Ya deberíamos estar acostumbrados a esas generosas dotaciones de “tacos de lengua” que nos recetan los que nos gobiernan; ya deberíamos estar acostumbrados también a esa estridencia, a los golpes retóricos, a que todo se “arregla” con frases tronadoras, aunque el discurso poco o nulo impacto tenga en la realidad.
Pero hay algo que simplemente no está bien, no es correcto; que, a fuerza de su repetición, sin que tenga consecuencias, simplemente ya no es tolerable y es el discurso hueco de quienes nos gobiernan.
Todo esto a propósito de los recientes feminicidios en la Ciudad de México que provocaron que una jauría de políticos y gobernantes saliera a reclamar los micrófonos para lanzar contundentes condenas a la violencia contra las mujeres, y a que más de una docena coincidiera en sentenciar que, y cito: “no podemos permitir que se vuelva a asesinar a una mujer”.
Como ciudadanos es lo correcto, condenar los feminicidios, rechazar cualquier expresión de violencia contra las mujeres, pero los personajes que salieron a lanzar estas frases tronadoras son políticos y gobernantes, quienes deberían pasar de las palabras a la acción, y es precisamente lo que no hacen, es lo que nunca hacen… se agotan, siempre, en pura palabrería, y no, la realidad del país no cambia a golpes de retórica.
La realidad del país cambia con acciones concretas, como aumentar la fuerza disuasiva, más y mejor preparados policías. Cambia con un andamiaje de procuración de justicia más sólido y eficaz.
La realidad cambia con políticas públicas que incidan en el núcleo mismo del entramado económico, social y cultural del pueblo, y eso, todo eso, es precisamente lo que no se hace… pero eso sí, para esas megadosis de tacos de lengua resultaron muy, pero muy buenos los que nos gobiernan. Claro, “no podemos permitir que vuelvan a asesinar a una mujer”, sí, ¿y qué hacen para asegurar que la frase no quede en palabras huecas?
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