capital, supo acercarse y ganarse la confianza del presidente Gómez Farías  y los lideres de su partido a quienes presentó un proyecto para establecer un Banco Nacional. Al mismo tiempo, entabló negociaciones con los amigos de López De Santa Anna en lo concerniente al canal referido, algo que les interesó mucho. No había duda de que Moses desempeñaba bien el encargo, pero aun le faltaba otro eslabón.

Pronto, se percató que tanto amigos como enemigos de López estaban ansiosos de que la guerra continuara, cada uno esperando confirmar su poder a expensas de su rival y de la iglesia. “Tanto el alto clero, así como los integrantes de todas las ordenes religiosas, estaban de acuerdo en que continuaran las hostilidades como un medio para terminar con el despotismo militar que estaba acabando tanto con la iglesia como con la gente.” Lo que sigue es una muestra del poder de per$ua$ión que Beach poseía. Menciona que cuando llegó a México se encontró con que los obispos más importantes habían acordado apoyar a López De Santa Anna. Ante ello, no solamente los convenció de cuan peligroso era ayudar a ese sujeto en contra de los Estados Unidos, sino que los indujo para que fueran a traer al mensajero que habían despachado  al campo de López para que le entregara unas ofertas cuyo contenido era liberal. Como muestra de que su propuesta era real, Beach “les prometió que, como muestra de la buena voluntad, su gobierno se comprometía a proteger la  libertad y propiedades de la iglesia.” Al escuchar esto último, apareció el espíritu siempre desinteresado de los miembros de la curia para quienes los bienes terrenales no tienen ningun valor, mientras no estén en sus manos. En la palabras de Beach, “gracias a la intervención del superior de la Orden de San Vicente de Paul, [no podríamos especificar cual de los dos sacerdotes era sí Buenaventura Armengol o Ramón Sanz, aun cuando nos inclinamos que haya sido este último] no me fue difícil persuadir,  a los influyentes obispos de Puebla [Francisco Pablo Vázquez y Sánchez Vizcaíno], de Guadalupe [asumimos que se trataba de Juan Manuel Irisarri y Peralta pues el arzobispado de México estuvo vacante hasta 1850], y de Michoacán, [ Juan Cayetano Gómez-Portugal y Solís] para que recibieran ayuda directa o indirecta que permitiera continuar con las hostilidades; estoy seguro en que todo lo que les extrajeron o el hecho de ceder parte del tesoro del arzobispado de México fue logrado mediante el uso de la fuerza. Ellos, me prometieron que, en el Congreso, sus amigos más confiables abogarían por la paz en el momento adecuado, mientras tanto, frustrarían y paralizarían las medidas de buena fe que propusiera el partido de la guerra; y tengo muchos motivos para creer que lo hicieron con gran efecto durante las reuniones secretas de febrero y parte de marzo.” Orgulloso de sus acciones, Beach continuaba el relato de cómo, tras bambalinas, había armado la “rebelión de los polkos.” 

Al momento en que el gobierno mexicano quiso recaudar fondos vía la venta de algunas propiedades de la iglesia, Beach aseguraba que “los alentó a organizar la resistencia. Estuvieron de acuerdo y al momento en que el general [ Winfield] Scott desembarcó en Veracruz, ellos [los curas] le hicieron uno de los favores mayores al soliviantar con mayor intensidad las rebeliones en la Capital, Puebla y en cierto grado en Michoacán. Ello implicó que el gobierno mexicano tuviera que emplear durante veintitrés días, en la Ciudad de México, cinco mil hombres, así como todas las armas y municiones  de que disponía; eso evitó que se pudiera dar ayuda a las fuerzas mexicanas en Veracruz que trataban  de detener al invasor, fortalecer la ciudad de Puebla  o las fortalezas cercanas a la costa.” Pero, como dicen por ahí, los ensotanados una vez que se les abren las arcas, “no tienen llenadera” y al decimo dia de la rebelión le fueron a decir a Beach que las almas incorruptas “del clero requerían cuarenta mil dólares  adicionales para continuar la batalla por una semana más y que eso debería pagárseles  dado que la crisis justificaba el desembolso. En eso influía el hecho de que el general Scott había terminado de desembarcar su artillería  en Veracruz, y tendría que permanecer ahí por un tiempo. Ante ello, consideré que casi cualquier desembolso sería justificado.”  Ya se percataba Beach con la clase de fulanos que trataba, nada de almas pías, eran una partida de negociantes apátridas a quienes lo único que les importaba era el poder y la riqueza, ellos respondían al llamado que les enviaban de Roma. Sin embargo, esto no canceló las buenas relaciones entre esos querubines y el espía quien informaba que “la rebelión se mantuvo hasta el momento en que el general [López De] Santa Anna hizo su aparición repentina y concluyó con el motín.”  Tras de esto, Beach “envió, el diez de marzo, un mensajero al general Scott informándole acerca de la buena voluntad del clero, así como toda la información necesaria que requería para ser utilizada como una guia al dirigirse a la Capital.” Lo que sigue en el informe de Beach es solamente una parte de lo que los Estados Unidos ambicionaban obtener como resultado de su incursión en México.

