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Coahuila

Portada de infamia

Por Lizbeth Ogazón Nava

Hace 2 años

“El triunfo de un ideal moral se logra por los mismos medios inmorales que cualquier triunfo: la violencia, la mentira, la difamación y la injusticia.” Nietzsche

 

La comunidad judía, políticos y académicos se manifestaron en contra de la portada de la revista Siempre número 3678 donde se mostraba una silueta de la doctora Claudia Sheinbaum, coronada por una banda de swásticas emblemas del régimen nazi fascista.

Este símbolo, particularmente odiado por los judíos, la izquierda y las minorías fue utilizado por la revista que dirige la periodista, y también militante priista Beatriz Pagés.

Y aún cuando la portada fue sustituida por una rosa blanca, la expresión ya estaba hecha.

Este tipo de expresiones se vuelve cada vez más común en el lenguaje político que ha llegado a corromper tanto la calidad ética del mensaje como a los agentes que intervienen en su producción.

Es frecuente encontrar en los programas de opinión, difundidos por los medios de comunicación, intervenciones de políticos que califican a sus adversarios, dentro o fuera de sus partidos, de manera irresponsable y carente de cualquier sentido ético; y es que los actores políticos en principio deberían asumir la responsabilidad de su dicho y limitarlo a determinado nivel deontológico acorde con los objetivos que se buscan.

Lo primero es que sea verdadero, este límite ético debe sustentarse con datos cuantitativos de ser posible, y si esto no es así, tendría que probarse por los distintos medios que ofrecen los sistemas de justicia, independientemente de la opinión y del grado de convencimiento que tenga el emisor de las ideas que expresa, debería tener también un absoluto respeto por el adversario, que califique su actividad política, la evalúe y hasta la critique, pero jamás vaya hacia la calidad moral sin ninguna prueba.

Todo juicio sobre la honestidad de la adversario debe estar acompañado de los documentos que acrediten el dicho, la duda no explícita constituye una infamia y una cobardía. Esta práctica también es empleada en los proceso internos de los partidos.

En el caso de la izquierda para darse oportunidad de llevar a cabo la denostacion infame, se niega primero la cualidad de camarada a la compañera o compañero que se pretende injuriar y de esta forma de una manera falaz soportar el argumento en la categoría que empleaba Carl Schmitt sobre el enemigo ya que al adquirir tal condición el ser humano era privado de cualquier consideración en su derecho.

La normatividad electoral y los estatutos de cada instituto político, han sido, hasta el momento, los únicos instrumentos que permiten frenar los excesos de la argumentación política, inmoral; sin embargo, cada vez estamos construyendo espacios sociales, a través de la expresión colectiva que nos permitan obligar a los actores políticos a conducirse dentro de la racionalidad ética.

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