Este miércoles, poco antes de las 14:00 horas, se cumplieron 21 días de que 10 mineros quedaran atrapados en las inundadas entrañas de la mina El Pinabete. Tres semanas de esfuerzos de las autoridades estatales y federales que han resultado un verdadero fracaso.
Ahora, más de 500 horas después, se analizarán nuevas opciones para recuperar lo que, según las proyecciones más realistas, serán los cuerpos de estos 10 infortunados mineros, ya que nadie, salvo el que se mantenga aferrado a la idea de un milagro, se aventura a asegurar que siguen con vida.
La primera gran apuesta para rescatarlos fue bombear el agua y fracasó. Luego vino lo de inyectar concreto para bloquear las filtraciones, también fracasó, y ahora se exploran nuevas opciones que probablemente también fracasen ante la evidencia de que son miles de metros cúbicos de agua los que impiden cualquier acción concreta y efectiva de recuperación o rescate.
Por dignidad habrán de mantenerse los esfuerzos, por dignidad de las familias que merecen dar sepultura a sus seres queridos, por dignidad de las autoridades que lo único que no se pueden permitir es que El Pinabete se convierta en otro Pasta de Conchos, una fosa común de mineros.
Queda esperar que esta vez sí se registre algún aprendizaje y que se fortalezcan los protocolos de seguridad, y que las autoridades no sean omisas a la hora de supervisar los trabajos en los llamados pocitos, donde miles de hombres rascan las entrañas de la tierra para sacar carbón, el mismo que sirve para aceitar la maquinaria de la corrupción y enriquecer a unos pocos, mientras ellos, los mineros, se juegan literalmente la vida todos los días.
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