El inaceptable y lamentable asesinato de George Floyd a manos de un policía en el vecindario de Powderhorn en Mineápolis ha levantado olas de indignación y protestas en el mundo en contra del abuso de la autoridad y la discriminación. Desafortunadamente, ambos fenómenos son mucho más comunes de lo que conocemos o aceptamos, pero deberíamos aprovechar que se ha prendido una nueva llama de esperanza para generar conciencia global de la necesidad de evidenciar de manera sistemática; reprobar socialmente; y castigar conforme a derecho la lamentable discriminación enraizada en la educación y la cultura. Recordé una conversación con un grupo de amigos estadounidenses mientras estudiábamos la Maestría en Londres en los ‘90. Una noche estábamos trabajando en conjunto y una de ellas me dijo de manera muy natural y abrupta: “Vanessa tu no te ves muy mexicana”. Y le contesté también de manera natural: “¿No? ¿Y por qué crees eso? ¿Cómo se ve un mexicano? Y me contestó: “La piel más obscura y los rasgos mas….¿cómo te diré……?” A penas en ese momento noté que pasaba de ser casual a tratar de cuidar sus palabras para ser políticamente correcta. Y la interrumpí y le dije “¿con rasgos más indígenas quieres decir?” Y me contestó “si, exacto”. Le dije, “así como Estados Unidos, y supongo casi todos los países del mundo a estas alturas, México es un “melting pot” o crisol de culturas y estamos conformados racialmente por una mezcla de indígenas, europeos (principal pero no exclusivamente españoles), asiáticos, negros….”. Y ahí me interrumpió “¿Negros en México?” “Si claro, afromexicanos principalmente en Veracruz, Guerrero, Oaxaca que llegaron de África subsahariana traídos por los españoles como esclavos y en el estado de Coahuila en el norte del país donde hubo otra ola de inmigrantes de Estados Unidos que huían de la esclavitud a mediados del siglo XIX. Somos un país diverso, pero si me preguntas, la mayoría tenemos ascendencia indígena, unos más que otros, según se fueron dando las combinaciones raciales por fenómenos como la conquista, el imperio y guerras en otros países donde México acogió a extranjeros.” Es momento de que en nuestro país, lejos de divisionismos absurdos y peligrosos, reflexionemos sobre los estereotipos raciales con los que crecemos, y que se van convirtiendo en elementos de discriminación social, laboral, educativa y limitante para el pleno ejercicio de derechos como la alimentación, la salud, la educación, el empleo, la vivienda y servicios financieros, todos los cuales se convierten en determinantes del desarrollo individual y colectivo. El año pasado dimos un paso importante en el Senado al aprobar una reforma constitucional, a la cual me adherí, para reconocer a los pueblos y comunidades afromexicanas como parte del estado pluricultural mexicano. Abracemos nuestra riqueza y diversidad, y olvidémonos de maniqueísmos y reduccionismos que cada vez nos alejan más de la igualdad y la paz a la que todos aspiramos.
Publicado en El Heraldo de México
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