En 1988 hubo un proyecto de reconstrucción del gran teatro Antonio García Carrillo, inaugurado el 27 de julio de 1910, que se presumía tenía el primer foro con la cúpula más grande de México, antes del Palacio de las Bellas Artes.
El anuncio indicaba que sería restaurado y convertido en un museo de arte. El proyecto correría a cargo de estudiantes de la carrera de arquitectura de la Universidad Autónoma de Coahuila y la obra sería realizada por la Secretaría de Obras Públicas. Era Gobernador estatal Eliseo Mendoza Berrueto.
El edificio fue construido en la época porfiriana. Don Antonio Dávila Ramos, aportó el capital, mientras que el Gobierno del Estado, donó lo terrenos para la edificación del famoso lugar.
Una blasfemia imperdonable acabó con parte del mobiliario y el edificio, tras un incendio, 10 años después de su inauguración, cuando en su escenario los actores recreaban la obra de teatro El Loco Dios. Los fanáticos católicos de la época lo atribuyeron a una injuria a una deidad considerada como sagrada.
La noticia decía que, luego de 60 años de abandono, iniciaría una gran acción reivindicada para proceder remodelar y conservar parte del edificio, inmueble de principios del siglo XX, ubicado en la esquina de las calles Ignacio Allende y Juan Aldama, en el corazón del Centro Histórico que albergaba además del teatro, comercios en la planta baja y departamentos en la parte superior.
El edificio García Carrillo es adquirido por el Ayuntamiento de Saltillo en el periodo del alcalde Luis Horacio Salinas Aguilera, que lo recuperó de manos de distintos dueños.
Pero no fue el Gobernador priista, Eliseo Mendoza, quien restauró el edificio, sino su enemigo político, el Alcalde panista de la ciudad, Rosendo Villarreal Dávila. Durante su Administración llevó a cabo la restauración y rescate del Teatro García Carrillo a finales de los años 90. Gracias a esta obra, se recuperó el inmueble histórico y su fachada para transformarlo en el actual centro cultural.
Sin embargo, el proyecto fue polémico y criticado debido a que parte del financiamiento y las garantías del edificio se manejaron mediante préstamos no autorizados por el Congreso del Estado.
La historia de este emblemático recinto comienza en 1906, cuando el gobernador Miguel Cárdenas impulsó su construcción tras la pérdida del Teatro Acuña, consumido por un incendio en 1902. El encargo fue confiado al empresario Antonio Dávila Ramos y diseñado por el arquitecto franco-canadiense Henri E.M Guidon, quien ideó una estructura moderna para su época, con tecnología de punta y elementos traídos desde Bélgica.
El edificio fue denominado Antonio García Carrillo, en homenaje a este exgobernador de Coahuila.
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