Ya viene, prácticamente ya está aquí el tan ansiado fin de semana. Y que viva la fiesta. Vamos a reunirnos, ir a bares, a realizar fiestas en los hogares, rodearnos de familiares y amigos, a brindar, a abrazarnos, a celebrar la vida y lo que la mayoría entiende como su legítimo derecho a hacer lo que le venga en gana.
Que el quehacer político está reducido a una farsa, a un circo del más bajo cuño, en el que las autoridades violan flagrantemente la ley, qué importa.
Que vivimos una suerte de crisis económica que encuentra en la superinflación su expresión más cercana, pues qué importa.
Vamos a celebrar, a reunirnos, tal como lo hemos hecho a lo largo de estos dos años de pandemia, y que el virus le toque a quien le tenga que tocar y que mate al que tenga que matar.
Total, hay que disfrutar tanto como podamos, con todos los riesgos que ello implica. Correcto, que venga el tan ansiado fin y que pase lo que tenga que pasar.
Aun así, valdría la pena recodar el “momento” que vivimos y tal vez alguien, uno solo, la piense dos veces antes de dar rienda suelta a su necesidad de convivir, de divertirse.
Ahí le va, aunque resulte información que a la mayoría, por los hechos, le importe un pepino: en los últimos tres días, del martes a este jueves, se registraron en Coahuila 701 nuevos contagios y el Covid mató a 70 ciudadanos; sí, un índice de letalidad hoy, del 10 por ciento.
Y de estos, en Saltillo, hoy por hoy, el epicentro de la pandemia en el estado, 278 contagios y 23 decesos en solo tres días.
Pero al igual que la crisis económica y el hecho de que el quehacer político sea digno de un espectáculo de carpa, pues paree que a pocos les importa.
Que el quehacer político está reducido a una farsa, a un circo del más bajo cuño, en el que las autoridades violan flagrantemente la ley, qué importa.
Que vivimos una suerte de crisis económica que encuentra en la superinflación su expresión más cercana, pues qué importa.
Vamos a celebrar, a reunirnos, tal como lo hemos hecho a lo largo de estos dos años de pandemia, y que el virus le toque a quien le tenga que tocar y que mate al que tenga que matar.
Total, hay que disfrutar tanto como podamos, con todos los riesgos que ello implica. Correcto, que venga el tan ansiado fin y que pase lo que tenga que pasar.
Aun así, valdría la pena recodar el “momento” que vivimos y tal vez alguien, uno solo, la piense dos veces antes de dar rienda suelta a su necesidad de convivir, de divertirse.
Ahí le va, aunque resulte información que a la mayoría, por los hechos, le importe un pepino: en los últimos tres días, del martes a este jueves, se registraron en Coahuila 701 nuevos contagios y el Covid mató a 70 ciudadanos; sí, un índice de letalidad hoy, del 10 por ciento.
Y de estos, en Saltillo, hoy por hoy, el epicentro de la pandemia en el estado, 278 contagios y 23 decesos en solo tres días.
Pero al igual que la crisis económica y el hecho de que el quehacer político sea digno de un espectáculo de carpa, pues paree que a pocos les importa.
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