Espectáculos
Por
@Frank Estrada
Publicado el viernes, 5 de diciembre del 2008 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Compuesto por Tchaikovski en una época sombría, “El Cascanueces” refleja la felicidad que propone una época que no para todos es feliz y que ya se ha convertido en el relato dancístico de tradición en estas fiestas.
Narrado con el lenguaje singular de la música y el movimiento, el de la música que rebota en el cuerpo, cada paso o vuelo expresa la emoción de Clara, protagonista del relato, al sumergirse en un mundo alegre en el que los juguetes cobran vida y abren ventanas a realidades fascinantes.
El taller coreográfico de la Universidad Autónoma de Coahuila logró abrir dichas ventanas con una puesta sencilla pero efectiva, una ejecución bien lograda y un vestuario de primera, en una versión resumida de “El Cascanueces”.
Ligeras variantes
La puesta, realizada en el Paraninfo del Ateneo Fuente, ofreció algunas variantes al libreto original de Marius Petipa y Lev Ivanov para poder presentar otras modalidades de danza luego de la escena en la que el Cascanueces derrota al Rey Ratón.
Así, en este segmento se realizó una muestra de danza hindú, otra de flamenco, una rusa que se ajustó más a la técnica clásica con trazos de folclor cosaco, mientras que el segmento de supuesta danza china lució más como una tabla gimnástica, pero que tuvo el encanto de la participación de varios pequeños que lucieron sus vuelos muy sincronizados.
Destacaron particularmente la Prima Ballerina en el papel de Clara convertida en Princesa, y el personaje Drosselmeyer, aunque también hubo dos bailarines que arrancaron las palmas, quienes hicieron el papel de una pareja de muñecos, hombre y mujer.
Cascanueces resumido
Hacia el final, tras la derrota del Rey Ratón, en el guión se realiza el viaje hacia el Reino de la Nieve y luego al Reino de los Dulces. El primer destino es uno de los momentos más lúcidos de esta coreografía, sin embargo en la puesta del taller no se efectuó, así como tampoco ocurrió mucho de la segunda escena de la obra original, salvo el momento en que Clara despierta y amanece con su Cascanueces, juguete que le regaló su tío Drosselmeyer.
No obstante, la puesta dejó un grato sabor de boca a todos los presentes, que donaron un juguete para acceder a la obra. Un trabajo lleno de talento y buena técnica, que ratifica los buenos resultados del taller dirigido por Adrián Puig.
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