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Publica Fataoumata Kébé El Libro de la Luna, un ensayo sobre el satélite natural de la Tierra

  Por Agencia Reforma

Publicado el martes, 14 de junio del 2022 a las 03:36


La astrofísica francesa Fatoumata Kébé (Montreuil, 1985) limpia la basura espacial.

Ciudad de México.- Es una forma sencilla de explicar su trabajo que, en realidad, implica impedir que los desechos en el espacio, resultado de la actividad humana, destruyan parcial o totalmente los satélites en operación que nos permiten, por ejemplo, disponer de internet y GPS, o que caigan a la Tierra.

En sus conferencias explica que cada vez que es lanzado un cohete al espacio, restos de ese cohete permanecen alrededor de la Tierra junto con viejos satélites en desuso. Pero hoy día, ha expuesto la astrofísica, la principal fuente de basura espacial es resultado de los llamados eventos de fragmentación: la colisión y la explosión.

Se les atribuye a estos eventos la mitad de la basura espacial hoy existente. Quizá para entenderlo, pensemos en dos objetos que al colisionar crean nuevos desperdicios, estos fragmentos a la vez podrían entrar en colisión con otros objetos y así de manera sucesiva en una reacción en cadena.

Incluso, si hoy se dejaran de enviar objetos al espacio, la cantidad de basura seguiría aumentado por esta reacción en cadena.

Entrevistada en la Casa de Francia en su reciente visita a México para asistir a El Aleph Festival de Arte y Ciencia de la UNAM, la científica explica que en su trabajo en una empresa francesa se encarga de simular en computadora esos eventos de fragmentación como parte de una vigilancia del tráfico espacial.

A la joven científica le preocupa detener la contaminación espacial, repara en el impacto negativo de esos objetos al regresar a la Tierra y causar un hoyo en la capa de ozono.

“ También hay que preservar la atmósfera, limitando esos viajes o regresos”, dice la astrofísica, quien dedicó su tesis doctoral en la Universidad de la Sorbona a los desechos espaciales.

ALCANZAR EL ESPACIO

Al crecer en París, una ciudad sin cielo estrellado, la Luna fue su “única estrella”. Al satélite natural de la Tierra dedicó el ensayo El libro de la Luna (Blackie Books), donde con prosa ligera y lenguaje accesible, amplía la mirada más allá de lo científico para abordar la historia, mitos y leyendas alrededor de ella. Incluso, desbarata las patrañas de las teorías conspiracionistas acerca de que nunca se produjo el alunizaje.

En ese libro, ya disponible en español, cuenta cómo el 17 de agosto de 1996 regresó corriendo a su casa después de la escuela, tiró la mochila al suelo y fue directo a prender la televisión porque Claudie Haigneré partía en misión al espacio.

Sin internet entonces ni muchos libros en su casa, fue a la biblioteca para buscar información sobre Haigneré.

“ Había decidido que yo también iría al espacio y necesitaba conocer todos los detalles de su formación para orientar la mía”, escribe.

Descubrió con desilusión que buena parte de los estudios de la primera astronauta francesa estaban centrados en la medicina, algo que nunca le apasionó a Kébé. Ahora, expone en el ensayo, las condiciones son más abiertas, aunque sigue siendo requisito una sólida formación científica universitaria y un mínimo de mil horas de vuelo.

Lo que hizo entonces fue apuntarse a un curso de iniciación a la aeronáutica y dio clases de vuelo sin motor. Durante uno de esos vuelos, se enteró por el monitor que el transbordador Columbia se había desintegrado a su regreso a la Tierra y las misiones se interrumpieron sin que hayan vuelto a reanudarse.

En 2011, el proyecto Columbia se suspendió de forma definitiva. Ella tenía 26 años, a punto de alcanzar la edad recomendada por la Agencia Espacial Europea para ser candidata a astronauta, entre 27 y 47 años. Carecía y carece aún de una licencia de piloto.

Por el momento, sigue con interés las oportunidades de empresas espaciales turísticas como Space X, que en septiembre de 2021 lanzó por primera vez al espacio una misión tripulada por astronautas no profesionales, Inspiration4, que logró llegar más allá de la Estación Espacial Internacional. Aunque, por su costo, resulta prohibitivo.

Pero Kébé no renuncia al sueño de la niñez de alcanzar el espacio y convertirse en una “navegante de las estrellas”.

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