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Coahuila

Porno sound

Por Elia Martínez Rodarte

Hace 4 años

La verdad es que debido a la pandemia y a como quedé, muchos de mis rituales han cambiado. Por la necesidad de comunicación tuve que acostumbrarme a usar unos audífonos, por respeto al entorno de las demás personas también.

El asunto con esto es que ahora uso los audífonos todo el tiempo, porque me han dado la excusa perfecta para no hablar con nadie. Eso me parece estupendo porque mientras yo escucho música o el radio o lo que sea, no tengo que atender a nadie y se supone que la gente no me debe de molestar cuando están junto a mí.

Lo que nadie sabe es que soy lo suficiente freak como para también usar los audífonos y no estar escuchando nada en particular, sino solo el perfecto silencio que, la verdad, lo prefiero mil veces a cualquier cacofonía de lo cotidiano. Para el tipo de trabajo que hago también es muy útil porque debo leer y escribir, lo cual es mi trabajo de toda la vida.

Pero en donde quiero implicarles querido público, es que he conseguido gozar de los placeres del sexo sonoro de la pornografía, porque yo siempre fui de esas personas que ponía en mute el porno, por un pudor saltillense, porque convivía con otras personas, pero porque especialmente me molestaban los gemidos y los ayes del sexo y de la actividad sexual de la pornografía.

En aquel entonces pensaba en lo chafa que se escuchaba y veía la actuación bastante maleta de las personas de la pornografía. Mi idea sobre el porno está muy vapuleada, entonces, al escuchar nuevamente en la privacidad de mis audífonos, la sonoridad de la pornografía, me hace recordar por qué no escuchaba esos sonidos. Es demasiada fingición innecesaria y mucho grito. Eso me altera.

Les conté que me quedé traumada de los gritos muy fuertes, que yo en un tiempo también emitía, ay no entiendo, pero con un novio que tuve era una cosa tremenda cuando terminaba, porque realmente parecía una ambulancia. Gritaba muy fuerte, mucho muy fuerte, onda de pena con los vecinos, y para rematar con polka decía mi nombre, como si no fuera suficiente el concierto. Mi teoría es que sus eyaculaciones eran un tanto febles, por eso se manifestaba de esa forma grandilocuente.

La pornografía ciertamente es una performance cuyo peso recae en lo que se muestra, más que en cómo suenan los gemidos. Pero hay otros sonidos que, en muchas formas, no se pueden actuar tanto y eso es muy interesante. Una felación y cómo suena, no es fácil de actuar, en especial las que ya tienen su estilo personal de mamación. Los fluidos de la vagina, que hacen chacualeo constante porque se manifiestan de cierta forma, suenan de una manera peculiar. Curiosamente en el porno no vemos tanto situaciones como la llamada flatulencia vaginal, que no lo es. Solo es una acumulación de humedad y aire en la vagina. Entonces suena como un pedo. Pero no hay gases involucrados.

Aun no he decidido si voy a ver toda mi porno con ayuda auditiva, pero no me convence mucho el gemido y el bufido de la pornografía, me parece falso, mamila, fingido, no me gusta que además en la actividad sexual parezca un conversatorio. En el porno la banda se deshace en diálogos innecesarios, pero en realidad solo nos interesa el obligado coito. Hablan demasiado, expresan su placer muy exagerado, al grado de que nadie les cree nada, y aunque a muchos les parezca sexy, para mí no es un detonante de la excitación.

Además, hay que ser claros respecto al ruido en la actividad sexual: todos los sonidos que el cuerpo emita son parte de la diversidad de sus expresiones y no hay cosas raras que este manifieste, por ello hay que abrazar nuestros ruidos. Tampoco es obligatorio hacer ruido, o gemir de cierta forma, o hablar como en la pornografía. Un amigo mío me contó que su novia le pedía que le hablara en inglés durante el coito y que le dijera: oh sí, fuck me baby… Aburrido hasta el rascacielos de lo aburrido.

Los sonidos que expresamos durante la actividad sexual también son parte de nuestra expresión y no debemos avergonzarnos. Gritoncito está bien y hasta da envidia.

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