Según comenta, ya le había enviado al departamento de estado un borrador de lo que podría ser un tratado de paz cuyos términos ya los había discutido con varios miembros del Congreso mexicano. “Este esquema tenía por base los 26 grados de Latitud Norte para que ahí se estableciera la división de límites entre las dos repúblicas.” Esto significaba, lector amable, que el objetivo inicial era llevarse el territorio ubicado casi tres grados arriba del Trópico de Cáncer o en términos llanos, la “adquisición” se haría, aparte de lo que se llevaron, incluyendo los territorios de Baja California, Baja California Sur, Sinaloa, Sonora, Chihuahua, Durango, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas (solamente hasta el sur de Reynosa).   Pero ahí no paraba el tratado tan bondadoso que se proponía, también, se pedía “la cesión de una franja de seis millas de ancho para establecer una ruta común de correos entre ambas naciones. Asimismo, se proponía  que desde el Golfo de México hasta el Océano Pacifico, en el tramo más conveniente, se construyera un ferrocarril o un canal de navegación, para lo cual los Estados Unidos pagarían quince millones de dólares. Cuando ya, en una sesión secreta, se había decidido que el ferrocarril era el que mayores probabilidades de éxito tendría, se suscitó la aparición de las fuerzas comandas por [López De] Santa Anna y los negociantes hubieron de huir de la ciudad.” Antes de que fueran a descubrir quién fue el financiero de la curia para soliviantar traidores, Beach empacó sus tiliches y presuroso prefirió arrostrar los peligros del camino hacia Tampico antes de que lo pepenaran en la capital mexicana. Así fue como terminó la aventura como espía de Moses Yale Beach quien retornó a los Estados Unidos para continuar con sus negocios periodísticos de los cuales se retiró, en 1857, siendo poseedor de una fortuna amplia que le permitió pasar a convertirse en un filántropo. Mientras tanto, en México, terminaríamos por pagar las consecuencias con la perdida de la  mitad del territorio, en gran parte resultado de la traición de un grupo de apátridas que, como lo impone su linaje (¡!), repetirían el numerito entre 1861 y 1867 cuando estuvieron del lado de otro invasor, en esa ocasión los franceses y un austriaco. Sin embargo, en esa ocasión les falló y tuvieron que cargar con la derrota 

Sí, también, en la perdida de la mitad del territorio tuvieron algo que ver quienes utilizaban el nombre del Gran Arquitecto para obtener beneficios, mientras proclamaban poseer un alma inmaculada misma que tasaban, entonces, entre 30 monedas y cuarenta mil dólares.  [email protected]

Añadido (22.40.149) El economista Sergio Enrique Castro Peña nos preguntó: “¿En tu pueblo cuando se veían aparecer los zopilotes?” A lo cual contestamos: “Al momento en que, en el campo sobre el suelo, había un animal muerto.” Cosas de pueblerinos.

Añadido (22.40.150) Se podrá o no estar de acuerdo con Beatriz Paredes Rangel y Claudia Ruiz Massieu Salinas o con Enrique De La Madrid Cordero, Ildefonso Guajardo Villarreal y José Ángel Gurria Treviño (en estricto orden alfabético, como dijera este último), pero dieron una  muestra muy amplia de que las neuronas les funcionan y conocen la materia. El único argumento que tuvieron para atacarlos fue recurrir a  las tropelías que otros cometieron. A ningun integrante de ese grupo de cinco se le puede acusar de ser un ladrón o carecer de capacidad intelectual. 

Añadido (22.40.151) Lo sucedido con la primera ministra inglesa es el resultado de anteponer las cuotas de género e identidad racial a la hora de designar funcionarios. La regla de oro de la igualdad es que debe de ir acompañada de neuronas, sin ellas el fracaso está asegurado. Ni  la condición provista por la naturaleza, ni el origen étnico  hacen a nadie más o menos docto.

Añadido (22.40.152) Por lo que hemos visto en estos últimos días, nuevamente, no habrá  Serie Mundial. La holgura del uniforme es evidente entre esos quienes, cada vez más, se exhiben como un montón de sobrevaluados que todo quieren terminarlo con un solo toletazo.

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